Opinión

¿Y qué otra cosa podía suceder?

Ninguno de los partidos está libre de responsabilidad de las siete muertes que produjo la violencia poselectoral



Esta pregunta podría ser también, ¿y qué otra cosa esperaban los partidos participantes en la mascarada electoral que ahora reclaman alcaldías robadas, si ellos estaban mejor informados que nadie de que la estructura electoral sigue diseñada y funcionando para burlar el voto?  No digo el “voto popular”, porque la popularidad estuvo ausente en mayor cantidad que en las pasadas “elecciones” –que fue casi del 70%—, lo que fue evidente para todos, menos para “los acompañantes”, profesionales del engaño y empleados de las instituciones financiadas por Estados Unidos, como la OEA.

Su respectiva marchita-PxMolinA
Ilustración: PxMolinA | CONFIDENCIAL.

Los líderes de los “partidos” que avalan la “transparencia” de las votaciones, son los consecuentes con el objetivo por el cual participaron, que fue participar sin aspirar a muchas o a ninguna alcaldía, porque el negocio y las prebendas que se derivan es el pago justo que siempre buscaron. Ninguno de los partidos está libre de responsabilidad de las siete muertes que produjo la violencia post electoral, por su prédica mentirosa que hace efecto entre los sectores más atrasados en términos políticos de las regiones norte y sur del país. Pero no son los únicos responsables. En primer lugar está el aparato orteguista, por deformar las funciones del consejo electoral para perpetuarse en el poder.

Otros, que están exentos de toda sospecha de honestidad, no lo están de la responsabilidad de la violencia. Son los ya mencionados “acompañantes” internacionales –pues la mayoría de los observadores nacionales son demasiado independientes para el gusto del gobierno, porque no los puede tolerar. Hacerlo todo en familia sabe mejor, y eso lo sabe bien el magnífico rector Telémaco Talavera y sus muchachos del CNU.

Quien de los “participantes” se llevó la cerca fue don Wilfredo Penco, por ser el jefe de ellos, y delegado de Almagro. En horas de la tarde del domingo 5-N (cuando ya era evidente que las boletas sobre las mesas y los funcionarios electorales se estaban mosqueando en su soledad y sin oficio alguno) le preguntaron cómo estaba viendo la abstención, y de una vez se curó en salud, adelantando también la orientación que tendría su informe, al decir que eso (lo de la abstención) era un asunto de “percepción”, que ellos no trabajan sobre la base de la percepción, sino de los resultados. Y, ¡oh, casualidad!, los resultados los ofrece Roberto Rivas, a nombre del mismo consejo electoral ejecutor de la voluntad presidencial. Podría leerlos en el futuro Perico de los Palotes, y nada cambiaría sino cambia el sistema electoral impuesto por el gobierno.

Ese futuro, ya está diseñado en el convenio Ortega-Almagro, y anunciado para las próximas elecciones presidenciales, muy acorde con lo prometido por Penco en su informe. Lo que despierta dudas, y en los incautos una ligera esperanza, es sobre lo que harán los políticos con sus desprestigiados partidos cuando de nuevo comiencen a sonar los tambores del próximo carnaval electorero. Las dudas, son compartidas por muchos nicaragüenses, en el sentido de que la oposición pueda cambiar su estrategia y mirar hacia el pueblo no como fuente de votantes, sino como poder organizado que, en pie de lucha, es capaz de cambiar cualquier situación.

Es casi imposible que esos partidos tomen la bandera reivindicadora de los intereses nacionales, como la derogación de la Ley 840, y las demandas de justicia social, sin la cual no hay democracia. Podremos ver otra vez a unos líderes actuando como zancudos del orteguismo, a otros colgados de las faldas de la OEA… y de nuevo verlos llorar una vez más. Porque, como se dice en el pueblo, “no valen razones para quien es ingrato”. Lo repito, porque desde ya algunos están sumados al doble juego con que Estados Unidos maneja su política por medio de la OEA:

Aquí, todo el mundo vio –menos quienes no quisieron—, la abstención tal cual, pero el gobierno yanqui reconoce la “elección”, con sus irregularidades, y recomienda a sus partidarios tener esperanzas en que Ortega cumplirá las recomendaciones del informe de Wilfredo Penco. Y, en cambio, ¿qué le recomienda a la derecha venezolana? La violencia callejera, y cuando le falla, la pone a gritar “fraude” después de cada elección (ya van dos, viene la tercera en el mismo año, y siguen gritando lo mismo). Todo, a pesar de que son efectuadas con el mismo sistema electoral que un día Jimmy Carter, en un gesto de honestidad nunca visto en un gobernante estadounidense, aseguró que es el mejor del mundo. (No lo dijo por tuiter, sino en su voz).

Cuando a la derecha le falla todo en Venezuela, entonces en Casa Blanca fabrican presiones y sanciones en su contra, con la misma naturalidad con que en Nagarote se producen quesillos. Eso le alegra su alma mercenaria a la derecha y le crea ilusiones, así sea a costa de la soberanía, la independencia, el bienestar y la paz de ese hermano país. Con el gobierno del nuestro, es otra cosa, es condescendiente, aunque lo amenace algunas veces ¿Por qué? Por su alianza con el Cosep y otros representantes de gran capital que sienten como los “americanos” de cualquier Estado de la Unión. ¿Han visto sus coincidencias, con el punto de vista de Penco y del gobierno estadounidense respecto a las elecciones del 5-N? El Departamento de Estado conoce de los arreglos Ortega-Almagro, lo que los nicas no conocemos y solo sospechamos. Todo es orientado en cadena: Departamento de Estado-Almagro-Penco.

Por otro lado, están las felicitaciones de los gobiernos del Alba a Ortega por su “victoria electoral”. Vale distinguir entre las razones de Estado de las razones populares, las cuales no siempre tienen que coincidir mecánicamente en todos los casos. Por ejemplo, cuánto desearía el pueblo nicaragüense disponer de un sistema electoral electrónico como el venezolano, donde tienen que coincidir las boletas contadas manualmente con las registradas por las máquinas. Aquí, con su sistema electoral rústico y perverso, lo que funciona como una máquina es la determinación de Daniel Ortega.

Algunas voces despistadas y otras manipuladoras de opositores, han hecho coro con la derecha venezolana, diciendo que en materia de fraude Ortega “asesora” al presidente Maduro. Ni para qué gastar espacio hablando de tamaña idiotez. Pero sí, voy a utilizarlo para decir que Maduro asemejó en un discurso reciente, parte de la “homilía” del dúo  Ortega-Murillo al hablar de la “Revolución bolivariana…y cristiana”. Ojalá, para bien de su revolución, que nunca se le ocurra asumir la  “homilía” completa de los Ortega-Murillo, sobre una Nicaragua “cristiana, socialista y solidaria”, porque también correría el riesgo de agregar otra parte del lema de Francisco Franco que Daniel ha tomado como suya: que sus  “victorias” son… “Gracias a Dios”.

Los nicas estamos a un paso de ver y oír la consigna franquista copiada de manera completa: “Daniel Ortega, caudillo y jefe del Estado nicaragüense por la gracia de Dios”. ¡Cuidado se “les pasa”, compañeros venezolanos!