Política

Sepulta negociaciones con la Alianza Cívica y alega que no adelantará elecciones

Ortega cierra diálogo y se aferra al poder hasta 2021

El dictador desafía a la comunidad internacional y las sanciones. Ofrece de forma unilateral “reformas electorales dentro del marco de la ley"



 El comandante Daniel Ortega cerró las puertas al diálogo nacional con la Alianza Cívica, al mismo tiempo que reiteró que no está dispuesto a adelantar las elecciones. En cambio, el caudillo sandinista enfatizó que se entronizará en el poder hasta 2021, desafiando a las sanciones y la comunidad internacional.

Con esa decisión, la dictadura ahonda más la crisis nacional al ignorar la demanda de 21 países de la Organización de Estados Americanos (OEA), que exigen el retorno al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y retomar la negociación política para realizar una reforma electoral que conduzcan a comicios anticipados.

“¿El diálogo con quién?”, preguntó Ortega retador. “Con los campesinos, con los obreros, con los pequeños empresarios, con los artesanos, con los productores pequeños, medianos y grandes; con todos aquellos que estén dispuestos a trabajar por la paz y por la producción económica y social en este país. Ese es el único diálogo que tiene sentido, el único diálogo que tiene cabida en las circunstancias históricas que vive Nicaragua”.

Al dar por finalizado el diálogo político con la Alianza Cívica (estancado actualmente), Ortega cierra la única ventana de interlocución con la oposición. Este jueves, la Alianza Cívica le propuso al régimen reanudar las negociaciones el 31 de julio para atender el llamado hecho por la Asamblea General de la OEA, realizada en Medellín, de “un diálogo serio, de buena fe, efectivo y sincero”. Los opositores enviaron una carta al canciller Denis Moncada y al nuncio apostólico, testigo de la negociación.

“Queda en evidencia la intransigencia de Ortega, a pesar del llamado internacional y el deseo de las amplias mayorías de este país que deseamos una salida pronta a la crisis. Otra vez más, como en 1990, en la misma plaza se envalentona y comete un error histórico”, lamentó Juan Sebastián Chamorro, integrante de la Alianza Cívica.

Otra visión tiene José Pallais, también negociador de la Alianza Cívica. Él consideró que Ortega “no cerró definitivamente las puertas a la negociación”, sino que todavía no ha tomado una decisión al respecto.

“No puede facilitar financiamiento o trabajo con la política actual que tiene su Gobierno”, expresó Pallais, quien agregó que “la solución a la crisis debe pasar por un entendimiento nacional. “Hay una contradicción (en el discurso). Afianzar la estabilidad nacional y la confianza en la economía no es factible con ese diálogo con su base partidaria”.

¿Guiño a la empresa privada?

El abogado y exdiputado opositor, Eliseo Núñez, señaló que, en su discurso, Ortega se cuidó de no cerrar las puertas al diálogo, aunque pareciera todo lo contrario. A juicio de Núñez, el dictador terminó aceptando que se necesitan reformas, recuperar la economía y que está desesperado por buscar un arreglo, bajo cualquier disfraz, con la empresa privada.

Simpatizantes sandinistas con destino a a la celebración de la Revolución Sandinista. Carlos Herrera | Confidencial

“Este es un guiño de ojo a la empresa privada. Les dijo ‘volvamos al modelo anterior’, lo cual me parece de parte de él, una torpeza mayúscula, porque la empresa privada tiene demasiados problemas para volver a eso y no estoy hablando de problemas éticos, que tiene un montón. Además, sería un tema de asociarse ahora a un Gobierno que asesinó a un montón de personas y que hizo desastres”, dijo el exdiputado.

Núñez considera que la empresa privada no se quiere arriesgar a exponerse a las sanciones que están afectando a Ortega y su círculo. “No miro a ningún empresario grande de este país arriesgando su propio pescuezo para defender a Ortega. Hay más razones que las éticas y políticas para que no vuelvan al modelo anterior. Él está desesperado”, explicó.

Se entroniza hasta 2021

Tras finiquitar la negociación política con la Alianza Cívica, el dictador dijo “que en su momento vendrán elecciones en 2021”. “Y nosotros, allí sí, ya estamos preparados para ganar esas elecciones. Y se harán las reformas y ajustes electorales, pero dentro del marco de la ley y la Constitución. ¿Para qué? Para que aquí nadie venga a quejarse después que les robamos las elecciones”, ironizó Ortega.

Las reformas electorales “dentro del marco de la ley” pretendidas por el gobierno se limitan con los actuales partidos políticos constituidos legalmente, todos ellos organizaciones comparsas y sometidas al orteguismo, como el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Arnoldo Alemán.

Bajo esa lógica, organizaciones como la Alianza Cívica y la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), que sí gozan del beneplácito ciudadano como representantes, estarían fuera de estas supuestas reformas electorales. En reiteradas ocasiones, personeros del régimen han asegurado que tanto la Alianza y la UNAB carecen de personería legal para ser tomadas en cuenta en estas reformas electorales.

“Muchos andan repitiendo que hay que hacer ya las elecciones? ¿Qué quieren? Que los barramos y salgan diciendo después que les robamos?”, dijo Ortega en clave de burla. “Pero además, eso no está (contemplado) en la Constitución Política ni en la ley. La Constitución es clara y manda a elecciones en noviembre de 2021”, insistió el caudillo sandinista.

