Nación

Los antimotines les decían: “Los vamos a matar, los vamos a violar”

Policía libera a 22, madres claman por siete desaparecidos

Excomisionado

“Cuando estábamos en Plaza El Sol, un policía le dijo a otro que nos pegara una bala en la cabeza. Yo solo pensaba en mi hijo”, relata Luis Ordóñez



La Policía Nacional liberó la mañana de este martes a 22 ciudadanos que permanecían detenidos en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), mejor conocida como “El Chipote”. Los apresados fueron entregados a sacerdotes católicos, delegados de la Conferencia Episcopal, que trasladaron a las personas a la Catedral de Managua, donde finalmente se reencontraron con sus familiares.

Los detenidos bajaron de un autobús, en medio de una fuerte brisa, y se abrazaron con sus familiares y amigos. Fue un momento de alegría, para aquellos que pasaron desde tempranas horas de la mañana en el portón de El Chipote. José Luis García, trabajador de la Librería Hispamer, no bajó del autobús.

“A él lo va a venir a dejar su tío, que trabaja en ‘El Chipote’, pero luego que pase la lluvia”, refirió un conocido del joven.

Marcelino Cáceres, estudiante de la Universidad Americana (UAM), relató a Confidencial, el calvario que vivió la tarde del lunes 28 de mayo, cuando fue capturado por antimotines en la gasolinera Puma, cerca del centro comercial Metrocentro, en Managua.

“Nosotros estábamos apoyando a nuestros compañeros de la UNI. Los antimotines pasaban dando rondas, pero solo disparaban y se iban. No se bajaban. La sorpresa fue cuando se bajaron de las camionetas y nos siguieron, ahí si no pude escapar”, asegura.

Cáceres fue perseguido por dos antimotines, que lo acorralaron hasta un muro que divide el terreno de la gasolinera con un predio baldío. El muchacho de 19 años saltó la barrera para huir rumbo a la librería Hispamer, pero no contaba con que a su encuentro saldrían tres oficiales.

Trató de escapar, pero los antimotines lanzaron una bomba sonora a sus pies. El explosivo lo aturdió. Bien podía correr más, pero los oficiales le advirtieron que si escapaba, lo matarían.

“Mi celular me lo quitó un antimotín. Me dijo: ‘Ahhh, este me lo quedó yo’. También me agarró la cartera, sacó los reales y me la volvió a meter en el pantalón. Me golpeó en la cara y cuando nos montaron a la camioneta nos ponían las botas en la cara, nos seguían golpeando con la base de las armas, nos decían que nos iban a matar y que íbamos a pagar por la muerte de sus demás compañeros”, narró Cáceres.

Junto a Cáceres, fueron trasladados hasta el Complejo Policial Faustino Ruiz, mejor conocido como Plaza El Sol, 21 personas más. En esa primera parada, fueron lanzados al suelo. Uno a uno se les preguntó todos sus datos personales. Después se les trasladó a El Chipote.

Luis Alejandro Ordoñez Lagos, de 20 años, también contó a Confidencial la tortura física y sicológica a la que fue sometido junto a todo el grupo. Él fue capturado en la misma gasolinera que Cáceres. “Yo soy barbero en el Huembes, pero me vine a asomar, ese fue mi error”, expresó.

Ordóñez denunció que los antimotines dispararon balines y balas de plomo. Logró refugiarse en la gasolinera, pero, los oficiales le apuntaron en la cabeza, le dijeron que lo iban a matar y lo obligaron a montarse a la camioneta.

“Nos dijeron que nos iban a violar, que nos iban a matar. Cuando estábamos en Plaza El Sol, un policía le dijo a otro que nos pegaran una bala en la cabeza. Yo solo pensaba en mi hijo”, afirmó Ordóñez,

A su llegada a El Chipote, Ordóñez y el resto del grupo fueron obligados a desnudarse. En hilera, les ordenaron que hicieran sentadillas. La tortura física y sicológica fue notable.

