Política

Ortega convierte a Nicaragua en “un intento de paraíso de prófugos”

Ciudadanía a Mauricio Funes deteriora la imagen del país en el exterior y podría acelerar condena internacional al régimen

La ciudadanía que Daniel Ortega ha otorgado al expresidente Mauricio Funes, prófugo de la justicia salvadoreña por cinco delitos, deteriora aún más la ya deteriorada imagen de la dictadura en el exterior y le da una “nueva carta que jugar” a los países que conforman la Organización de Estados Americanos (OEA) para afianzar sus votos contra el régimen. Así lo cree el excanciller nicaragüense Francisco Aguirre Sacasa.

“Al darle posada (a Mauricio Funes) permanente en Nicaragua, Ortega compromete aún más la reputación del país y la daña más. En el mismo proceso salpica la imagen de Nicaragua en un momento que ninguna de las dos cosas le conviene a Ortega”, asegura el diplomático.

Ortega mostró este martes su disposición a proteger a Funes, otorgándole un nuevo blindaje constitucional, para que no pueda ser extraditado a El Salvador, país que en reiteradas ocasiones lo ha solicitado. La justicia salvadoreña acusa al expresidente de cinco delitos que pudo cometer a lo largo de su Gobierno (2009-2014), incluídos malversación de fondos, enriquecimiento ilícito y peculado.

“Pareciera que él (Daniel Ortega) está dispuesto a todo en cuanto a la protección de Funes”, comenta el excanciller.

Un daño delicado

El daño hacia la reputación de Nicaragua llega en momento “delicado”, pues el Estado nicaragüense es acusado de cometer graves violaciones a los derechos humanos desde que iniciaron las protestas contra el régimen Ortega-Murillo, en abril de 2018. El diplomático pronostica que los países que han condenado las violaciones del Gobierno, tendrán ahora una nueva carta que jugar: el peligro que Nicaragua se convierta en una suerte de paraíso para personas que tienen casos pendientes con la justicia.

“Hace mucho más fácil para aquellos países que en la OEA están considerando presionar más a Nicaragua y a su Gobierno por violaciones a los derechos humanos”, considera el especialista.

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Podrían votar contra Ortega

La nacionalidad brindada a Mauricio Funes no es una cuestión que solo se queda en los efectos diplomáticos, sino también en la imagen política del país. “Es la imagen de un país diciéndole a otro vecino ‘nosotros no te vamos a devolver a este prófugo de la justicia tuya a pesar que vos tenes pruebas contundentes’”, analiza el excanciller Sacasa.

Otro aspecto que, a criterio del diplomático, influirá de alguna manera en el panorama político internacional es el acercamiento que mantiene el nuevo Gobierno de El Salvador presidido por Nayib Bukele hacia los Estados Unidos.

“Si ellos (El Salvador) deciden provocar un alboroto en los Estados Unidos, repercutirá a la imagen ya deteriorada por las acciones eminentemente nacionales del Gobierno de Ortega desde el 18 de abril. También coincide con la fecha límite establecida por la Alianza Cívica para retomar las negociaciones”, analiza el excanciller.

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Y los efectos de la nueva política de Bukele hacia el exterior ya se pueden ver. Su Cancillería ha mostrado mayor contundencia y alineación a Washigton con respecto al caso de Nicaragua ante la OEA.

“Si la diplomacia norteamericana sigue acercándose a los países del triángulo norte, podríamos ver que los tres (Honduras, El Salvador y Guatemala) que no siempre han apoyado la aplicación de la Carta Democrática a Nicaragua, podrían convertirse ahora en voto duro”, explica.

Casao Alessio Casimiri

La mayoría de los casos de extranjeros nacionalizados nicaragüenses tras ser reclamados por crímenes cometidos en sus países han quedado en el olvido y blindados constitucionalmente.

El más emblemático es el del italiano Alessio Casimirri, exmiembro del disuelto grupo Brigadas Rojas y acusado en su país por el secuestro y asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro. Cassimiri llegó a Nicaragua en 1983 y se nacionalizó en 1988, evitando así que fuera entregado a la justicia italiana.

Para Aguirre Sacasa, Funes está en medio de un contexto diferente y su suerte todavía puede cambiar con un nuevo Gobierno. “Estamos hablando de un presidente centroamericano y de una actividad criminal relativamente reciente”, apunta el diplomático.

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