Opinión

Partido, partidos, elecciones y repartidos

La representación parlamentaria es mera ficción, porque los diputados solo responden a los intereses de la cúpula dominante



El partido

Entre los muchos conceptos de partido, el más elemental se refiere a la organización política integrado por un grupo –pequeño o numeroso— de ciudadanos de ambos sexos, de concepciones ideológicas y objetivos políticos afines. Entre sus objetivos, el más importante es alcanzar el poder político para la conducción del Estado, incluyendo sus instituciones militares, para la realización de su programa político.

El partido traza sus actividades conforme su táctica política en su competición con otros partidos tras su objetivo de tomar el poder político, y define su estrategia para dirigir u orientar su luchas tras el objetivo principal.

Con la táctica y la estrategia, el partido político sintetiza sus objetivos inmediatos y mediatos. Sus objetivos inmediatos, los define según las contradicciones en la lucha política cotidiana y en cada momento histórico. Sus objetivos mediatos, los define en su programa, pero no puede ejecutar ningún proyecto político con fines de transformación social, en tanto no alcance el control del político del Estado.

Los estatutos del partido definen las funciones de sus militantes y las características de sus estructuras orgánicas de base en las cuales hacen su militancia, establecen sus derechos y obligaciones, entre otros:

–Quién y cómo puede ingresar al partido.

–Los requisitos para lograr el ingreso.

–Los deberes que debe cumplir.

–En qué órgano partidario de base debe ejercer su militancia.

–El tipo de disciplina a mantener.

–Sus derechos dentro del partido (según el carácter o el tipo de organización que este tenga).

Toda la actividad práctica del partido (cualquiera sea su característica) la hace en función de lo que plantea la realidad cotidiana del país, pero sujeta –como una guía invariable— al Programa político e ideológico tras el objetivo fundamental.  Por lógica, antes de organizarse y elaborar programa y estatutos, los fundadores de un partido definen su concepción ideológica y sus objetivos inmediatos y estratégicos, que luego proponen a los aspirantes a miembros o militantes.

Los partidos

Las estructuras orgánicas, los estatutos, el programa político e ideología de los partidos políticos no son iguales, porque cada uno  responde intereses de clases y sectores sociales particulares.

Hay partidos que se identifican con las clases populares; tienen normas disciplinarias rígidas; una ideología revolucionaria; se proponen transformar la sociedad; establecen organismos de base (células, comités de base, etcétera) en toda clase de instituciones; condenan las fracciones internas y practican el “centralismo democrático”.

Ese es un concepto característico y esencial en la mayoría de los partidos de izquierda, y combinan el ejercicio democrático con el centralismo, según el cual, previa a la decisión sobre cualquier tema el militante es libre de emitir sus opiniones; pero, tomada una decisión por mayoría de votos, queda obligado a orientar su labor partidaria de acuerdo a ella; actuar en contrario, se considera un acto de indisciplina. Así también, los organismos inferiores del partido se sujetan a los organismos superiores.

El concepto de centralismo democrático es de Marx y Engels quienes, a mediados del siglo XIX, lo aplicaron en la Primera Internacional Socialista. Lenin lo desarrolló en su partido, con la justificación de que el capitalismo tiene todas las armas y…”en la lucha por el poder el proletariado no dispone de más arma que la organización”, la cual de ser lo mejor posible.

Por su lado, los partidos no revolucionarios operan con poca o ninguna disciplina, sus estructuras orgánicas son diferentes; exigen menos requisitos para ingresar, por lo cual el ingresado no adquiere una obligatoria identidad ni disciplina militante;  están en libertad de cumplir o no cumplir las decisiones y las actividades partidarias. Son características muy democráticas para la membresía, pero eso no libera a los partidos de una conducción elitista, antidemocrática, que ejercen los liderazgos partidarios que, en general, están en manos de las élites sociales y económicas dominantes.

Las elecciones

Las elecciones son el medio democrático para alcanzar la posición de partido gobernante, pero cuando las contradicciones políticas y sociales entran en crisis extremas, se generan casos sociales que las derechas pretenden resolver con golpes de Estado militares para consolidar el poder.  En cambio, los partidos de izquierdas lo hacen por medio de insurrecciones políticas y armadas.

Las elecciones no siempre son tan libres ni democráticas como se supone, comenzando por el hecho de que los partidos en disputas por el poder con mayor oportunidad de éxito, son los partidos que representan a las cúpulas sociales y económicas.

En los países económicamente desarrollados, o con poco desarrollo, tienen un costoso sistema de propaganda electoral para captar votantes, lo que solo pueden sostener los partidos controlados por los grandes círculos económicos, de la industria y las finanzas.

El sistema electoral democrático permite la libre participación de todos los partidos, pero la posibilidad del triunfo electoral depende de la capacidad competitiva de los partidos y esta capacidad depende de sus recursos económicos. El objetivo de ganarse a los electores, no depende de las bondades ideológicas ni por los valores políticos y éticos del candidato, sino por la impresión emocional que pueda producir en el subconsciente una propaganda electoral manipuladora, por sus grandes recursos económicos invertidos en campañas con métodos psicológicos.

Casi siempre, el sistema electoral respeta las normas democráticas de participación, pero las posibilidades reales de obtener la victoria son ilusorias para los partidos económicamente débiles.

Ese sistema electoral encuba las llamadas “paralelas históricas”, que la integran los partidos conservadores y los llamados liberales, representativos de élites económicas y sociales que, a veces, forman parte de las cúpulas partidarias, aunque con frecuencia  esas las cúpulas utilizan a políticos de clases menores, quienes se desempeñan como sus empleados dentro de los partidos.

Pasa igual con los diputados y senadores –en donde funcionan dos cámaras legislativas—, y los burócratas de las instituciones públicas, a través de los cuales mandan las cúpulas elitistas. También existe una gama de partidos menores, representativos de otros sectores sociales y políticos que, por debilidad u oportunismo, colaboran con los grandes en sus tramas políticas electorales y los fraudes.

Hay partidos de izquierda que cuando alcanzan el poder lo quieren tener para siempre a nombre del pueblo, así como los partidos de derechas quieren mantener en el poder eternamente a nombre de sus clases representadas.  Hay un sistema electoral “democrático”, donde el voto de la mayoría no es la fuente de la presidencia, sino las élites partidarias con  su “consejo electoral”.  Otros sistemas, lo hacen por medio del fraude electoral.

Todos los sistemas electorales son antidemocráticos, y requieren profundos cambios.

Los repartidos

Los repartidos no lo son porque se repitan, sino porque se reparten los votos de los ciudadanos sean miembros, partidarios o meros simpatizantes. Aun cuando sus votos fueran respetados, los votantes no son quienes toman las decisiones de los partidos.

Nicaragua es un bello-mal ejemplo. Cuando se trata de las leyes de la república, el sistema de la representación parlamentaria no garantiza una auténtica representación popular. La representación parlamentaria es mera ficción, porque los diputados solo responden a los intereses de la cúpula dominante.

Los partidos repartidos, se reparten:

*Los cargos públicos con sus burócratas partidarios (desde el presidente hacia abajo), aunque no sirvan.

*El presupuesto general de la república.

*Los militares, policías, paramilitares y orejas que forman sus  fuerzas represivas.

*Grandes sumas del presupuesto con sobresueldos y otros ingresos disfrazados (combustibles, viáticos, vehículos, etcétera).

*La oportunidad de hacer grandes negocios e inmorales negociados a la sombra del Estado.

Este sistema político… ¡requiere radicales transformaciones, urgentemente!