Política

¿Quién es quién en la oposición?

Entre debacle del PLC y búsqueda de una alianza plural: ¿Hay condiciones para la participación electoral de la coalición democrática?

La pregunta que está en el ambiente, es si éste es o no un año de cambios políticos en Nicaragua, considerando la tendencia latinoamericana de salida de los gobiernos establecidos en el período pasado.

Las posibilidades de que se produzca un cambio en las condiciones políticas del país, dependen no solamente del desgaste del gobierno, sino también de las capacidades de la oposición para convertir una coyuntura adversa al oficialismo en una que le sea favorable, que se manifieste en una votación amplia en las elecciones de noviembre de este año, lo suficientemente masiva para impedir el más que probable intento de manipulación y alteración de los resultados electorales.

La situación de las fuerzas políticas opositoras, sus alianzas, candidaturas, preparación y convicción de que es posible desplazar a la familia Ortega Murillo del poder, son factores que jugarán un papel decisivo en este período.

Sin duda, quienes se colocan como opositores e incluso como independientes, esperan que se conforme una unidad opositora que pueda hacer frente con contundencia a las estructuras del oficialismo. En la memoria, domina el recuerdo de la Unión Nacional Opositora que derrotó a Ortega y al FSLN en febrero de 1990.

Los caminos del liberalismo

Las aproximaciones a una unidad opositores son diversas y hasta contradictorias. Hasta hace poco, los portavoces oficiales del PLI hacían depender la construcción de una gran alianza opositora, de la proyectada unidad liberal que ha demostrado ser más difícil y huidiza de lo que se advertía a simple vista.

En la última semana de febrero, Noel Vidaurre, abogado corporativo, de origen conservador, candidato del PLC, hizo una propuesta a Eduardo Montelaegre, presidente del PLI, para lograr la unidad liberal en torno a una sola casilla.  Vidaurre ha afirmado estar dispuesto a ser candidato en la casilla 13 del PLI, siempre que la decisión se tome mediante una consulta entre las bases de ambos partidos.  El PLI desechó la propuesta inmediatamente, retándolo a presentarse en las elecciones internas de ese partido.

En realidad, Vidaurre no está afiliado al PLC, ni es directivo del mismo, tampoco tiene en sus manos un seguro legal que le garantice el control de la casilla de ese partido, sólidamente atado a las decisiones de Arnoldo Alemán. Ese es, justamente, uno de los grandes obstáculos para sumar a ese partido a una alianza opositora.

No es un secreto que Alemán ha mantenido, desde 1998, una alianza con Daniel Ortega, que aunque ha llevado a la debacle al partido, le ha reportado un par de cargos para miembros de su familia, en la Contraloría y en la Corte Suprema de Justicia, ocupados por su hija y  hermano respectivamente; le ha asegurado la limpieza de sus procesos judiciales y el tranquilo desempeño de sus negocios.

Cualquiera sabe que utilizar la casilla del PLC equivale a ponerse en manos de los intereses de Ortega en lo relativo a la garantía de participación, los nombramientos para las mesas y consejos electorales, el tendido electoral y la totalidad de los aspectos legales que intervienen en una elección, de crucial importancia, habida cuenta de los fraudes realizados por el oficialismo en 2008, 2011 y 2012.

El PLC no ha actuado como fuerza opositora, sino como un aliado marginal de Ortega, cada vez de menor importancia pues su dramática desaparición de las preferencias de los votantes nicaragüenses lo convirtió en un partido disminuido, que no fue capaz de entender el mensaje de los electores, de la ciudadanía en general, ni siquiera de su liderazgo de base genuinamente opositor.

Por su parte, Noel Vidaurre, en sus escasos desplazamientos en el país no ha mostrado capacidad de mover el interés de la población que se identifica como opositora o independiente. Su candidatura, anunciada más temprano que cualquier otra, se debilita en la medida en que no logra conseguir respaldo en la calle. Su persistencia en una negociación, aparentemente, sin futuro con el PLI, deja la sensación de poca solidez de su candidatura. Vidaurre tiene en contra, su sorpresivo abandono de la candidatura presidencial en el año 2001, lo que aún está fresco en la memoria de la élite política del país.

Desde el seno del liberalismo están creándose dos partidos políticos más, el Movimiento Unidad con Dignidad (MUD) y el Movimiento Liberal Constitucionalista Independiente (MLCI).

