Política

Farsa electoral, instalación de dinastía familiar y cierre de espacios en editoriales internacionales

El País y La Nación critican “farsa electoral”

Las elecciones del próximo seis de noviembre serán el "acto final de una burda farsa política", afirma el diario costarricense La Nación



Los diarios El País, de España, y La Nación, de Costa Rica, criticaron en recientes editoriales las condiciones políticas establecidas por el gobierno de Daniel Ortega para las próximas elecciones nacionales, en las cuales el mandatario busca un tercer período consecutivo en el poder, junto a su esposa Rosario Murillo como compañera de fórmula.

La Nación asegura en un editorial titulado Farsa, no elecciones, que aunque el próximo seis de noviembre los nicaragüenses “tendrán ante sí algunos nombres de aspirantes sin importancia ni dignidad, el único candidato presidencial real será el presidente, Daniel Ortega”.

En la primera semana de junio, un fallo judicial arrebató la representación legal del Partido Liberal Independiente (PLI) al dirigente opositor Eduardo Montealegre. Luego también canceló las directivas del Partido Acción Ciudadana (PAC). Ambas acciones excluyeron del proceso a la opositora Coalición Nacional por la Democracia y le permiten a Ortega una “elección” sin competencia, para cual también ha prohibido la observación electoral independiente.

“Su esposa, Rosario Murillo, lo acompañará como vicepresidenta, y todo el sistema electoral estará en función de legitimar lo que no será un resultado, sino una arbitraria imposición: la segunda reelección consecutiva del comandante, sustentada, a su vez, en una burda manipulación del Poder Judicial”, critica La Nación.

El diario costarricense considera que “por esto, en Nicaragua no culminará ese día un proceso electoral medianamente legítimo, sino que realizará el acto final de una burda farsa política, señal de que el país se ha convertido, sin duda, en una autocracia familiar –ni siquiera de partido– y que está en serio riesgo de caer en la dictadura y la represión”.

A criterio del diario costarricense, con el nombramiento de Murillo, “han quedado así sellados, al menos mientras las circunstancias lo hagan posible, tanto el control absoluto del poder como la sucesión dinástica dentro de él”.

Gobierno de Ortega, “feudo de una familia corrupta”

El diario español El País afirma en su editorial titulado Ortega se quita la máscara, que el mandatario “ha dado un paso más en su deriva totalitaria” y que  fue el pasado 2 de agosto, con su inscripción junto a Murillo, que Ortega “ha revelado la perversa envergadura de su proyecto”. Para este diario, la entrada al juego de Murillo “asegura la continuidad en el poder de su círculo familiar”.

Además, El País sostiene Ortega “ha ido retorciendo” la democracia “desde que recuperó la presidencia en 2007”.

“Fue concentrando en sus manos todos los poderes del Estado, cambió la Constitución para optar a una reelección indefinida, colocó a sus hijos en puestos estratégicos para tener las riendas financieras y el control de los medios de comunicación, logró seducir a la Iglesia y se blindó tras un discurso populista a la manera de Chávez”, recuerda el diario en su editorial.

El País reconoce que “Nicaragua es hoy uno de los países con mayor crecimiento económico de la zona y también de los más seguros. Pero eso no justifica —añade— convertir la democracia en una caricatura y el gobierno en el feudo de una familia corrupta”.

Los ingredientes del “deterioro institucional”

El diario costarricense añade que la “trágica coyuntura” se ha acelerado durante las últimas semanas, pero su sustento es un “deterioro institucional que ha empeorado con cada año adicional de Ortega en el poder”.

El medio agrega que ese deterioro “ha marchado en paralelo con un proceso de manipulación clientelista, arreglos espurios con algunos opositores, limitaciones a la acción de la sociedad civil, atropello de amplios sectores campesinos, creciente control mediático, control de los demás poderes y un turbio entendimiento con los grandes empresarios nicaragüenses, basado en un cínico y tácito convenio: tolerar las arbitrariedades y ambición del presidente y su familia a cambio de que este no interfiera en sus negocios”.

Además, La Nación recuerda la reciente destitución de 28 diputados opositores, que califica de “un virtual golpe de Estado, ejercido desde el Ejecutivo, gracias a su control de las instituciones clave y de la complicidad de las fuerzas armadas”.

Ortega pierde condiciones favorables

La Nación también subraya que los atropellos se han registrado a pesar de que Ortega encabeza un alto margen de intención de voto, según encuestas divulgadas.

“Que a pesar de su buena posición en tal sentido haya optado por una barrida autoritaria, no solo indica su desdén por la democracia, sino también lo débil que se siente y la prioridad que otorga a su control del poder –y de una inmensa riqueza obtenida al amparo de este– por sobre las instituciones del país”, analiza el diario.

Igualmente, enumera que el régimen de Ortega “ya prácticamente no recibe la ayuda venezolana que podía utilizar sin controles para comprar voluntades e implementar medidas de asistencialismo populista” y que “el espejismo de un ‘gran canal’ cada vez se desinfla más y revela lo que ha sido: otra farsa para enriquecer a la familia gobernante y adormecer a sectores del pueblo” como parte de condiciones económicas menos propicias que pronto podrían volverse en su contra. “De aquí, probablemente, la intención de ‘blindarse’ mediante el control”, estima el diario.

A pesar de todo, La Nación también valora que “desgraciadamente, pareciera que, al menos por ahora, Nicaragua está condenada a más Ortega, más postración, más arbitrariedad, más controles y represión. Las principales víctimas están dentro del país, pero los efectos también se sentirán, para mal, en Costa Rica”.