Opinion

¿Por qué Biden?

Quien gane la presidencia podría quedar muy condicionado por la conducta de Sanders y sus partidarios

WASHINGTON, DC – La suerte de la que posiblemente esté siendo la contienda más significativa e inusual de la historia para nominar al contendor de un presidente en funciones en Estados Unidos parece estar echada. El ex vicepresidente (exvicepresidente) Joe Biden, que había sido descartado por la mayor parte de los observadores hasta que su triunfo en Carolina del Sur el mes pasado y las victorias en otros estados sureños dieran vuelta las tornas, hoy cuenta con una ventaja tan clara en delegados por sobre su rival, el Senador (senador) estadounidense Bernie Sanders, que parece imposible que este lo supere. Las victorias de dos dígitos de Biden en los tres estados que votaron el 17 de marzo (Florida, Illinois y Arizona) duplicaron su ventaja a más de 300 delegados. (Ohio pospuso su primaria debido a la pandemia de COVID-19). Sanders, tras haber dado señales de que abandonaría la carrera (después del debate entre los dos de la noche del domingo), ha vuelto a hacerlo ahora.

Tras un decepcionante inicio en Iowa y Nuevo Hampshire (estados en los que acabó en el cuarto y quinto lugar, respectivamente) y un mediocre final en Nevada (en un distante segundo lugar frente a Sanders), muchos descartaron a Joe Biden de las primarias. Y, sin embargo, dio vuelta la situación con rapidez, gracias a unos cuantos factores clave: el carácter poco representativo de Iowa y Nuevo Hampshire, estados desproporcionadamente blancos, la solidez del voto afroamericano en el sur y el apoyo clave a Biden de Jim Clyburn, líder de la mayoría en la Cámara de Representantes y la figura política afroamericana más influyente de Carolina del Sur (y probablemente de todo el sur estadounidense). Pero lo más importante es que hubo un cambio al interior del propio Biden.

Como me explicara Clyburn hace poco, tan pronto como un incierto (y poco ágil) Joe Biden entró al ruedo fue objeto de ataques sobre el hecho de que Hunter, su único hijo que continúa vivo, se hubiera unido a la junta directiva de una empresa gasífera ucraniana de gran envergadura, Burisma, en momentos en que su padre, como vicepresidente de Barack Obama, estaba a cargo de tratar con la corrupción generalizada de Ucrania. Esto lo puso a la defensiva. Luego, en palabras de Clyburn, “las acusaciones de varias mujeres de ser una persona que entra en contacto físico con facilidad” acentuó su incomodidad. Siempre según Clyburn, mientras Biden trataba de reponerse, “fue atacado sobre el tema del transporte obligatorio de personas afroamericanas” por la Senadora (senadora) por California Kamala Harris. Durante toda su vida Biden ha sido un defensor de los derechos civiles, pero el transporte obligatorio de estudiantes de raza negra, a menudo a través de grandes distancias, para integrarse a escuelas blancas era profundamente impopular entre el electorado obrero. (Clyburn también se había opuesto a este sistema de transporte, impopular para muchas familias afroamericanas).

Clyburn optó por apoyar a Joe Biden, y no solo porque sus familias eran amigas de toda la vida. Los candidatos demócratas de raza negra que estaban más abajo en las primarias, especialmente aquellos que en 2018 habían arrebatado a los republicanos la mayoría en la Cámara de Representantes, tienden a ser moderados. Ambos grupos se sentían incómodos con la perspectiva de Sanders, que se describe como socialista demócrata, ganara las primarias. Suponen, con razón o no, que Trump aplastaría a Sanders.

Pero Clyburn sentía que Biden estaba poniéndoselo difícil a la gente. “Joe no estaba siendo él mismo”, me dijo. En una reunión el domingo previo a las primarias de Carolina del Sur, que se realizarían el sábado siguiente, le pidió a Biden que “se relajara” y hablara a la gente “de manera más personal, sobre sus familias y sus comunidades”. También le aconsejó que “no hables de lo que hicieron tú y Obama, sino sobre el futuro que pueden esperar los que voten por ti”. En el primer receso del debate Clyburn fue a la trastienda y le dijo: “Estás diciendo todo lo que hay que decir, pero la gente no te siente. Mira directo a la cámara y habla de forma más personal (…) No vas a recaudar mucho si la gente no puede sentirte en el debate”.

