Política

Exdiputado analiza las opciones de la dictadura tras fracaso del diálogo

Eliseo Núñez: “Ortega está escogiendo la vía de la destrucción”

“La mejor salida es el diálogo y Ortega se está negando. Las otras son impredecibles, y con costos en muertes y destrucción económica enormes", afirma



La mejor salida para la crisis sociopolítica que atraviesa Nicaragua es el diálogo, a juicio del exdiputado liberal y analista político, Eliseo Núñez. Sin embargo, ante el fracaso de las negociaciones en el INCAE, y la falta de voluntad política de la dictadura de Daniel Ortega, las “salidas” que quedan no son tan esperanzadoras para Nicaragua.

Núñez considera que si bien Ortega se vio obligado a volverse a sentar en la mesa de negociación, cambió de opinión al ver cómo la presión nacional e internacional no ha podido desplazar al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, pese al empuje del presidente encargado Juan Guaidó.

El exdiputado sostiene que ante este panorama, Ortega ha hecho un nuevo cálculo político y se ha atrincherado en su posición para liquidar el diálogo y tratar de extender su gobierno lo “más que pueda” como lo ha hecho Venezuela y Cuba. Pero Núñez considera que se está equivocando, porque las característica de Nicaragua son sustancialmente distintas a Venezuela, en especial en el plano económico.

“Ortega tomando el riesgo de navegar en una economía en escombros y va a tener que subir los niveles de represión. Con eso aumentará el calor en la olla de presión y correrá el riesgo de tener otra explosión social que nos lleve a situaciones de violencias inusitadas”, advirtió Núñez, en una entrevista en el programa de televisión Esta Semana.

Cuando comenzó esta negociación hace cinco semanas existía la percepción de que Ortega había convenido alguna suerte de arreglo con Estados Unidos y el gran capital para adelantar las elecciones. Sin embargo, ahora aparece alineado con Venezuela y Cuba y no cede ni un centímetro en los temas de justicia y democracia. ¿Por qué?

 Porque Ortega está viendo que el tema de Venezuela se ha hecho demasiado largo para Estados Unidos. Cree que no hay capacidad de botar a Mauro. Y, en tanto, está aprovechando para estirar la cuerda lo más que pueda para ver de qué forma se queda en el poder, no para 202, sino más allá. Aquí hay una apuesta que yo le llamo la paradoja del autoritarismo: estos gobiernos autoritarios apuestan a la democracia, pero no en sus propios países. Terminan consiguiendo que los gobiernos tengan otras prioridades o que, de pronto, venga un gobierno amigo y pueden sobrevivir a través de los años. Es así que Castro logró sobrevivir a diez expresidentes estadounidense. Venezuela lleva veinte años con esta misma historia. Ortega piensa que puede apostar este mismo modelo.

¿Puede llegar Ortega a 2021 manteniendo el estado de sitio de facto en una situación precaria de la economía, que apunta hacia el colapso de la economía privada y la estatal, incluso con más sanciones diplomáticas y económicas internacionales?

No puede llegar a ese punto. En Nicaragua hay muchas diferencias con Venezuela y Cuba. En primer lugar, esta no es la etapa inicial de una revolución. Ortega llega con votos, como un presidente débil que apenas obtiene al 38%; no llega por un proceso armado ni mucho menos una votación masiva como llegó Hugo Chávez. La sostenibilidad de un modelo autoritario construido bajo el aura de los inicios de una revolución, Ortega no la tiene. Adicionalmente, es una economía poco estatizada. Todos los años noventa se dedicó a abrir la economía del país, y la estatización en materia empresarial es mínima. No es el caso de Venezuela con su renta petrolera que tenía una gran cantidad de empresas estatales, o Cuba que estatizó toda la economía en los años sesenta.

Ortega está jugando contra todas sus probabilidades. La mejor salida que tenía era llegar a un acuerdo en este diálogo, y colocarse en una posición de tiempo anterior para cuando la crisis le empiece a pegar de frente. Actualmente la economía viene en un declive y en la medida que pasa el tiempo, el declive se va a convertir en caída libre. Él cree que puede solucionar todo desde el Estado porque tiene una óptica marxista del mundo, y cree que el problema económico es de los empresarios. Es un problema de él. No generar empleos es un problema de él. El que las importaciones se estén reduciendo es un problema del régimen.

