Opinión

Políticos desahuciados buscan protagonismo

La dictadura también reprime como tabla de salvación de un sistema político en que se sustentan intereses de diversos grupos de vieja y nueva clase



La dictadura Ortega-Murillo no reprime solo como recurso propio y último para su sobrevivencia, sino también en su función de tabla de salvación de un sistema político en que se sustentan los intereses de diversos grupos de la vieja y nueva clase dominante con poder económico, pero dependientes de la fuerza militar y del aparato burocrático estatal de los dictadores para sobrevivir con sus privilegios… en un futuro de ilusión.

Entre la vieja y nueva clase, ha surgido por imperativo histórico, una causa común en la defensa mutua de los privilegios, aunque los políticos de la vieja clase desprecien a los dictadores por sus orígenes sociales y políticos, y ambos aparenten tener una fuerte enemistad política.

Esa unidad objetiva, es la que representa el líder del jurásico Partido Conservador, y en el zancudero de la Asamblea Nacional, Alfredo César. Como se sabe, este llegó a ese estanque politiquero en premio por su participación en los últimos circos electorales, y ha sido, hasta hoy, el más activo y mediático de los zancudos tras la búsqueda de legitimar una nueva maniobra.

Esa maniobra consiste en elegir otro Consejo Supremo Electoral con nuevos nombres de personas, pero de vieja mentalidad politiquera.  O, en otro caso, con políticos nuevos revueltos con los políticos conservados dentro del viejo odre de la política tradicional.

Sus pretextos, son conocidos: que a los partidos políticos –es decir, los del zancudero, únicos con personalidad jurídica— corresponde hacer las reformas a la Ley Electoral, y a elegir los nuevos cargos en los Poderes del Estado.  Esto, por desgracia, es verdad, porque no hay otro poder legislativo, pero es falso que sean sus partidos a los que “compete” en exclusiva decidir sobre el tema electoral.

Para justificar tal pretensión, el político zancudo asegura que así “se acaba cualquier monopolio de la Alianza”, y a la que solo le atribuye el derecho de discutir el “asunto económico” y el de “los presos políticos”, aunque les regala el derecho de “hacer sugerencias”.  ¡Generoso el zancudo!

Pero si hay que hablar de monopolio, este lo tiene la dictadura sobre la Asamblea Nacional, y lo que tiene la Alianza –y les falta a los partidos zancudos— es la representación del movimiento estudiantil, de la juventud en general, y de todos los organismos sociales y políticos de la Unidad Nacional Azul y Blanco.

El parlamento tiene la facultad de legislar de manera exclusiva, pero los “opositores” del zancudero de la Asamblea Nacional lo hacen en obediencia a la dictadura, y ellos tienen el derecho de “criticar” y “proponer”, pero no tienen la posibilidad de ganar ninguna votación frente a la aplanadora orteguista. Lo que hacen con su presencia, es dar “legitimidad” a las leyes de la dictadura.

Porque, ¿cuál es el origen de su “mandato”?  La promoción orteguista de los fraudes electorales de donde salió la “representatividad” de los diputados orteguistas, liberales, conservadores, arnoldistas  y de  otros partidos que, de tan pequeños, no llegan a zancudos, sino a chayules.

El envalentonamiento del líder cachureco para pretender marginar a la Alianza Cívica de la decisión sobre el tema electoral, le viene, en primer lugar, de ignorar la distribución y el papel de las fuerzas políticas reales enfrentadas dentro de la crisis nacional, y de haber pedido a la OEA, por medio de Luis Almagro, que les deje a los partidos de la AN, la discusión del proyecto de reforma electoral acordado por la OEA con la dictadura antes del 18 de abril/2018.

Una dundera, pues ya está dicho, lo electoral será aprobado por la  AN por mandato constitucional, pero eso no le otorga el protagonismo principal y único en la crisis.  En la situación actual, los partidos zancudos y los diputados orteguistas no son protagonistas, sino comparsas.  Lo que prevalecerá en la AN es lo que aprobaren sobre materia electoral los encomenderos de la dictadura con la Alianza Cívica.

La función de la OEA tampoco ese imponer su criterio en torno al tema electoral, sino solo proponer sobre el tema, pues serán los protagonistas del diálogo político quienes podrán determinar su contenido. Lo más importante: un posible acuerdo sobre lo electoral, no sería firmado al gusto de los delegados de la Alianza Cívica, sino de acuerdo a lo que convenga al movimiento popular.  Y este, ha decidido cambiar el sistema electoral viciado y poner fin a la destrucción de la constitucionalidad de la república, por medio de elecciones adelantadas.

En lo referente a la elección de los cargos en los llamados Poderes del Estado, formalmente corresponde a la Asamblea Nacional, pero también deberá de hacerse conforme a lo que pudieren acordar las dos partes importantes en conflicto.  Porque no se trata de cambiar las apariencias de legalidad, sino de hacer real la legalidad en la vida política nacional.

Con todo, hay que volver a la realidad actual.  Aquí, ahora, nada será discutido en materia electoral, mientras los dictadores no cumplan los acuerdos ya firmados desde finales del mes de marzo.  Pero hasta hoy, los derechos políticos y las libertades ciudadanas –como el derecho de manifestación— siguen siendo burlados por el régimen, tal como sucedió del viernes 19 de abril.

Ninguna de las excarcelaciones hechas corresponde al espíritu de los acuerdos, porque, además de que han salido bajo la figura de la “convivencia familiar” (no en plena libertad), no les han limpiado de las absurdas acusaciones de cuando los secuestraron, algunos fueron juzgados y otros condenados de forma ilegal.

Si esos puntos siguen siendo burlados y, además, siguen secuestrando a los ciudadanos y no paran las torturas en las cárceles, ¿sobre qué base de confianza y razón se puede pasar a la discusión de los otros puntos de la “hoja de ruta”, sobre la que tanto le gusta declamar al jefe de los encomenderos de los dictadores en las pláticas políticas?

De manera que los afanes del líder conservador zancudo por estar en la escena electoral fuera de tiempo y con pretensiones de figuración, son absolutamente vanos.  Y si, como dice el mismo zancudo conservador, las negociaciones “estrictamente electorales nos toca a los partidos”, ¿pensarán que alguien va a confiar en ellos siguiendo, como siguen, en el zancudero orteguista, maniobrando contra los cambios?

No abandonan el zancudero, porque los dictadores les regalaron la personalidad jurídica, nadie les puede regalar un poco de ética para que puedan adquirir personalidad propia.  Es decir, su autonomía. Tal vez si tuvieran el valor de renunciar a la y denunciar a la dictadura, pudieran ganar alguna aceptación popular, a pesar de que ya fueron desahuciados por la juventud.

Y si olvidaron el motivo de ese desahucio, se los recuerdo: el hecho de llevar sobre sus espaldas toda la carga de la responsabilidad histórica de los partidos tradicionales –incluido el FSLN-orteguista— por el atraso, la miseria, las traiciones al país y al pueblo, más por el montaje de dictaduras para el inmoral enriquecimiento de sus cúpulas partidarias.

Por todo el demérito del que gozan, más su falta de credibilidad ante el pueblo, los partidos tradicionales no podrán montar la maniobra de convocar con la dictadura un “nuevo diálogo” al margen de la Alianza.  No obstante, el movimiento popular deberá estar alerta y denunciando cualquier maniobra que pretenda debilitarlo en su lucha frente a la dictadura por la  libertad y la democracia.