Joe Biden ha organizado una efectiva coalición de votantes afroamericanos y de personas que habitan los suburbios, principalmente mujeres. Como en 2016, Sanders ganó en las franjas más jóvenes, pero no alcanzó a cumplir su promesa de ampliar significativamente su base electoral en 2020. En los tres días transcurridos entre las primarias de Carolina del Sur y el Súper Martes (supermartes) (cuando hubo votaciones en 14 estados) dos otros candidatos, Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, viendo que no tenían opciones de ganar, se retiraron y apoyaron a Biden. Los ex candidatos (excandidatos) Harris y el Senador estadounidense Cory Booker de Nueva Jersey, ambos afroamericanos, también lo hicieron después del Súper Martes.

Sanders enfrentó otra desventaja: muchas encuestas indicaban que a los votantes les importaba mucho menos su coincidencia ideológica con el candidato que sus posibilidades de derrotar a Trump, lo que se reflejó en las decisivas victorias de Biden el 10 de marzo en Michigan, Missouri y Mississippi. En ese punto, mucha gente creía que Biden sería el nominado por el partido demócrata.

El empresario multimillonario y ex alcalde (exalcalde) de Nueva York Mike Bloomberg también se retiró después del Súper Martes y apoyó a Biden. Su estrategia de entrar tarde a la carrera después de inundar el país con anuncios ingeniosos y costosos no funcionó después de que apareció en persona. Y sus razones para competir habían desaparecido: había supuesto que Biden seguiría siendo un candidato débil y que él mismo sería el contendor más sólido frente a Trump. Pero cayó de bruces cuando participó en su primer debate el 19 de febrero. La Senadora estadounidense Elizabeth Warren protagonizó los ataques más contundentes, sobre las quejas de misoginia en la empresa de Bloomberg (aunque no se le acusó de abusos físicos sino de hacer comentarios insensibles sobre las mujeres).

La retirada de Warren dos días después del Súper Martes fue vista por muchas mujeres demócratas como un golpe devastador a las oportunidades femeninas de ganar la presidencia, visión que ella misma alentó. Aunque había mantenido índices de popularidad bastante altos el otoño pasado, el que no fuera capaz de encabezar la carrera no debería causar sorpresa. Incluso sus colegas liberales del Senado quedaron desconcertados por la intensidad de sus propuestas de una amplia reforma a las políticas nacionales y la dimensión de sus nuevos programas de gobierno, y de lo que percibieron como una actitud de cierto fanatismo. De todos modos, resulta enigmática la opinión de que su fracaso en ganar la nominación es una calamidad para las mujeres que buscan la presidencia, ya que los demócratas nominaron precisamente a una mujer hace cuatro años.

Mientras tanto, el Presidente (presidente) Donald Trump, que era visto como un candidato formidable a la reelección gracias a una economía aparentemente sólida y a los altos índices en la bolsa de valores, se enfrenta hoy a un colapso económico debido a la pandemia del COVID-19 (que acabó admitiendo a regañadientes). Sin embargo, mientras escribo estas líneas a mediados de marzo, su desastroso manejo de la respuesta estadounidense al mortífero nuevo coronavirus todavía no había cambiado las actitudes hacia él de manera significativa. Incluso después de que restara importancia y ridiculizara los temores al COVID-19 durante varias semanas, para luego declarar emergencia nacional, sus devotos seguidores continuaban aceptando todo lo que decía y las actitudes hacia el nivel de peligro seguían a grandes rasgos las líneas de los partidos.

Y ahora, al igual que en 2016, quien gane la presidencia podría quedar muy condicionado por la conducta de Sanders y sus partidarios, lo que introduce un nuevo elemento de incertidumbre a las que ya se están perfilando como unas elecciones excepcionalmente volátiles e impredecibles.

Elizabeth Drew es una periodista con base en Washington. Su último libro es Washington Journal: Reporting Watergate and Richard Nixon’s Downfall (El diario de Washington: el informe de Watergate y la caída de Nixon).

Copyright: Project Syndicate, 2020.
www.project-syndicate.org

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