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Padre Román comienza a descompensarse y denuncia más acoso

Enfermedades crónicas y deshidratación tienen sin energías a las personas que permanecen atrapadas en templo de San Miguel Arcángel, en Masaya

Luego de cinco días recluidos sin agua y alimentos en el templo de San Miguel Arcángel, en Masaya, el sacerdote Edwin Román junto a un grupo personas que protestan contra el régimen de Daniel Ortega han comenzado a descompensarse. El estrés y una serie de enfermedades crónicas han ido diezmando las energías de quienes se resisten a abandonar una huelga de hambre pese al acoso policial.

El sacerdote, quien padece diabetes mellitus, explicó que se ha descompensado en dos ocasiones debido a la falta de insulina. “He tenido momentos muy críticos”, dijo el religioso, quien también sufre fuertes dolores de cabeza y mareos como consecuencia de la deshidratación y falta de alimentos.

Cuatro de las diez madres de presos políticos, que están en huelga de hambre y aisladas por la Policía del régimen en la iglesia San Miguel, de Masaya. Foto: Cortesía.

Mientras tanto, las madres de los presos políticos que permanecen en huelga de hambre “están mal, no puedo decir que están estables porque llevan (cinco) días sin comer”, manifestó el padre Román. Dos de las mujeres también padecen de asma y dolores en la columna “y aun así -por amor a sus hijos- iniciaron esta huelga de hambre”, continuó el religioso.

Durante la medianoche de este lunes, la Policía llevó a los familiares de quienes permanecen dentro del templo para persuadirlos de que salieran a la calle, una medida contradictoria puesto que fueron los oficiales de la Policía quienes cerraron todas las entradas de la parroquia y encerraron al sacerdote y las madres en huelga de hambre.

Vecinos de San Miguel también son rehenes

Por otro lado, el padre Román denunció, en la cadena de noticias CNN en Español, que los oficiales han fortalecido el cerco policial en el perímetro del templo y se tomaron por la fuerza el patio y el techo de una vivienda que colinda con la parroquia, con el afán de impedir que los vecinos pasen algún tipo de ayuda a quienes están recluidos.

“Hay una casa vecina que se tomaron el patio, tienen de rehenes a una anciana de ochenta años y a su hija, tienen apostados en su casa a dos efectivos policiales y en la parte trasera (de la vivienda) que colinda a la casa cural ahí están cuatro oficiales. Es decir, no tengo ninguna vía para que alguien pueda tirarme o lanzarnos un poco de alimentos o agua” relató Román.

Agentes policiales impiden el paso de los masayas, que intentan llevar víveres al padre -Edwin Román. Foto: Cortesía.

Además, algunos oficiales se encuentran en el techo de las viviendas aledañas y hasta “han cortado las copas de los árboles para tener mayor visibilidad”. Prácticamente “los tengo a pocos metros de mi dormitorio, solo se tiran la tapia e inmediatamente están aquí”, subrayó el religioso.

Orteguismo intenta tomarse los templos

Mientras el templo de San Miguel Arcángel permanece sitiado por quinto día consecutivo, los fanáticos del régimen de Ortega se tomaron por la fuerza la Catedral Metropolitana de Managua y un gran dispositivo policial permanece afuera de la parroquia Santo Cristo de Las Colinas y la iglesia Santa Martha, en el Reparto San Juan, en el centro de Managua.

El vicario de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Carlos Avilés Cantón, denunció que los seguidores de Ortega llegaron a la Catedral como “fuerzas de choque” a echar a un grupo de madres de presos políticos que iniciaron una huelga de hambre. En la revuelta los orteguistas agredieron al presbítero Rodolfo López y la hermana Arelys  Guzmán, quienes se vieron forzados a encerrarse en la sacristía del templo para resguardar sus vidas.

El ingreso al templo de los fanáticos del régimen fue facilitado por la Policía Nacional, una institución que acordonó el perímetro de la iglesia para impedir que los opositores ingresaran al lugar y le abrió las puertas a quienes respaldan al Gobierno.

Ciudadadanos de distintas ciudades del país denunciaron la presencia policial y de turbas en diversas iglesias de Nicaragua, una medida más de acoso contra la población nicaragüense.

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