Política

Buses semivacíos, y una plaza holgada para demostrar su fuerza después de la masacre

Daniel Ortega amenaza y después reza por la paz

¿Todos?

Acusa a “los que incitaron a la guerra y ahora incitan a la violencia”, pide un minuto de silencio por las víctimas, pero no se refirió a la represión



A las tres de la tarde, los parlantes instalados en la llamada por el oficialismo Plaza de las Victorias, en Managua, sonaban aquel estribillo con el que el comandante Daniel Ortega se ha dado baños de masas en años anteriores. “Como un chilotito tierno, fulgurante bajo el sol, nació el Frente Sandinista, mazorca y espiga de liberación…”. A esa hora se reunían trabajadores del Estado, simpatizantes de Ortega, miembros de la Juventud Sandinista y huestes del régimen para celebrar “a los trabajadores”, “el diálogo”, “la paz” y a apoyar a su líder debilitado tras las protestas que iniciaron en contra de las reformas a la Seguridad Social (ahora derogadas) y en repudio a la represión oficial, que desde hace más de una semana exigen el fin de su régimen.

El lugar, que en muchas otras ocasiones ha lucido abarrotado, esta vez a duras penas se mostró lleno en ciertas áreas de la plaza. Durante las horas previas, buses medio vacíos trasladaron a los simpatizantes del Gobierno; muchos de ellos trabajadores estatales.

Desde los departamentos, se reportó que varios buses salieron incluso completamente vacíos. No uno ni dos, sino hasta siete sin más carga que conductor y ayudante. A varios los regresaron al llegar a Managua. Otros circularon con una docena de personas, que saludaban a las cámaras oficialistas, apostadas en avenidas y rotondas. Las presentadoras de los canales del Gobierno describían una numerosa caravana, en realidad inexistente. Mientras cientos de ciudadanos volvían a sus casas a pie, en taxi, al raid o en transportes “pirata”, porque una vez más se canceló el transporte público local e interurbano.

Buses
Las caravanas del FSLN que antes se tomaban calles enteras, lucieron raquíticas. Este fue uno de los buses más llenos. Carlos Herrera | Confidencial

Susurros en una plaza holgada

Ya en la plaza, aunque una pantalla gigante mostraba miles de banderas rojinegras y otras Azul y Blanco, en el lugar se podía caminar holgadamente.

“Estamos aquí para apoyar a nuestro presidente Daniel”, aseguró Lucía Tinoco, una mujer morena y bajita, que no paró de cargar un cartel con una fotografía del líder sandinista. Dice que llegó para serle fiel a su líder, porque “ha sido el único que me ha apoyado”. “Me ayudó a construir mi casa de nuevo cuando se me quemó”, responde esta señora de la capitalina Colonia Morazán. Sobre los actos de violencia en los que murieron decenas de jóvenes y manifestantes que se oponen al régimen orteguista, dice: “No sé, no sé”. Guarda silencio, y luego se acerca y susurra: “La culpa la tienen los policías”. Se retira y segundos después regresa. “La verdad es que es triste, pero lo que queremos es la paz”.

Laureano
Laureano Ortega Murillo se coló en la plaza para tomarse fotos con los empleados públicos y simpatizantes del FSLN. Carlos Herrera | Confidencial

No saben de culpables

Pasada las tres de la tarde, entre la parte derecha de la tarima y el Ministerio de Economía Familiar, Cooperativa, Comunitaria y Asociativa (MEFCCA), se divisa a uno de los hijos de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Es Laureano, el tenor del derroche de la fiesta rusa y ejecutivo de la agencia público-privada de inversiones, ProNicaragua. Los simpatizantes del FSLN se le acercan, le piden fotos y él no para de sonreír.

Arriba, la tarima aún luce vacía. Suena la música, se escuchan las explosiones de bombas y morteros, el viento dispersa el humo y un grupo de jóvenes se encaraman unos sobre otros para hacer torres humanas. La plaza espera a Ortega. “Comprá cervezas”, le dice un señor canoso a un joven campesino. “Aquí andamos disfrutando”, agrega. Aún hay sol y lo habitual indica que Ortega todavía no llega.

Jennifer Toruño, trabajadora del Banco de Sangre, sostiene un cártel que dice: “Aquí no se rinde nadie. Todos con Daniel”. Viste su uniforme de trabajo y anda con varias compañeras. Es de las pocas que se decide a hablar. La mayoría no quiere.