Pallais expresó que el dictador pretende demostrar firmeza ante sus bases y transmitir fortaleza donde existe debilidad. Al negociador de la Alianza Cívica le parece lógico que Ortega quiera llegar hasta el 2021. Sin embargo, insistió en que la realidad del país es completamente distinta a las pretensiones del caudillo, pues Nicaragua “no aguanta con él hasta esa fecha” con una política económica errada, sin estabilidad, sin confianza, confrontado con sus principales socios económicos como Estados Unidos, Canadá y Europa.

“La realidad tiene que indicarle en un determinado momento otra. Él no va a dar una concesión tan importante anticipándose a que esta realidad del deterioro del país lo ahogue y sienta que no tiene otra salida. Esta sería una decisión que tomaría cuando esté sintiendo el peso de la crisis y que la ilusión que tiene todavía, de que puede superar a través de imposición de fuerza y represión, se le termine cuando la realidad provoque el despertar de ese sueño y coincida que no es sostenible”, dijo Pallais.

EFE

Para Núñez el mejor escenario de Ortega es lograr que la oposición acepte ir a elecciones hasta el 2021, a pesar de que sepa que va a perder ese proceso electoral.

“Su única esperanza es que la Comunidad Internacional, entre hoy y el 2021, aminore las presiones para ver si logra respirar un poco. Está ganando tiempo, está jugando el día a día, no está jugando con una estrategia de largo plazo”, señaló.

El exdiputado opositor nuevamente coincidió con Pallais al considerar de que Ortega nunca iba a decir, en plena celebración de la revolución sandinista, que iba a adelantar elecciones. De hacerlo, corría el riesgo de que en ese preciso momento su base, que es prebendaria, se desmoronara.

“Esa gente que está ahí está apostando que Ortega va a estar dos años y medio en el poder. El adelanto de elecciones acorta la fidelidad de su masa con él, porque él no tiene una fidelidad por ser un tipo carismático. Tiene que ver con el salario que está manteniendo desde el Estado, por eso la prioridad de él es la planilla estatal. Pagar la planilla es su prioridad número uno”, reflexionó Núñez.

Las sanciones lo aquejan

Buena parte del discurso de Ortega —que duró 34 minutos— estuvo centrado en criticar las sanciones internacionales, en especial a las estadounidenses, que han sufrido funcionarios de su régimen. Antes que el mismo caudillo mencionara el tema, el sacerdote Antonio Castro “pidió que cesen las imposiciones, la Magnitsky y la Nica Act”.

Castro le pidió al Predicador ultraderechista de Donald Trump, Ralph Drollinger (invitado especial al acto partidario), que interviniera ante el Congreso estadounidense para detener las sanciones, ya que el evangélico se presentó como profesor de la biblia de congresistas norteamericanos.

Luego, al tomar la palabra, Ortega comenzó una retórica con ínfulas de pacifista mundial, y dijo que Estados Unidos “quiere paz”. A renglón seguido, el mandatario dijo: “No podemos admitir sanciones, porque para aceptar sanciones deben estar fundamentadas en el derecho internacional”.

No obstante, las sanciones estadounidenses son una decisión del gobierno de Washington y no se ciñen al derecho internacional. De la mano de las sanciones de Washington, Canadá también se sumó a penalizar a funcionarios del gobierno, entre ellos la vicepresidenta Rosario Murillo y su hijo, Laureano Ortega Murillo.

“Un estado no puede sancionar a otro estado. Un estado que actúa de esa manera esta cometiendo delitos de índole internacional. Es algo insostenible. Al final de cuenta, ¿quiénes sufren? Sufren los pueblos”, dijo Ortega.

Un acto bajo aislamiento

En la tarima central del acto del 40 aniversario de la Revolución Sandinista apenas hubo un jefe de Estado, un presidente desconocido para los militantes sandinistas al igual que el idioma en el que se dirigió a ellos. Se trató de Anatoli Bibilov, mandatario de Osetia del Sur, un pequeño territorio enclavado en el Cáucaso Sur, y apenas reconocido como república por cuatro países en el mundo. Es decir, un satélite que órbita en torno a Vladimir Putin.

Más cercanos aún, ni los venezolanos ni los cubanos enviaron a Managua a notables figuras de su nomenclatura para acompañar a Ortega y Rosario Murillo. Por la isla asistió el primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Salvador Valdés. Mientras que Nicolás Maduro envió a la vicepresidente Delcy Rodríguez, quien ha perdido preponderancia en Caracas. No obstante, en Venezuela, la plana mayor del chavismo y el casticismo atendía una reunión del “Movimiento de los No Alineados”. Mientras que en el plano nacional, a los dictadores los acuerparon sus ministros y funcionarios, entre ellos la jefatura de la policía y el Ejército.

“La paciencia de Job”

En su discurso, el mandatario acusado de cometer crímenes de lesa humanidad aseguró que trató de tener “la paciencia de Job” —el personaje bíblico— frente a la rebelión cívica. Sin embargo, dijo que tuvo un “límite”. Es decir que justificó de esa manera la represión policial y paramilitar que dejó 325 muertos y miles de heridos.

EFE

“Después de la pérdidas de vida, detracción económica, desempleo y el intento de golpe de Estado, que le quisieron llamar levantamiento popular, tuvimos paciencia (…) Y tuvimos la paciencia de Job, pero todo tiene un límite. Se fue descubriendo que no había tal levantamiento popular. Que eran los mismos intereses de los de siempre, los que asesinaron a Sandino, que se juntaron para intentar derrocar al gobierno de pueblo”, planteó Ortega.

El caudillo sandinista cerró su discurso vitoreando el 40 aniversario de la Revolución Sandinista, pero instaurando, según él, el “primer aniversario contra el golpismo”.