Política

Ortega y Murillo amenazan con mentira del “golpe de Estado”

"Nos querían muertos a todos, creyeron que enterraban la revolución", dice Murillo; Ortega agrega en preámbulo de amnistía: "Tenemos que perdonar"

El dictador Daniel Ortega intentó levantarle el ánimo a la militancia. El acto era para rendirle homenaje al militante sandinista Bismarck Martínez –asesinado en circunstancias no claras durante las protestas- , pero Ortega lo utilizó para quejarse de la Conferencia Episcopal, de los organismos de derechos humanos y para vender la idea de que los sandinistas que lo apoyan fueron víctimas de persecución durante las protestas de 2018.

Martínez, un extrabajador de la Alcaldía de Managua, fue asesinado, según el Gobierno, en el tranque del Colegio San José en Jinotepe, Carazo. Su cuerpo fue desenterrado la semana pasada, pero desde antes el Gobierno ya lo tenía como un “símbolo” ante sus bases, llamándole “Héroe del Amor y de la Paz”.

Ortega hasta comparó a Martínez con el general Sandino cuando fue asesinado y su cuerpo desaparecido por la Guardia del dictador Somoza, en los años treinta del siglo pasado.

“Pensaron que después de torturarlo de la forma más brutal y cobarde… pensaron que había que desaparecerlo y no podían entender que desde el momento mismo de aquellas imágenes horrendas de la tortura, ya Bismarck estaba para siempre y por siempre en el corazón de todos los nicaragüenses”, dijo triunfalista Ortega, cuya popularidad está en números rojos.

Un dictador erosionado

La más reciente encuesta de la firma CID-Gallup reveló que la evaluación de la labor del comandante Ortega como presidente se ha erosionado mucho. 54% opinó “muy mal y mal” sobre el mandatario, mientras que 24% ni “bien ni mal”, y apenas un 22% “bien”. Se trata de un índice de menos 30% para Ortega.

Además, el 62% de los nicaragüenses considera que deberían haber elecciones adelantadas para mejorar las condiciones del país y superar la crisis sociopolítica iniciada en abril de 2018. Los resultados del sondeo muestran una percepción negativa de la ciudadanía sobre  el contexto actual, y ponen en cuestión la gestión de Daniel Ortega como presidente.

La encuesta se realizó entre el 7 y el 21 de mayo, en 1205 hogares distribuidos en todo el territorio nacional, con un nivel de confianza de 95% y un margen de error de mas menos 2.83%, y puede compararse con otra realizada en el mes de enero.

“Hay una desilusión entre los nicaragüenses. Sienten que están desprotegidos. Incluso los que seguían a Ortega y creían en los ideales del partido, también se sienten así. Ortega ha perdiendo posicionamiento y ese sentimiento de que ayudaba”, afirmó Olda Acuña, presidenta de CID-Gallup. “Antes Ortega salía muy bien porque había mucha ayuda que ahora ya no hay por el problema con Venezuela. El sandinismo está bajando y bajando muy fuerte”.

La encuesta también preguntó sobre la aprobación de la gestión presidencial en general, y los números también son negativos para el orteguismo: 60% la desaprueba.

“Tenemos que perdonar”, dice Ortega

Al acto de homenaje en el Palacio de la Cultura, fueron invitados los familiares de Martínez y los funcionarios más cercanos a Ortega y a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. Se entonaron “canciones revolucionarias” y se pregonó una y otra vez, como consignas, que el “golpe de Estado” fue derrotado y que “no pudieron ni podrán” derrotar, según Ortega, la revolución.

Ortega llamó fascista a los opositores y fue aplaudido por sus simpatizantes en el acto. También se revictimizó, pero mandó un mensaje a sus bases: “No podemos ser vengativos, tenemos que perdonar”, dijo. Su Gobierno, mientras tanto, ha promovido una “ley del perdón” que buscaría una amnistía para absolver los crímenes de su dictadura, bajo el pretexto de liberar a los presos políticos, que a once días del plazo para su liberación continúan sin libertad plena en las cárceles, o bajo régimen de convivencia familiar o casa por cárcel.

Después del discurso de Ortega y de finalizado el homenaje, Murillo también intervino.

“Ellos nos querían muertos a todos, creyeron que enterraban la revolución, no contaban con la fe de nuestro pueblo que cree en Dios”, dijo mirando de frente a la cámara consciente que se dirigía ante una audiencia en un país de mayoría cristiana.

Murillo fue más allá para afianzar lo que le han venido vendiendo a la militancia durante más de un año de crisis: que quienes protestaron contra el Gobierno, querían enterrar la revolución.

“La mayoría de esa gente que quiso enterrar a la Revolución y a los sandinistas y a las mujeres y a hombres honestos, cristianos de nuestro país, no creen en Dios”, dijo la mujer que en los ochenta, durante el primer Gobierno de Ortega, organizó un congreso internacional de brujos.

Murillo anunció que seguirán “denunciando” los que calificó como “crímenes de odio, tratos crueles, humillantes, degradantes, inhumanos y destructivos que promovió y realizó el terrorismo”. Hasta ahora, sin embargo, Ortega y Murillo no han tenido ni una palabra para los cientos de víctimas de su represión oficial, excepto para los 22 de los 325 asesinatos confirmados por organismos internacionales de derechos humanos.

Actualizarán lista de víctimas

Más temprano, en la jornada, la procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos de Nicaragua, Corina Centeno, anunció que actualizarán una lista de las víctimas de la violencia. El Gobierno solo reconoce a 192 muertos en una lista que, sin embargo, nunca ha detallado ni revelado, ignorando más de cien asesinados.

“A nosotros nos corresponde, por mandato de Ley, organizar y actualizar los listados de las víctimas; estamos hablando de tres tipos: de las familias de los fallecidos, de los lesionados, y de los daños materiales que fueron causados a familias”, explicó la funcionaria al Canal 4 de la televisión, de perfil oficialista.

La procuradora adelantó que la mayoría de las víctimas proceden de familias pobres que fueron “manipuladas, engañadas, que salieron lesionados o fallecidos, porque estuvieron en el momento, en el lugar equivocado”, a tono con el discurso oficial que intenta minimizar la rebelión ciudadana que estalló de forma espontánea en abril de 2018.

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