Nación

Diecinueve personas fueron asesinadas el 30 de mayo, incluyendo un adolescente de 15 años

Orlandito y las víctimas de la masacre del 30 de mayo

Informe del GIEI denuncia “uso letal de armas de fuego” en masacre a la marcha del Día de las Madres Nicaragüenses



Le llamaban de cariño Orlandito. Tenía apenas 15 años y murió asesinado de un disparo certero en el tórax. “¡Me dieron, me dieron!”, fueron sus últimas palabras. Orlando Daniel Aguirre Córdoba es una de las ocho víctimas fatales registradas el 30 de mayo en Managua, en el ataque a la denominada “Madre de todas las marchas”, cuando centenares de miles de nicaragüenses se reunieron en la capital para homenajear a las madres de los hijos asesinados en la represión de abril por la dictadura. Ese día otras madres se sumarían al duelo. En total aquel fatídico 30 de mayo Nicaragua lloró el asesinato de 19 personas. La víctima mortal más joven fue Orlandito.

El adolescente estudiaba la primera y le encantaba el fútbol. También era baterista en la iglesia a la que asistía. En el informe preparado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos independientes (GIEI) de la CIDH que investigó los sucesos de aquel día, se describe a Orlando como un niño que tenía un gran talento musical y que “a pesar de reservado, era muy sociable y alegre”. Y a pesar de ser tan joven no era indolente a la crisis que vivía el país, con decenas de jóvenes asesinados en más de un mes.

Orlando asistió con amigos a la marcha, que comenzó en la céntrica rotonda Jean Paul Genie, donde se reunieron las madres de los jóvenes asesinados desde el 19 de abril, cuando la vicepresidenta Rosario Murillo ordenó a sus más leales operadores a que que reprimieran las protestas que exigían el fin de la dictadura. “¡Vamos con todo!”, fue la orden de la dictadora, según una serie de correos oficiales en poder de CONFIDENCIAL.

“Él fue (a la marcha) con unos muchachos de la iglesia y otras personas adultas, entonces yo me confié porque dije yo ‘no creo que vayan a armar balacera si son las madres que van con su dolor a marchar’, yo nunca esperé que se armara esto pues, ni nunca esperé que mi hijo hubiera sido una de las víctimas más de lo que está sucediendo en nuestro país”, dijo la madre de Orlando, Yadira del Socorro Córdoba.

La madre de todas las marchas

En la rotonda se reunían centenares de nicaragüenses desde las diez de la mañana. Llegaron con sus banderas azul y blanco, en un ambiente festivo a pesar de la tragedia que enluta al país. “¡Qué vivan los estudiantes!”, gritaban. “¡Qué vivan las madres de abril!” La gente se saludaba y abrazaba. Había madres con hijos pequeños, abuelas en sillas de rueda. Jóvenes con sus mascotas también vestidas de azul y blanco. Los Mejía Godoy interpretaron “Ay, Nicaragua, Nicaragüita” como marca para el inicio de la marcha y una masa gigantesca que bailaba al ritmo de chicheros comenzó a avanzar por la Carretera a Masaya. Entre ellos iba Orlandito con sus amigos.

La gigantesca ola azul y blanco recorrió cuatro kilómetros. Avanzaba hacia la Rotonda Rubén Darío en la mayor demostración pacífica de la historia reciente de Nicaragua. A las cinco de la tarde la marcha terminaría frente a la Universidad Centroamericana con un evento cultural, pero antes del cierre comenzaron sonar las balas a 100, 200 metros, en el sector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Los disparos llegaban desde el Estadio Nacional de Beisbol Dennis Martínez. Poco a poco fueron cayendo las víctimas. Entre ellas estaba Orlando. Recibió un disparo en el tórax a las 16:00 horas. “¡Me dieron, me dieron!”, balbuceó.

El informe del GIEI afirma que “relatos atribuyen la muerte de la víctima a la acción de francotiradores, lo que resulta concordante con otros diversos elementos de información que avalan esa hipótesis, que deberá ser investigada adecuadamente”. El adolescente fue trasladado en moto por otros manifestantes hasta el hospital público  Fernando Vélez Paiz, donde falleció a las 18:30. “Sus familiares retiraron el cuerpo del hospital, luego de consentir por escrito que sus restos no fueran llevados al Instituto de Medicina Legal”, afirma el grupo de expertos. El crimen de Orlando sigue en la impunidad.

