Opinión

Periodismo y literatura: fusión que potencia la comunicación

A propósito del Día Nacional del Periodista.



Este primero de marzo en que conmemoramos el Día Nacional del Periodista, es válido resaltar su importancia en la comunicación de la sociedad. Algo revelador de la trascendencia de esta profesión u oficio es su estrecho vínculo con la literatura, no solo por la gran cantidad de periodistas que se convirtieron en grandes novelistas, sino principalmente por la simbiosis entre ambas disciplinas, lo que potencia sus posibilidades comunicativas en favor de que los contenidos sean atractivos y agradables para las audiencias.

El periodismo parte únicamente de los hechos, de la realidad; la literatura, en cambio, inventa, ficciona, aunque también puede ser realista. En el periodismo, alejarse de la realidad es una transgresión grave; en la literatura hay licencia para crear todo un mundo como si el escritor fuera un Dios omnipotente. Esto marca una enorme diferencia entre ambas, pero no son contradicciones antagónicas como pareciera.

Hay un ancho y fecundo punto de encuentro porque existe una literatura de no ficción en la que los autores se basan en los hechos y escriben sobre estos utilizando técnicas literarias, principalmente narración y descripción. También utilizan, por ejemplo, un movimiento ilimitado en el tiempo (del presente a un pasado antiguo, de este al futuro y de aquí a un pasado reciente). Otras herramientas son el punto de vista (primera, segunda o tercera persona), diálogos y monólogos interiores y las corrientes de pensamiento. Con estas el escritor pone a la vista de los lectores lo que están pensando los personajes.

Un escritor de literatura puede basarse en una historia real para escribir una novela; y el periodismo, por su parte, puede presentar los hechos ciertos escribiendo sobre ellos de una manera bella mediante las técnicas que ofrece la literatura. Una crónica o un reportaje pueden ser literarios.  Investigué sobre el Frente Occidental Rigoberto López Pérez y escribí una extensa crónica o un gran reportaje con mucha narración, descripción, diálogos, juego con los tiempos, etcétera, que se publicó como un libro bajo el título “De León al Búnker”. Los trabajos que se presentan al Premio Iberoamericano de Periodismo Gabriel García Márquez son crónicas y reportajes escritos con el auxilio de la literatura.  Varios periodistas nicaragüenses lo han ganado o han sido finalistas.

Los escritores modernistas encabezados por Rubén Darío (1867-1916) no podían vivir de la literatura por lo que se vieron forzados a procurarse ingresos trabajando de planta –o colaborando– en diarios y revistas, tal como lo hizo el “Príncipe de las Letras Castellanas”, quien solo en el periódico argentino La Nación publicó a partir del año 1889 más de 600 crónicas  con un lenguaje creativo, atractivo e impactante que cautivaba a las audiencias. Muchos de estos reportes los hizo como corresponsal en España donde investigaba antes de escribir, por lo que sus historias representan una fusión de periodismo y literatura que marcaron la pauta para el desarrollo de una nueva crónica latinoamericana.

Antes, grandes escritores como Daniel Defoe (1660-1731), incursionaron en el periodismo. En 1722 publica un reportaje novelado, “Diario del año de la peste”, sobre la epidemia de 1665. El maestro del terror, Edgar Allan Poe (1809-1849), escuchó del asesinato de una mujer a la que él conocía. Investigó y luego escribió un detallado reportaje que primero publicaría en un periódico por entregas y, más tarde, como novela, con el título “El misterio de Marie Roget”. Fiodor Dostoieski (1821-1881) escribió un minucioso reportaje sobre los cuatro años de trabajos forzados que sufrió en la Siberia a partir de 1849, titulado “Memorias de la casa muerta”.

Otros escritores como John Steinbeck, Charles Dickens y Emile Zola, escribieron novelas realistas usando técnicas adoptadas del periodismo para recolectar información y presentar con agilidad los hechos, en combinación con la belleza escritural de la literatura.

El periodista norteamericano Tom Wolfe (1931), se declaró en los años 60 creador de “un nuevo periodismo” por la fusión de su producción periodística con la literatura. Poco después, al presentar “A sangre fría” en 1965. Truman Capote anunció el nacimiento de un nuevo género, la novela de no ficción. En 1959 Capote estaba en Nueva York cuando escuchó del asesinato de cuatro personas de una misma familia en un pequeño pueblo de Kansas. Investigó de modo prolijo durante más de cuatro años y en 1965 publicó su obra maestra, primero por entregas y luego, en 1966, como libro.

Algo similar hizo Gabriel García Márquez con “Relato de un náufrago”, a partir de  largas y minuciosas entrevistas al sobreviviente del hundimiento de una embarcación militar cargada de contrabando. En 1965 publicó su reportaje en 14 entregas en el diario El Espectador y en 1970 como un libro que por su confección literaria se lee como si fuera una novela exquisita. Es decir, a un hecho real Capote y Márquez le dieron un tratamiento preciosista a su escritura.

Para poder realizar lo de Capote y García Márquez es preciso proponérselo desde la investigación de los hechos, pues la literatura exige muchos detalles, una gran profundidad y una diversidad de personajes bien perfilados, material que se obtiene, se recopila y se sistematiza mediante la investigación periodística con múltiples fuentes.

En efecto, diez años antes que Truman Capote, Gabo escribió un largo reportaje novelado, pero no lo presentó como un nuevo género, como hizo el norteamericano. De todos modos la diferencia fundamental es que el trabajo de Capote fue más decididamente novelístico hasta el punto que desde su salida este libro comenzó a considerarse como un clásico.

Periodismo y literatura han corrido parejo durante cientos de años y cada vez se han acercado más hasta el punto que las exigencias contemporáneas determinan que una crónica o un reportaje periodístico deben ser escritos literariamente. Y no solo estos géneros. También la humilde nota informativa desde hace algún tiempo se viene escribiendo como crónica en diarios de muchos países.