“Estamos aquí conmemorando el fallecimiento de Tomás Borge, también por amor a Nicaragua y por el diálogo”, asegura esta joven que insiste vino por su cuenta y no obligada. Sobre la masacre de la semana pasada, solamente responde que no sabe “porque yo no estuve ahí” y dice que mucho de lo que se vio para ella “es manipulado”.

Tirado
En víspera del 1 de mayo, Ortega no tuvo a la par al sindicalista Gustavo Porras, sino a los comandantes Victor Tirado (deteriorado de salud) y Edén Pastora, subido a la tarima, al último momento. Carlos Herrera | Confidencial

Tirado y Pastora

Inesperadamente, las pantallas gigantes muestran que ya llegó Ortega. Se le ve avanzar por un costado de la tarima, rodeado de un único anillo de seguridad. Camina y va extendiendo la mano, saludando entre las cabezas de los policías y los camisas azules. Atrás, algo rezagada, le sigue su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. Esta vez ella no va a la par ni exhibe el protagonismo de ocasiones anteriores.

“Daniel, Daniel, Daniel”, coreaba la multitud. A su derecha, camina un hombre de cabello y bigote completamente blancos. Pocos en la plaza lo reconocen. Ortega lo presenta como “uno de los fundadores del Frente Sandinista”. Es Víctor Tirado López, comandante de la extinta Dirección Nacional del FSLN. Ortega no lo dice, pero Tirado también es disidente. De esos a quienes a menudo llamada “traidores”, y a quienes sin mencionar específicamente culpa como “los intigadores de siempre” por dirigir las manifestaciones reciente en su contra.

En su última intervención pública, Ortega estuvo acompañado de los altos mandos de la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua. Esta vez, en la tarima, le acompañan además de Tirado y Murillo, la ministra del trabajo Alba Luz Torres, tres directivos de la Juventud Sandinista, la dirigente de la Unidad Nacional del Adulto Mayor, Alma Sandino; el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, a quien presenta como sindicalista, y la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos, a quien presentó hasta que ya había concluido su breve discurso.

Ortega también interrumpió sus presentaciones para pedir al otrora comandante Cero, Edén Pastora, que subiera de la primera fila de la plaza a la tarima.

FSLN
La primera concentración del oficialismo tras la mortal represión oficial fue menor, en comparación con eventos anteriores. Carlos Herrera | Confidencial

Un minuto de silencio

Ortega comenzó su discurso recordando que en el conflicto armado de los años ochenta en Nicaragua murieron más de 50 mil personas. Y dijo que los actos de violencia “han provocado una profunda herida” en Nicaragua.

“Desgraciadamente los mismos que incitaron a la guerra antes, ahora incitan nuevamente a la violencia, y en medio las víctimas de la violencia, los fallecidos por estos actos violentos que todos hemos visto, y que todos hemos repudiado, condenado, y que nuevamente han provocado una profunda herida en el corazón de la patria, los sembradores de odio, y la patria está de duelo”, dijo Ortega.

“La patria está de duelo —insistió— y lo que ha acontecido no es para menos. Vamos a guardar un minuto de silencio, recordando a los fallecidos, solidarizándonos con todas las familias de los fallecidos, pero sobre todo comprometiéndonos una vez más a que la violencia no vuelva a instalarse en la patria”, dijo Ortega por primera vez refiriéndose a los fallecidos durante las protestas.

Sin embargo, Ortega no se refirió a la brutal represión desatada contra los miles de manifestantes que exigen el fin de su mandato, el asalto a las universidades ni la profanación de sus huestes a sitios religiosos como la Catedral Metropolitana de Managua.

OrtegaOrando
Daniel Ortega pidió levantar las manos y orar para ser “instrumento de paz”. Calló, sin embargo, contra la represión oficial que causó más de cuarenta muertos. Carlos Herrera | Confidencial

“Comprometiéndonos una vez más a que la violencia no vuelva a instalarse en la patria”, dijo, aunque omitió que la represión fue dirigida por sus grupor paramilitares y la Policía Nacional, y que en las últimas noches ordenó la movilización del Ejército en varias ciudades, con el argumento de resguardar edificios públicos.

“Se trata de la defensa de la paz, ni un paso atrás. Que los campesinos puedan seguir trabajando la tierra, como lo han hecho a lo largo de estos años en paz, en estabilidad, con seguridad para garantizar los alimentos de todos los nicaragüenses”, agregó Ortega, cuyo Gobierno ha cerrado el paso y reprimido a los campesinos que piden la derogación de su concesión canalera al desaparecido empresario chino Wang Jing.

