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Nación

Para PxMolinA "el humor es un mecanismo de defensa ante algo que nos afecta y nos indigna"

Pedro Molina: “Lo que perdés de miedo, lo ganás en libertad”

Pedro Molina

El humor del caricaturista de Confidencial: "Es realmente frustrante que 20 años después siga dibujando a los mismos cabrones".



Pedro Molina dibuja un boceto de Daniel Ortega casi de forma automática. Lo único que agradece de él es que le ha dejado a lo largo de sus mandatos muchos “danieles”. El de esta época, calvo y con tres pelos en la cabeza que evocan un guiño a los “Árboles de la vida” plantados por su esposa, Rosario Murillo, por toda la capital, se ha vuelto un símbolo de la sátira y el humor político nacional. Pedro Molina cumplió 20 años de dedicarse al dibujo, pasión que inició muy joven. Mientras era entrevistado para Esta Noche, Molina dibujaba en su tableta digital, con lápiz en mano, al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su piel anaranjada y su copete exagerado, lo hacen ver ridículo. “Trump siempre me queda más guapo de lo que es”, dice con jocosidad Pedro Molina.

Se cumplen dos años de la masacre contra la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, en París. ¿Creés que ha cambiado el humor en el mundo? ¿Que este hecho hizo al humor políticamente correcto? 

En todo el mundo, ese suceso nos hizo ver a los que nos dedicamos a esto que hay una razón para seguir haciéndolo y que no se puede claudicar ante los desmanes y el fanatismo de gente que no entiende la naturaleza ni la intención del humor. La idea, la intención y el motivo por el cual hacemos esto, sigue tan vivo como siempre.

Tras esta masacre se abrió en el mundo una discusión que tiene que ver con el derecho a la blasfemia. ¿Considerás que el tema de la religión tiene que ser tratado de forma diferente en la caricatura editorial? 

Yo no diría derecho a la blasfemia, pero sí el derecho a cuestionar todo lo que vemos, incluso nuestra fe. Si vos como creyente sentís tu fe cuestionada por un dibijuto, el problema no es del dibujito, es de tu fe y de vos como creyente. El dibujo no hace nada, pero ir a matar a alguien o afectar su integridad física es desproporcional y ridículo.

Hablemos ahora de Donald Trump, un personaje que al parecer no le gusta el humor. Como caricaturista, ¿qué representa para vos Trump?

Todos los que trabajamos en medios de comunicación, tratábamos de sacarle el lado más chistoso a su exageración. Para todos era un gran chiste este señor, nadie se tomaba en serio que sería nominado por el partido Republicano y mucho menos presidente de los Estados Unidos. Los medios subestimamos el poder de la estupidez.

¿Creés que fue un error de los medios no tomar en serio a Trump?

Creo que se tenía que criticar, burlarse de él, y todo eso. Pero además se tenía que entender que había un contexto político y social donde el discurso de Trump iba calando. No se tomó el trabajo de preguntarle al americano rural qué es lo que piensa y siente.

Pasemos a nuestra propia fauna política. ¿Qué personajes de la política criolla son los que más te interesan?

Me interesan todos. Yo acabo de cumplir 20 años de estar en la caricatura. Mi primera caricatura, que no fue publicada, era de un Daniel Ortega, y la primera publicada en un periódico nacional fue de Arnoldo Alemán. Es realmente frustrante que 20 años después siga dibujando a los mismos cabrones.

¿Cómo ves la política nacional después de estos veinte años retratándola con humor?

Como país avanzamos muy lento, hemos retrocedido del 2006 a esta fecha en cuanto a valores democráticos. Yo creo que no hemos logrado como nicaragüenses salir de este círculo vicioso alimentado por el caudillismo, creyendo que es un caudillo el que va a resolver nuestros problemas y que nos tiene que decir qué pensar y qué hacer. Me parece que en cierta forma tenemos que ir  rompiendo esos ciclos. Si esto es un ciclo, lo único que no deseo es que repita el número de sangre del pasado.

Tenemos árboles de la vida, meteoritos que caen sin corroboración científica de ningún tipo, muertos que votan y una pareja presidencial delirante. ¿A vos como artista esto te hace reír o te indigna?

Yo creo que me preocupa porque es competencia desleal. Muchas veces dibujo una caricatura o tengo una idea y digo ‘hombre esta puede ser una buena exageración’ y luego te das cuenta en la noche o al día siguiente que el gobierno hizo otra cosa doblemente peor de lo que vos estabas pensando, en términos de ridículo.

La caricatura se supone que es exagerar la realidad para devolvérsela al lector y que la mire más fácil, pero por ejemplo, cuando se dibuja a la compañera Rosario, yo creo que siempre estoy dibujándole menos pulseras de las que usa.

Contanos cómo es tu día a día, ¿cómo empieza ese proceso creativo de hacer una caricatura?

En realidad, mi proceso no es muy lineal ni hay una rutina muy establecida. Me levanto a la hora que sea, chequeo los correos y las redes sociales para saber de qué se está hablando, leo los diarios, veo blogs y sigo a personas que me interesa su opinión y de ahí voy pensando cuál puede ser la caricatura del día siguiente. Puedo bocetear desde dos hasta ochos ideas diferentes en un solo día y después quedarme a mediodía sufriendo sobre cuál debe ser la caricatura del día siguiente. Ese es el proceso más duro, porque lo otro es un placer.

¿Cómo hacés para mantener el humor? 

La gente que me verdaderamente me conoce nunca dirán que mis caricaturas son precisamente graciosas, sino críticas. Yo creo que el humor es un mecanismo de defensa ante algo que nos afecta y nos indigna y sentimos que es injusto. Burlarnos de todos estos personajes que viven en las nubes y aterrizarlos al mismo nivel que nosotros, nos ayuda a procesarlo. No siempre hago caricaturas con la intención de que la gente se ría. De repente es para indignarse, para reflexionar sobre una realidad que es tan dura y que nos debería de causar indignación.

Hablemos del miedo. En Nicaragua hay muchas personas que deciden callarse y no hacer críticas por temor. ¿Has sentido miedo?

Todos sentimos miedo de lo que pueda pasar en general, por cómo va el país. Si se tiene un poquito de visión, te das cuenta que esto no va a terminar bien. Ellos (el poder) también tienen miedo, después nosotros. Lo que yo pienso es que hay que decir las cosas y sobreponerse a ese miedo, porque eso es lo que nos va cercenando todos los derechos. Lo que perdés de miedo lo ganás en libertad.

¿Considerás que la risa y el humor es la mejor arma contra el miedo y los desmanes del poder?

Es una de las mejores armas. A pesar de que yo fui uno de esos niños en los ochenta que le enseñaron a armar y desarmar fusiles y que les enseñaban a contar ‘tres granadas más tres granadas’, a pesar de eso, la única arma que sé manejar y con la que me siento cómodo y de no dañar a la gente son los lapicitos… ya sean digitales o de madera.

(Con la colaboración de Franklin Villavicencio).