Política

Daniel Ortega supera nuevamente su récord de ausencia

Ortega finalmente reapareció este domingo 21 de febrero en un breve acto para colocar una ofrenda floral en un monumento a Sandino

Al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, no se le había visto en público desde el 11 de enero pasado, cuando ordenó una cadena nacional de radio y televisión para leer poemas de Rubén Darío. Así, el mandatario arribó este sábado 20 de febrero a los 40 días consecutivos de ausencia, mientras la ciudadanía nicaragüense experimenta un repunte de casos de covid-19 y el sistema financiero de Nicaragua se encuentra en vilo por la puesta en vigencia de la denominada “ley de defensa de los sancionados”, creada en la oficina del mandatario ausente.

Ortega finalmente reapareció el domingo 21 de febrero en un breve acto para colocar una ofrenda floral en el monumento a Sandino  ubicado en el parque de la Plaza de la Revolución.  Llegó acompañado del general Julio César Avilés, jefe de Ejército de Nicaragua, el jefe de la Policía, comisionado general Francisco Díaz y Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional. Todos funcionarios sancionados por Estados Unidos por estar señalados de colaborar o participar directamente en los actos de represión a las protestas ciudadanas de 2018.  Se espera que este lunes aparezca nuevamente en un acto central, siempre en el marco del 87 aniversario del asesinato de Augusto C. Sandino.

Ortega superó de esta forma su propio récord de ausencias impuesto el 19 de julio de 2020, cuando después de 38 días reapareció usando mascarilla en el acto oficial del aniversario de la insurrección sandinista y aceptó el peligro que representa la pandemia del coronavirus SARS–CoV2.

Aunque el mandatario acostumbra largos periodos de ausencia, el vacío de poder es cada vez más notorio aunque su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, impone sus monólogos diarios en los medios de propaganda oficial.

Murillo es quien anuncia las apariciones de Ortega, ya sea en lugares públicos o en su oficina en El Carmen, pero en el último mes y medio no ha anunciado alguna aparición del mandatario ausente. Murillo ni siquiera ha mencionado si Ortega estará en las conmemoraciones oficiales por el aniversario del asesinato de Augusto C. Sandino, que según mencionó Murillo se realizarán este domingo 21 de febrero, y concluirán el lunes 22 en la Plaza de la Revolución, en Managua.

Durante la ausencia del mandatario, 1.7 millones de niños y adolescentes regresaron a las aulas de clases a pesar de la pandemia, las universidades reabrieron sus puertas sin ningún tipo de distanciamiento social, los medios de propaganda oficial realizaron bodas masivas y los hijos de la pareja presidencial organizaron conciertos de rock y pasarelas de modas. Los países vecinos; sin embargo, han comenzado a vacunar a su población contra la covid-19.

Además, el país está hundido en su tercer año de recesión económica, la lista de presos políticos sigue creciendo, fue aprobada la pena de cadena perpetua y hasta se creó una secretaría nacional para regir asuntos del “espacio ultraterrestre, la Luna y otros cuerpos celestes”.

En su última intervención Ortega, además de recitar a Rubén Darío, valoró que las elecciones generales de noviembre próximo son “otra tarea que hay que atender” para “garantizar la continuidad” de su Gobierno, que ya cumplió 14 años consecutivos con un país polarizado y en recesión económica.

En esa ocasión el mandatario no dijo nada sobre la demanda nacional e internacional de reformas electorales que garanticen elecciones libres, transparentes y observadas. Actualmente, Ortega y su familia ejercen un control absoluto sobre el Consejo Supremo Electoral (CSE) y han creado un entramado de leyes punitivas para inhibir a la oposición organizada tras la Rebelión de Abril de 2018.

Ortega —inclusive— dio por hecho la continuidad de su régimen y llamó a los empresarios del país a “un gran diálogo nacional” después de las elecciones generales, con el objetivo, dijo, de “construir en nuevas condiciones la gran alianza que logramos construir en esa primera etapa y que se derrumbó”. En 2018, el sector privado rompió con el Gobierno una alianza de más de una década que fue calificada como un sistema corporativista autoritario.

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