El Movimiento Unidad con Dignidad (MUD), es una fuerza política encabezada por Edgard Matamoros, quien fue candidato a alcalde de Ciudad Darío en 2012, víctima de un gran fraude electoral que motivó que los concejales opositores electos no asumieron sus posiciones.  Matamoros, que exhibe cierto perfil caudillista, se ha definido como un liberal sin afiliación partidaria. Había mantenido una posición opositora muy beligerante que decayó en los meses posteriores al ametrallamiento de la caravana del FSLN, el 19 de julio de 2014,  en el tramo de la carretera panamericana que pasa frente a la cabecera del municipio de Ciudad Darío. Aunque no fue acusado por vínculos con los hechores de la masacre, se afirma que sufrió presiones oficialistas, de consideración.  Su partido político ha iniciado los trámites ante el Consejo Supremo Electoral para que se le conceda la personalidad jurídica.

El colapso del PLC, sumado a la inutilidad manifiesta de la ALN y el PLN como aliados funcionales de Ortega, ha motivado la conformación de una nueva expresión política que con el nombre de Movimiento Liberal Constitucionalista Independiente, promueve públicamente y encabeza, el diputado Wilfredo Navarro quien actúa como un leal y destacado miembro de la bancada oficialista en la Asamblea Nacional.  El MLCI pretende erigirse en una agrupación liberal aliada al  FSLN para contribuir a la legitimación de su actuación y en especial, a mantener divididos a los liberales. Esta agrupación también  ha anunciado estar tramitando su personalidad jurídica ante el Poder Electoral.

En ambos casos, estas agrupaciones enfrentan una limitación legal para su participación en las elecciones nacionales de 2016.  El artículo 77 de la Ley Electoral establece que para la presentación de candidatos, los partidos políticos deben haber obtenido su personalidad jurídica al menos doce meses antes de la fecha de las elecciones de autoridades nacionales y seis meses para las restantes. Cabe la posibilidad, si le conviene a Ortega,  que el CSE, quien no ha tenido ningún empacho en violar la ley y la Constitución, les otorgue la personalidad jurídica en una resolución fechada en octubre del año pasado.  De lo contrario, estas fuerzas estarían obligadas a decantarse hacia el oficialismo como integrantes de la alianza del FSLN o hacia la oposición.  En tal caso, se puede esperar que el MLCI se sume al FSLN, asegurando la diputación de Navarro.  La decisión de Matamoros, es aún una moneda en el aire.

El FSLN cuenta en su haber con Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el Partido Liberal Nacionalista (PLN), dos partidos de papel que cuentan con personalidad jurídica.  En las elecciones pasadas operaron como peones del oficialismo prestando sus nombres para facilitar al FSLN, total dominio en la integración de las juntas receptoras de votos y los consejos electorales.

El Partido Liberal Independiente (PLI) ha sido quien más se ha beneficiado de la crisis del PLC, aunque no ha podido reunir a todas las fuerzas liberales que se agruparon en torno a ese partido en 1996 y no logra despertar el entusiasmo de entonces en las bases liberales. En el liberalismo de la calle, se continúa criticando que su liderazgo no salió a la calle para oponerse y denunciar el fraude electoral de 2011 y se afirma que el interés del partido está amarrado a las ambiciones personales de un pequeño grupo que solamente pretende conservar ciertos espacios en la Asamblea Nacional, sin apuntar a derrotar a Ortega.

Sin personalidad jurídica, existen dos agrupaciones más que se identifican como liberales. El Movimiento Liberal “Ramiro Sacasa” y la Cruzada Liberal, constituidas ambas por antiguos miembros del PLC.  Son expresiones pequeñas, aunque cuentan con algunas personalidades representativas en algunos departamentos como Carlos Noguera y José Pallais, en Jinotega y León, respectivamente. Ambas, se han integrado a la Coalición Nacional por la Democracia, una alianza que pretende participar en las elecciones en la casilla del PLI.

En las condiciones actuales, no queda mucho por definir para las distintas expresiones organizadas del liberalismo.  Es improbable que la vertiente pactista y alineada al oficialismo, abandone su cauce. El principal desafío de los liberales de la oposición sigue siendo el motivar a un sector que cada vez más abandona la identificación liberal para situarse como independiente.