“Nos preguntaron sobre quiénes nos pagaban, cuánto recibíamos, que dijéramos quiénes organizaban todo. Yo les dije que no sabía nada, que ni siquiera era estudiante. Le dije que temía por lo que le pasara a mi hijo. Él me respondió que le valía verga mi hijo”, dijo Ordóñez.

Detenciones ilegales, dice el Cenidh

Los detenidos fueron ingresados a las celdas. Algunos estaban en grupos de tres, otros quedaron solos. Cáceres fue de los últimos. Describió la cárcel de El Chipote como un sitio “de tortura”.

Uno de los oficiales le dijo a Cáceres que “agradeciera al presidente Ortega” porque todavía no lo había matado.

“Las camas son de concreto. En un rincón, está una especie de letrina para realizar tus necesidades fisiológicas. Al lado, una especie de lavandero, donde se limpian las panas en las que se come. Pero todo está al lado. El hedor a berrinche es terrible. No podés dormir ahí, no se puede. Además, de tantas historias que había escuchado, temía que por la noche me llegaran a golpear, a matarme, las amenazas eran serias, muy serias”, contó el joven estudiante de Administración de Empresas.

Juan Carlos Arce, abogado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), consideró que las detenciones fueron ilegales. Además, expresó que el actuar de los agentes frente a los ciudadanos es criminal. “Eso es lo que nos preocupa, eso es lo que condenamos, y le pedimos a la Policía que por favor recapaciten de lo que están haciendo, es más, ya no a la Policía como institución, sino a los agentes, que digan no ante esas órdenes de torturar y golpear”, manifestó Arce.

La espera afuera de El Chipote

El hijo de Martha Bolaños, Carlos Roberto Reyes, desapareció la tarde el lunes 28 de mayo, cerca de la rotonda de Metrocentro. Salió de su casa, ubicada en el Reparto San Antonio, rumbo a su trabajo a eso de las 3:00 de la tarde. Por la noche, preocupada porque no aparecía, le llamó en innumerables ocasiones a su celular y no contestó.

“Yo me preocupo porque mi hijo no es de salir hasta noche y menos en estos tiempos. Lo primero que pensé es que quizás lo había agarrado la Policía y lo había traído aquí, al Chipote”, recordó Bolaños.

Reyes había sido capturado cerca de Metrocentro por la Policía Nacional. A pesar de que venía de su trabajo, y solo transitaba por el lugar, los oficiales lo bajaron de su moto y con la misma fuerza y brutalidad con la que trataron a los demás, lo subieron a la camioneta.

“Yo recuerdo que él iba diciendo que venía de su trabajo, pero el antimotín le pegó duro en la cara, en el costado, pero duro sí”, recuerda Cáceres, quien fue trasladado en la misma camioneta que Carlos Roberto Reyes.

Bolaños ignoraba, hasta antes de que le entregaran a su hijo, si había sido golpeado o no. Cuando uno de los párrocos leyó una lista en la que apareció el nombre de su vástago, sintió un gran alivio. Abrazo a uno de las personas que la estaba acompañando y se dirigió hacia la Catedral de Managua, donde le entregarían a su familiar.

“Yo viví la época de Somoza y esto, definitivamente es peor. Es que la Guardia al menos tenía un poco de vergüenza. Estos no, estos te ven en la calle y con ese odio visceral te atacan. Y lo he visto en la televisión y lo he sentido. Daniel y Somoza no son la misma cosa, Daniel es peor, la Policía es peor, atacan sin piedad”, afirmó.

Maribel Araica, madre de Sergio Sotelo, también llegó temprano a la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ). Al igual que las demás madres pidió información por su hijo. Su cara denotaba preocupación, nervio, ansiedad. Estaba acompañada de su esposo y de su hija.

“Sí está mi hijo. El padre leyó la lista y ahí estaba gracias a Dios. A mi muchacho se lo llevaron sin ningún cargo, igual que a todos. Solo espero que esté bien y no me le hayan hecho nada”, afirmó.