En una carta pública a Ortega, el educador Ernesto Medina, rector de la Universidad Americana (UAM), advirtió la “ambigüedad” del discurso en que –dijo a Ortega– “usted nuevamente insinúa que lo sucedido la semana pasada es producto de una tenebrosa conspiración y mencionó a los instigadores de siempre”.

Refiriéndose a más de cuarenta muertos y cientos de heridos y lesionados, producto de estos hechos, Medina rechaza “estas acusaciones tan graves sin decir a quién se refiere, ya que al hacerlo de esta manera ofende y pone en peligro a mis estudiantes al sugerir que son parte de una conspiración en contra de su Gobierno. Los muchachos han repetido hasta la saciedad que no ha habido ni habrá injerencia de ninguna fuerza política en su movimiento y que lo que desencadenó estos hechos es únicamente responsabilidad de los funcionarios que ordenaron la represión brutal de unas protestas pacíficas”.

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El FSLN convocó a sus bases en víspera del 1 de mayo y conmemoración de la muerte de Tomás Borge. Ninguno de los dos temas mencionó. Carlos Herrera | Confidencial

“Ni un paso atrás”

Mientras Ortega se dirigía en su tono de pastor, abajo en la plaza, un grupo coreaba: “Ni un paso atrás, ni un paso atrás”. Y como en respuesta a la masiva movilización de autoconvocados, una mujer gritó: “aquí estamos los obligados, pero obligados por nuestros héroes y mártires, por nuestra revolución”.

“Quería escuchar a nuestro presidente”, dijo Kathy Sevilla, quien asegura que salió desde las diez de la mañana de su casa en Villa El Carmen. La mujer se autodefinió como sandinista desde la infancia y aunque dice creer que la masacre es “culpa de todos”, porque “estaban muchos enojados”, estima que Ortega “no es el culpable”.

“No se trata de encontrar solo culpables, se debe evitar más muertes nunca más porque los únicos que sufren ahora son los familiares de los muertos”, comentó.

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La concurrencia de simpatizantes del FSLN fue poca. La mayoría vestían de civil o con sus uniformes de empleados públicos. Carlos Herrera | Confidencial

Ortega prometió en su discurso investigar los actos de violencia y garantizar justicia a las víctimas. “Para que puedan encontrarse a los culpables, no para lanzarnos llenos de odio contra ellos, no para lanzarnos con el cuchillo en la mano contra ellos, sino para que entiendan de una vez por todas que ya Nicaragua entera escogió el camino de la paz”, declaró Ortega. En la plaza, la rala asistencia ya menguaba. Y en la transmisión televisiva, la toma era más cerrada.

Ortega pidió a sus seguidores, como si de un predicador se tratara, que levantaran sus manos y repetieran “no a la muerte, no a la destrucción, no a la violencia, no a las barbaries” y a decir “sí al diálogo, sí a la vida, sí al trabajo, sí a la paz”.

Pidió, además, fuerza “al Señor”, “para ser instrumento de paz y que donde haya odio, sembremos amor”. A las 4:35 de la tarde, solo una hora y media después de la cita oficial, Ortega ya estaba terminando su discurso. Y Murillo no había dicho una sola palabra.

A través de un radiocomunicador, un hombre pregunta: “¿Dónde estás?”, y agrega: “No ha terminado de hablar Ortega y lo están dejando solo”. A través del aparato no se escuchó ninguna respuesta.

El diálogo de Ortega es económico y social
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Solo hasta unos cien metros del cordón de seguridad de la tarima principal, se notaba la plaza llena. Carlos Herrera | Confidencial

El comandante Daniel Ortega se refirió al diálogo nacional que ha sido convocado para solucionar la crisis y en el cual la Conferencia Episcopal actúa como mediadora pero lo limitó a temas económicos y sociales, evadiendo la demanda nacional de resolver la crisis política con su salida del poder, reforma electoral y elecciones anticipadas. “Está pendiente la instalación de un diálogo para tratar temas que tienen que ver con la justicia social económica, y la seguridad de los nicaragüenses que tiene que ver con la justicia en relación con estos hechos condenables situaciones que están siendo investigadas”.

El mandatario reconoció el esfuerzo del cardenal Leopoldo Brenes en el proceso y dijo estar “comprometido con el diálogo”.

“Estamos totalmente comprometidos en cualquier circunstancia que se presente, aun en las más difíciles circunstancias que se puedan presentar, porque están boicoteando el diálogo, aun en las peores circunstancias, son las familias nicaragüenses, los campesinos, los trabajadores, es el pueblo, la juventud, las mujeres las que darán la batalla para defender la paz”, afirmó el mandatario.