Se busca una alianza plural

Una edición del Miércoles de Protesta en las inmedicaciones de Metrocentro. Cortesía
Una edición del Miércoles de Protesta en las inmedicaciones de Metrocentro. Cortesía

El PLI, el MRS, el PANAC, la UDC, el Movimiento Liberal  “Ramiro Sacasa”, la Cruzada Liberal y sectores de la Resistencia Nicaragüense, han constituido la Coalición Nacional por la Democracia.  Luego de semanas de haberse conformado y a pesar que están finalizando la elección de sus candidaturas para diputados o diputadas, conforme las normas internas de cada fuerza, no existe la percepción entre la mayoría de la población de que se ha logrado la unidad opositora. Para que esa opinión cambie, la Coalición deberá mostrar que va al proceso electoral con decisión y convicción de ganar, con una estrategia y una oferta adecuada, con candidaturas atractivas y motivadoras.

La Coalición pretende mostrarse como alianza plural, a pesar de la notoria incomodidad del PLI, que no pocas veces da la impresión de preferir un modelo de subordinación del resto de fuerzas y no de alianza, lo que de cara a la condición actual del electorado puede ser un grave error.

La masiva abstención en las elecciones municipales de 2012 dio un mensaje directo al PLI.  Su sola presencia en una boleta no es suficiente para motivar una votación elevada. Si las personas no ven una fuerte alternativa opositora, no asistirán a votar. En sectores del PLI, se culpa al MRS por haber contribuido a la abstención.  La presencia de ese partido y de otras fuerzas no liberales en la Coalición, siempre que se proyecte como una alianza plural, debería contribuir a convocar a esos votantes que desistieron de ejercer su derecho en esa oportunidad.

El MRS, identificado como de izquierda democrática, sigue sin recuperar su personalidad jurídica cancelada en 2008, aunque mantiene abierta una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).  Tradicionalmente más fuerte en los centros urbanos de la región del Pacífico, ha ampliado su influencia en sectores campesinos, especialmente los movilizados contra el proyecto del canal interoceánico. Ha mantenido un perfil opositor y cuenta con presencia importante en las redes sociales.

El PANAC, una fuerza de orientación cristiana evangélica, ha estado preparando condiciones para tramitar su personalidad jurídica, aporta a la Coalición el contacto con una base rural.  Por su parte, la Unidad Demócrata Cristiana (UDC), una de las bajas que sufrió la alianza del FSLN, aunque carece de base social, tiene un vínculo internacional que le prestó legitimidad internacional a un Ortega necesitado de la misma en 2007.

La Coalición no ha presentado sus candidaturas a la fórmula presidencial.  Se menciona insistentemente la posibilidad de Fabio Gadea, quien fue candidato en 2011.  Como candidatos a la vicepresidencia, dentro del PLI se menciona a Luis Callejas, diputado por Chinandega y a Said Zavala, diputado al Parlacen, ambos de absoluta confianza de Eduardo Montealegre. El reverendo Saturnino Cerrato del PANAC ha expresado su aspiración a la candidatura presidencial y en las redes sociales, se ha propuesto a Ana Margarita Vijil, presidenta del MRS, como posible fórmula de Gadea. Eduardo Montealegre, de nuevo, ha renunciado a ser candidato presidencial.

Los desafíos de la Coalición Nacional por la Democracia pasan por lograr mayor cohesión interna y ésta, por la habilidad del PLI, dueño de la casilla y única fuerza con personalidad jurídica, de contribuir a construir y mostrar una alianza verdaderamente plural, representativa de distintos sectores, que pueda salir a conquistar al más del cincuenta por ciento del electorado que en algunas encuestas, afirman ser independiente.

Otra alianza se ha integrado.  La Unidad Democrática que agrupa al Partido Conservador (PC), el Partido Social Cristiano (PSC), el Movimiento Tres Revoluciones y el llamado PLI histórico.  El Partido Acción Ciudadana (PAC) participaba de ese esfuerzo, hasta el día de las elecciones primarias para elegir candidaturas, en las que alegaron vicios en el proceso que favorecían al Partido Conservador, que al final de la jornada se impuso como el ganador. Las primarias, en lugar de contribuir a su fortalecimiento, resultaron en factor de división.

El PC bajo la presidencia de Alfredo César quedó como la única fuerza con personalidad jurídica.  La alianza anunció que comparecerá en las elecciones bajo esa bandera y en esa casilla.  Aún es temprano para dar por confirmada esa afirmación. No se puede descartar que se sumen al PLC.  Al PC le había sido cancelada su personalidad jurídica en 2008 y le fue restablecida en 2011, junto a la diputación de Alejandro  Bolaños, su presidente, en lo que se interpretó como un arreglo de Ortega con esa fuerza política.  En las elecciones nacionales pasadas, los conservadores participaron aliados con el PLC y en las municipales de 2012, lo hicieron en su propia casilla con resultados muy precarios.

