Opinion

Patriotas contra globalistas

"Trump parece adoptar una visión positiva de México por la política de contención migratoria en la frontera sur"

En tono que recuerda el optimismo fingido de los jerarcas soviéticos, Donald Trump ha declarado en la ONU que el “futuro pertenece a los patriotas, no a los globalistas”. Sin embargo, los principales blancos de su discurso en Nueva York (Irán, Venezuela, Cuba) no son regímenes que se caractericen por la defensa de la globalización. En quien piensa Trump cuando lanza su máxima es China, ese inesperado paladín del libre comercio en el siglo XXI.

El mensaje logra ecos en algunos líderes latinoamericanos que no ocultan su sintonía. El caso más evidente es Jair Bolsonaro, quien le espetó a Emmanuel Macron que la Amazonia no es patrimonio de la humanidad sino recurso natural estrictamente nacional del Brasil. Y bajo esa soberanía, si Brasilia decide que el cambio climático y el calentamiento global son embustes de la izquierda mundial, entonces no hay comunidad internacional que valga.

El otro imitador inconfeso de Trump en Naciones Unidas fue el presidente de Guatemala Jimmy Morales. El político centroamericano se enfrentó a la propia ONU por su apoyo a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que el gobierno guatemalteco disolvió hace un mes. La disolvió, sí, pero justo después que dicha Comisión iniciara una investigación sobre actos de corrupción bajo el gobierno de Morales.

Bolsonaro y Morales, dos líderes que no podrían estar políticamente más lejos de la trayectoria de la izquierda latinoamericana, usaron en Nueva York una terminología llena de palabras como “soberanía”, “independencia”, “nación” e “intervención extranjera”. En otros tiempos esas mismas palabras resonaban con fuerza en los discursos de Fidel Castro y Luis Echeverría, Hugo Chávez y Daniel Ortega.

La artificialidad de esos reclamos nacionalistas, en líderes de la derecha hemisférica, se pone en evidencia desde el momento en que se lanzan en un foro global por excelencia como la ONU. Estos nuevos patriotas estarían defendiendo la supremacía de las naciones en una instancia que busca lo contrario: un marco jurídico transnacional para proteger intereses comunes como el cuidado del medio ambiente y el respeto a los derechos humanos.

De hecho, la presión que Trump intenta ejercer sobre Irán, Venezuela y Cuba aspira a la colaboración de gobiernos europeos y latinoamericanos. Pero lo hace sin los protocolos adecuados ni estrategia clara y con un inocultable unilateralismo que, en el caso de Cuba, lo lleva al conflicto con la Unión Europea. De manera que Trump y sus seguidores en América Latina no están, ideológicamente hablando, enfrentados con los globalistas sino con otros nacionalistas.

Las fricciones de Trump con China no son, en absoluto, ideológicas. Con este presidente ha llegado a la Casa Blanca la versión extrema del pragmatismo estadounidense. Un pragmatismo que ya prescinde, sin mayor escrúpulo, del meollo de la tradición realista en la política exterior de ese país. No es el interés nacional, sino el interés estrechamente corporativo, lo que guía el pleito de Trump con China.

Es paradójico pero comprensible que el único nacionalista latinoamericano de izquierda que logre un entendimiento con Trump sea Andrés Manuel López Obrador. Después de tres años de incesante retórica antimexicana, Trump parece adoptar una visión positiva de México por la política de contención migratoria en la frontera sur. Habrá que ver qué tanto preserva ese trato respetuoso durante una campaña electoral en la que intentará cortejar, nuevamente, a su base nativista.

La disputa de patriotas contra globalistas no es nueva ni es definitiva. Antes que Trump, la querella fue patrimonio de altermundistas seguidores de Noam Chomsky y de bolivarianos seguidores de Hugo Chávez. Sin embargo, la propia apelación a mecanismos internacionales de las grandes potencias mundiales hace imposible cualquier regreso a un mundo de naciones aisladas.

Publicado originalmente en La Razón.

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