Si Ortega no tiene voluntad para negociar, ¿cómo se puede cambiar la correlación de fuerzas políticas? ¿Cómo aprecias la dinámica de la Unidad Azul y Blanco y la Alianza Cívica?

 Esto se cambia volviendo a las calles y ahorita los niveles de represión siguen siendo altísimos, pero la gente ya está volviendo. En la medida que vaya pasando el tiempo, el hartazgo, frente a este modelo represivo también va ir haciendo que ceda el espacio de protesta pública. Ortega se va a encontrar con el peor de los mundos, una tormenta perfecta: Va a tener una economía por el suelo, sanciones internacionales que lo aíslan, y va a tener al pueblo en las calles. Eso, definitivamente, va a pasar.

Cuando vi el diálogo en los primeros meses de este año, sinceramente creí más allá del tema que si eran los gringos o El Vaticano, que Ortega había hecho una jugada inteligente. Que estaba haciendo un arreglo previo para cuando la crisis lo comenzara a golpear. Pero Ortega estaba haciendo un cálculo de cómo se comportaba el tema venezolano. Como el tema venezolana se complicó, entonces él también se siente seguro de extender su mandato lo que más pueda.

 

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Horas antes que iniciara la negociación entre el Gobierno, empresa privada e Iglesia, cien presos políticos fueron trasladados a sus casas, el 27 de febrero. Carlos Herrera | Confidencial

Ortega se comprometió a liberar a todos los presos políticos ante los testigos, y restablecer las libertades públicas. ¿Puede cumplir esos compromisos con la presión que mencionas, de que la gente quiere salir a protestar? Los presos políticos son los líderes de esta protesta cívica. ¿Permitirá Ortega que recuperen las calles?

Ese es el dilema que él tiene. La calle para él es la única pieza que tiene a su favor en el diálogo, y tener a la policía tendida. O sea, Ortega no se sostiene bajo un esquema de legitimidad, se sostiene con fusiles y cárcel. Él ya no tiene votos para mantenerse, ni mucho menos la complacencia de una parte de la sociedad como lo tuvo en algún momento, además de los votos duros del Frente Sandinista. Ese es su dilema porque sabe que si la gente vuelve a las calles su única palanca de negociación la pierde.

Aparentemente, él está queriendo tomar el riesgo de caminar en ese sentido. Eso significaría que comenzará a navegar en una economía en escombros y va a tener que subir los niveles de represión. Con eso aumentará el calor en la olla de presión y correrá el riesgo de tener otra explosión social que nos lleve a situaciones de violencias inusitadas. O el otro riesgo es que se camine a un conflicto de guerra civil, que son escenarios que quisiéramos evitar.

Lo que estás describiendo es una situación en la que pareciera que se descarta una salida ordenada, un aterrizaje suave por la vía de la negociación con Ortega. En ese escenario conflictivo,  ¿el Ejército puede tener un papel para contribuir a la estabilidad nacional o lo ves alineado con Ortega como sucede en Venezuela con Maduro?

Lo miro alineado con Ortega. La tal neutralidad del Ejército es que no les presta oficialmente hombres ni armas para la represión. Pero todo el aparato de inteligencia de Ortega está a la orden para reprimir a los opositores. Yo no veo la situación en que el Ejército sea la esperanza de algo, es parte de lo mismo. Esta es gente que se quedó en el partido sandinista, que migró a un partido orteguista, porque sus únicos triunfos que han tenido en la vida están atados a eso. No son capaces de salir de allí y vivir vida propia.

Si el Ejército no puede contribuir a la estabilidad, ¿cuál es en tu opinión el escenario de salida a esta crisis?

La negociación era el escenario de salida. Si se diese el milagro de que Ortega reaccione y reflexione que el diálogo es una salida que le beneficia, porque lo mantiene como opción política a él y su partido, y le va a permitir tener una cantidad de votos para tener espacios políticos…

¿Sería gobernable el país con Ortega conservando esas cuotas de poder que describís?

Eso ya es trabajo del Gobierno que llegue. Debe ser un gobierno capaz de estar dispuesto, como estuvo doña Violeta, a dejarle las llaves de la presidencia en caso de que Ortega comience a empujar hasta el fondo. Si vos tienes un gobierno que va a negociar con miedo al chantaje que Ortega va a representar, no vas a poder seguir. La mejor salida es la del diálogo y Ortega se está negando. Las otras salidas son impredecibles, y con unos costos en muertes y destrucción económica enormes para el país. Ortega está escogiendo esa vía.