El Partido Acción Ciudadana tiene una disyuntiva similar. Debe decidir si participa por su cuenta o solicita su integración a la Coalición Nacional por la Democracia.  Si decide no participar, perdería su personalidad jurídica. Es una casilla que se encuentra bajo presión, pues en el CSE existe un expediente de reclamación de los sellos del partido, por parte de un grupo opuesto a Moisés Hassan, su presidente actual.

Como parte del juego de dividir y debilitar a la oposición, Ortega mantiene vivas las aspiraciones de los reclamantes del PAC y de quienes se denominan PLI histórico.  En ambos casos, desde los corrillos oficialistas, se difunde información que da por elaborado un proyecto de resolución y otro de sentencia que resolvería ambos casos en detrimento del PAC de Hassan y del PLI que preside Montealegre. En el primer caso, se pretende inutilizar la casilla del PAC y en el otro, mantener amenazado al liderazgo del PLI y a la Coalición para impedir que se empleen a fondo en estas elecciones.

En los días finales de febrero, se realizó una gran asamblea del partido Yapti Tasba Masraka Nanih Asla Takanka (Yatama), una fuerza política miskita con gran influencia en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, que rompió su alianza con el FSLN el año pasado, aunque su diputado continúe formando parte de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional.  La vinculación con Yatama le había servido a Ortega para cortejar a las comunidades miskitas, hasta que la propia dinámica expansiva del poder político oficialista local y los intereses contradictorios sobre las autoridades territoriales, las tierras y las concesiones de recursos naturales, fracturaron la relación.

Un sector importante de los participantes se pronunció por abandonar toda alianza política y concentrarse en la defensa de los intereses de las comunidades. Sin embargo, los líderes de Yatama lograron obtener un voto de confianza para trabajar un acuerdo con otra fuerza política, aún no especificada, para participar en las elecciones de este año.  No se conoce de potenciales arreglos con ninguna de las fuerzas opositoras, ni de intentos de la Coalición o de la Unidad Democrática para incluir a Yatama. No hay que descartar un nuevo arreglo, aunque frágil, entre esa fuerza y el FSLN.

La unidad opositora

En el imaginario colectivo de las bases opositoras, la UNO, alianza política de catorce fuerzas, que participó y ganó las elecciones de 1990, es el modelo a seguir.  Poco se recuerda que no todos los partidos políticos, ni todas las fuerzas estaban agrupadas en la UNO.  Otros ocho partidos no sandinistas, de todo el espectro político e ideológico, fueron a las elecciones en sus propias casillas.

La UNO ciertamente se construyó y mostró como una alianza amplia y plural, integrando agrupaciones de izquierda, derecha y centro, sumando apoyo de sectores de la sociedad civil.  Aunque eran considerados como fuerzas o partidos muy pequeños, con escasa estructura territorial, lograron establecer una candidatura motivadora con doña Violeta Chamorro, aprovechar la coyuntura de debilidad del gobierno sandinista, mover la observación internacional y construir a marcha forzada un tendido electoral.

Contaba con cierto respaldo en medios de comunicación, escritos y radiales, pero no en la televisión y ciertamente, se enfrentaba a la maquinaria política permanente del FSLN, respaldada por las instituciones y con recursos que multiplicaban varias veces los que contaba la UNO.

Al final, los resultados de la UNO fueron mucho más que la suma individual de cada una de las fuerzas que la integraban.  La mayoría del electorado opositor obvió las otras ocho casillas y concentró sus votos, en un efecto de unidad en las urnas, en torno a una casilla para respaldar a una alianza a la que otorgó credibilidad y en la que reconoció una fortaleza.

Las experiencias no pueden repetirse, pero son parte del aprendizaje social.  Aunque aún se esté configurando el panorama opositor para las elecciones de noviembre, es indudable que las bases opositoras se sumarán a quien, como en el boxeo, se presente y actúe como un primer retador y no como figura de relleno.

*Perspectivas (No. 102). es un informe de análisis político del Centro de Investigaciones de la Comunicación (CINCO), y es parte del Observatorio de la Gobernabilidad que desarrolla esta institución

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