Confidencial

Paz y democracia, ¡Ya!

Carlos Herrera | Confidencial

Digo esto desde mi esquina de ciudadano X: ni milmillonario, ni poderoso, ni dueño de medios de comunicación, ni empleador de muchos, ni cómplice de nadie, ni “actor político”; sin capacidad económica para llevar y traer, cabildear, enamorar con promesas de apoyo, censurar o bloquear acceso a círculos de influencia; desde esta esquina que habitamos casi todos, la esquina X, la que los poderosos toman en cuenta solo cuando en ella se construye un tranque:

1. Los derechos humanos no son negociables.

2. Los derechos humanos de los nicaragüenses no son negociables.

3. Queremos justicia y paz. No queremos que nos digan que para tener paz tenemos que pagar con justicia.

4. No puede haber ni justicia ni paz con Ortega-Murillo en el poder. Tienen que irse ANTES de cualquier proceso electoral o constitucional.

5. Por tanto, no aceptamos estrategias de “aterrizaje suave” que ciertos poderosos (desde Pellas-Ortiz-Zamora hasta Humberto Ortega y el propio gobierno de Estados Unidos) prefieren para evitar el colapso del Estado. Es evidente que temen al pueblo democrático de Nicaragua (Y uno se pregunta: ¿Por qué?).

6. La democracia tiene que iniciarse ya: quienes dicen representarnos pueden también ser impugnados por el pueblo, si no defienden la postura del pueblo, es decir, si no exigen que Ortega-Murillo se marche del poder de inmediato.

7. No queremos reformas cosméticas disfrazadas de “orden constitucional”. No somos tontos: Todas las instituciones constitucionales de Nicaragua, sin excepción, están absolutamente podridas. El edificio constitucional es una carcasa. Hace falta otra constitución, construida democráticamente, es decir, con la voz y el voto de todos. Construida no como copia de frases y palabras importadas, sino que como reflejo de nuestra realidad nacional, y con la meta de DISPERSAR EL PODER, para que la dictadura de Ortega-Murillo sea la última de nuestra historia.

8. Nuestra lucha no es por defender la carcasa de constitución que algunos defienden– una consigna tan vacía como el “queremos la paz” del orteguismo. Lo que nosotros queremos es un nuevo orden constitucional, sostenible y legítimo, y ante todo, que NUNCA MÁS sea posible para los poderosos (sean estos políticos profesionales, hombres de negocios, o del gremio que sea) IMPONER su voluntad y sus intereses particulares a la nación.