 

 

Una hora después del disparo mortal contra Orlando, caía asesinado Maycol Cipriano González Hernández, obrero de la construcción y estudiante de inglés. Tenía 34 años. El inglés era para Maycol la llave a una mejor vida. Aprender el idioma significaría posibilidades de un mejor trabajo y un aumento en sus ingresos. El joven, además, tenía otro sueño: construirle una casa a su madre, proyecto al que estaba involucrado con sus hermanos.

Maycol y su familia decidieron apoyar las manifestaciones contra Ortega desde el 21 de abril, cuando el odio de la dictadura los golpeó directamente. Ese día fue asesinado en Ticuantepe su primo Jeyson Antonio Chavarría Urbina. Esa herida abierta hizo que la familia se movilizara el 30 de mayo. El homenaje de cientos de miles de nicaragüenses también era para ellos, sin saber que la muerte los cubriría de nuevo.

Sus últimas horas son descritas de la siguiente manera en el informe del GIEI: “Avanzó en la marcha para llegar al lugar donde se encontraban las Madres de Abril. En el contexto de los incidentes que se generaron en la zona próxima al Estadio Nacional Dennis Martínez y a la UNI, y poco antes de las 17:00 horas, recibió un disparo en el abdomen. Relatos atribuyen la muerte de la víctima a la acción de francotiradores, lo que resulta concordante con otros diversos elementos de información que avalan esa hipótesis, que deberá ser investigada adecuadamente. Un grupo de personas presentes en la protesta lo trasladó Hospital Vivian Pellas, donde llegó aún con vida. Falleció a las 19:12 horas de ese mismo día”. Su asesinato, igual que el de Orlando, sigue en la impunidad.

Media hora más tarde, una bala certera destrozaba el cráneo de Jonathan Eduardo Morazán Meza, de apenas 21 años y estudiante de Diseño Gráfico. “A mí hijo lo asesinaron los paramilitares”, dijo a CONFIDENCIAL su madre, Josefa Esterlina Meza. “Fue un francotirador”, afirmó mientras mostraba a este periodista las radiografías de Jonathan, que muestran la bala alojada en el cerebro.

Aquel 30 de mayo Josefa marchaba al lado de su hijo menor. Jonathan, el mayor, se había adelanto con unos compañeros. A las cinco de la tarde retumbaron los disparos y la gente corrió despavorida. “De ahí salieron un montón de muertos”, dijo Josefa. “Yo corrí hacia la UCA, con mi otro hijo, y llamaba a Jonathan a su teléfono, pero no me respondía. Lo llamaba para que nos juntáramos y nos viniéramos a la casa, pero ya lo habían asesinado los paramilitares”, explicó la mujer. A Jonathan lo trasladaron en una moto y luego lo montaron en una ambulancia para trasladarlo al Hospital Metropolitano. “El disparo fue directamente en el tallo cerebral, directo a matar, fue de un francotirador, porque son tiros certeros. Cuando llegó al hospital ni siquiera pudo dar su nombre. Seguí llamándolo al celular y me respondieron cuando ya estaba internado. Entonces supe que era mi hijo. Me dijeron que estaba herido y pensé que le dispararon en la pierna. Fui con su papá al hospital. Él ya estaba en coma”.

Jonathan era estudiante de la Universidad del Valle y frecuentaba la iglesia mormona Jesucristo de los Últimos Días. El informe del GIEI afirma que no pertenecía a ninguna organización política, “pero se solidarizó con los manifestantes a partir de los hechos vinculados con la Reserva Indio-Maíz y empezó a participar de las protestas”, en referencia a las manifestaciones iniciadas por universitarios a comienzos de abril, como reacción a la negligente respuesta de la dictadura en un incendio de esa reserva, localizada al sur de Nicaragua.