Sotelo iba en su moto al momento de su captura. Sin embargo, la motocicleta desapareció. Solo los documentos del vehículo quedaron en sus bolsillos. “Estamos viendo si está en su trabajo, andamos en el corre y corre”, expresó el papá, del mismo nombre.

“Yo le pregunto al presidente Ortega: ¿dónde está esa paz, ese futuro del que nos habló? Yo le creí, creí en su palabra, pero me defraudó. Esto tiene que terminar ya”, lamentó Bolaños.

Faltan los demás desaparecidos

El sacerdote delegado de los obispos terminó de leer la lista de las personas que iban a ser liberadas. Aclaró que eran 22 ciudadanos y que correspondían a quienes habían sido detenidos el pasado lunes 28 de mayo. “Hay que idear un mecanismo para los demás. Pasen sus nombres y nosotros vamos a regresar”, prometió el párroco.

Reyna Martínez escuchó atentamente. Su mirada estaba perdida. Caminó hacia el portón de la DAJ y reclamó directamente a una oficial que estaba en la entrada. “Vos me dijiste que ahí estaba mi chavalo, vos me lo dijiste, por qué no me lo dan, por qué si él no ha hecho nada malo”, insistió.

Martínez contó que su hijo, Andrew Úbeda, desapareció el pasado 24 de mayo. Iba en compañía de Katherine López, su amiga de infancia. La idea de los jóvenes era comprar un pastel para celebrar el cumpleaños de Reyna. Pero nunca regresaron.

Una hermana de Katherine relató que los dos desaparecidos habían participado de algunas marchas pacíficas, por lo que no descartan que hayan sido capturados por haber estado en esas movilizaciones.

“A nosotros nos dijeron que estaban ahí adentro. Esa oficial nos dijo. También otros que estaban adentro. No es justo que los tengan ahí, no es justo, regresen a los chavalos, regrésenlos porque ellos no hicieron nada malo”, dijo entre lágrimas y gritos de dolor, la hermana de López.

Martínez rompió en un llanto amargo, que contagió a los presentes. La alegría de las demás madres, que se marchaban a la Catedral a traer a sus hijos, se esfumó. Todas se solidarizaron con la madre de Andrew.

La presión, la angustia y la tristeza se juntaron. Martínez cayó derrotada al suelo. Luego se desmayó. Entre todos los presentes ayudaron a levantarla y llevarla en un vehículo, para que fuera atendida lo más pronto posible. La escena fue dolorosa. Los presentes, con sus ojos rojos, sentían el dolor de la madre.

Al igual que Martínez, siete madres más continúan realizando una búsqueda por sus hijos. Los desaparecidos hasta el cierre de esta nota son: Alessander Picado (22 de mayo); Marco Novoa (UNAN, 24 de mayo); Kennet Romero Aburto (El Riguero, 26 de mayo); Diana Raquel Gutiérrez (La Primavera, 25 de mayo, 12 años de edad); Katherine Ruiz López (24 de Mayo, 18 años de edad); Christian Mendoza Fernández (El Riguero, 26 de mayo) y Róger Espinoza (UNI, 28 de mayo).

Por la tarde, el grupo de madres llegó a la DAJ. La Policía autorizó que un familiar de cada detenido entrara a las oficinas de El Chipote para que verificaran si estaba ahí la persona que buscaban.

Félix Maradiaga, director del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas  (IEEPP) afirmó que no permitieron el paso a ningún organismo defensor de derechos humanos, además destacó que el teniente Victoriano Ruiz, negó que los desaparecidos estuvieran en esas celdas.

“Ya salieron los familiares y no encontraron a los muchachos aquí en El Chipote. Sólo les permitieron entrar a las oficinas. Les enseñaron la lista de detenidos y dicen no tener a nadie”, dijo Maradiaga.

Las madres de los desaparecidos aseguraron que no descansarían hasta encontrar a sus hijos. “Yo sé que mi hijo está ahí, ellos lo tienen”, exclamó Martínez.