Jonathan, quien había sido trasladado al hospital con otra víctima de la represión –Daniel Josías Reyes, de 25 años– estuvo dos días internado en cuidados intensivo. Falleció el 1 de junio de 2018, a las 10:05 de la mañana, “tras haber sido sometido a diversas intervenciones quirúrgicas”, según el informe del GIEI. Josefa no quiso que se le practicara la autopsia. “No tengo confianza, no quiero que me digan que murió de otra cosa, como ha sucedido con los demás casos de los cientos de jóvenes que han muerto a causa de la represión del Gobierno. Sí me dieron el diagnóstico de los médicos, que establece que él murió por arma de fuego, disparo en la cabeza”, argumentó la madre.

Daniel, por el contrario, no tuve tanta fuerza como Jonathan. El joven murió el 30 de mayo, a las 19:00, tras recibir un disparo en el abdomen. Cursaba el tercer año de Medicina Veterinaria y Zootecnia en la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC). Había asistido a la marcha en compañía de sus amigos. El informe del GIEI lo describe como “un joven reservado, pero que tenía sentido de humor y era afectivo con las personas cercanas a él”. A Daniel le gustaba cocinar y pasar el tiempo con sus mascotas. “Disfrutaba salir con sus amigos y visitar a sus familiares. Había sido militante de la Juventud Sandinista, pero dejó la organización aproximadamente cinco años antes de su muerte”, relata el informe del grupo de expertos.

La bala mortal impactó al joven a las 17:30, en lo más brutal de la represión ordenada ese día por la dictadura. Daniel falleció a causa de una hemorragia masiva interna. El GIEI relata que su familia recibió en julio el título de licenciado del muchacho. “In memorian”. Su asesinato sigue impune.


19 vidas truncadas

*Daniel Ortega enlutó a las madres el 30 de mayo. Estas son las otras víctimas de la masacre.

Además de Orlando, Maycol, Jonathan y Daniel el Día de las Madres fueron asesinadas otras 16 personas en todo el país, en la jornada de horror desatada ese día por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Estos son los nombres de las otras víctimas de aquella masacre.

Francisco Javier Reyes Zapata. 34 años. Comerciante y habitante de Managua. Falleció por un impacto de bala en la cabeza.

Edgar Isaac Guevara Portolbanco. 38 años. Managua. Estudiaba cuarta año de Derecho en la Universidad de las Américas. Falleció de un impacto de bala en el tórax.

Kevin Antonio Coffin Reyes. 22 años. Deportista. Falleció por proyectil de arma de fuego en el tórax.

Heriberto Maudiel Pérez Díaz. 25 años. Obrero. Asesinado por un impacto de bala en el tórax.

Marvin José Meléndez Núñez. 40 años. Chinandega. Empleado municipal. Lesiones en el abdomen y tórax por disparo de arma de fuego.

Juan Alejandro Zepeda Ortiz. 18 años. Chinandega. Estudiante de secundaria. Falleció a causa de un proyectil de arma de fuego en la cabeza.

Ruddy Antonio Hernández Almendárez. 34 años. Chinandega. Obrero de la construcción. El GIEI no pudo determinar las circunstancias de su muerte.

Darwin Alexander Salgado Vílchez. 18 años. Estelí. Empleado de un taller. Falleció por un disparo de arma de fuego en la cabeza.

Dariel Stiven Gutiérrez Ríos. 20 años. La Trinidad. Impacto de proyectil de arma de fuego en la cabeza.

Jairo Antonio Osorio Raudales. La Trinidad. 39 años. Agricultor. Disparo de arma de fuego en el tórax.

Dodanim Jared Castilblanco Blandón. 26 años. Estelí. Estudiante universitario. Impacto de arma de fuego en el tórax.

Cruz Alberto Obregón López. 23 años. Estelí. Estudiante universitario. Sufrió impacto de múltiples proyectiles, la mayoría en el tórax.

Mauricio Ramón López Toruño. Estelí. 42 años. Comerciante. Falleció a causa de un disparo con arma de fuego.

José Manuel Quintero. 28 años. Estelí. El GIEI no pudo constatar las circunstancias de su muerte.

Carlos Manuel Díaz Vásquez. 28 años. Vecino del barrio indígena de Monimbó. Falleció a causa de un impacto de arma de fuego en el tórax.