Opinion

Por qué deben suspenderse las elecciones regionales

Pulitik Mapabuanka: Las elecciones regionales del caribe y la crisis política nacional

[El] “tema de la autonomía nunca logró subir a una prioridad
nacional en nuestro gobierno. Además, el Estatuto de Autonomía no
estaba ligado a nada respecto al Estado. Nosotros como gobierno
tampoco estábamos preparados para atender a la Costa. Por un lado
no estábamos claros de lo que había hecho allí el sandinismo en 1987,
pero por otro lado no nos podíamos oponer, había que respetar ese
sentimiento de autonomía”
Antonio Lacayo, Febrero 2003.[1]

Las octavas elecciones regionales de autonomía programadas para el próximo domingo 3 de Marzo del 2019, se deberían suspender. Esto, por importantes razones: el país atraviesa una de sus peores crisis políticas de su historia, y no existen garantías para un proceso electoral transparente que sea capaz de dar confianza a los ciudadanos costeños de que sus votos serán respetados; la reciente reforma a la Ley Electoral – aprobada recientemente por aplanadora del oficialismo Orteguista – permitirá votar a personas no registradas en el padrón electoral con el simple requisito de mostrar su cédula electoral, lo que abre una cuestionable ventana para que personas no-residentes costeñas voten en las elecciones regionales, en abierta violación a la Ley de Autonomía; la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso de YATAMA vs Nicaragua de 2005 estableció la necesidad de una reforma a la Ley Electoral para asegurar garantías constitucionales de participación política, en particular de un “recurso judicial sencillo, rápido y efectivo que permita controlar las decisiones del Consejo Supremo Electoral que afecten derechos humanos, tales como los derechos políticos.” A pesar de las recurrentes peticiones de YATAMA, los resolutivos centrales de la sentencia no han sido atendidos por el Estado de Nicaragua; finalmente, las negociaciones previstas a iniciar esta semana entre la Alianza Cívica y el gobierno tendrán como cuestión central la democratización del país, que incluye unas elecciones libres y transparentes, asunto que concierne al proceso autonómico costeño.

Sin democracia no hay autonomía, y para la sociedad costeña autonomía es la forma de ejercer democracia y las libertades fundamentales. El gobierno del FSLN al desmantelar el sistema democrático del país, también ha hecho colapsar el frágil marco institucional de la autonomía a través de elecciones faltas de credibilidad y transparencia.

Y, sin embargo, las octavas elecciones regionales se realizarán a como está previsto en el calendario electoral. Para el Orteguismo, posponerlas sería aceptar que en Nicaragua las cosas no están normal y que los procedimientos ordinarios constitucionales del país se han alterado. Es decir, equivaldría a darle argumentos a la Secretaria Ejecutiva de la OEA en el proceso iniciado para aplicar a Nicaragua la carta democrática. Es imperativo pues, desde la posición del Orteguismo, que las elecciones se efectúen de acuerdo al calendario oficial.

Ante el inminente día electoral, la autonomía regional y el deseo de la sociedad costeña por un proceso abierto y transparente, competitivo y legítimo, pasarán a un segundo plano. Esa ha sido hasta ahora la constante en los tiempos de la autonomía costeña: subordinada a los imperativos políticos nacionales, incluyendo el rol predominante de los partidos políticos nacionales en el funcionamiento de los órganos de gobierno regional.

YATAMA, organización política costeña que participa en el actual proceso electoral, lo hace bajo protesta por que considera que “no hay condiciones políticas y técnicas necesarias para la realización de elecciones regionales, puesto que en el país no se cuenta con un sistema electoral que brinde la confianza y seguridad a las fuerzas políticas y a la ciudadanía.” Para YATAMA, no participar en las elecciones regionales hubiese significado perder su personería jurídica. Se puede diferir de la decisión que tomaron las asambleas comunitarias de YATAMA, pero es innegable han dejado muy clara su vocación de paz, civilidad y compromiso por la democracia. Pulitik Mapabuanka, en el idioma Miskitu significa la acción de rebeldía, de oponer resistencia cívica, que en las condiciones actuales del país tiene un eminente sentido político.

Es importante no olvidar que, en medio del conflicto político-militar de los años 1980, la paz en Nicaragua inició en la Costa Caribe y este proceso estuvo ligado a la autonomía y la realización de elecciones libres y transparentes. En Mayo de 1985 en la comunidad de Yulu el gobierno del FSLN e insurgentes de MISURA liderados por Eduardo Panting (Comandante Lian Pauni o León Rojo) acordaron un cese al fuego. El acuerdo facilitó las condiciones de regreso al río Coco para los miles de familias que contra su voluntad vivían en Tasba Pri, y facilitó operaciones tácticas al Ejercito Popular Sandinista para contener los ataques del FDN en la región de las Minas. A pesar de muchas dificultades, los acuerdos permitieron que otros grupos alzados abandonaran las armas y participaran en las deliberaciones sobre la autonomía, convertida en Ley en Septiembre de 1987.  El año siguiente, en Octubre de 1988, ochos meses después de firmados los Acuerdos de Sapoa, Tomás Borge declaró que la guerra en la Costa había terminado. Así, las primeras elecciones de autonomía se realizaron en Febrero de 1990, junto a las elecciones nacionales y los primeros Consejos Regionales Autónomos tomaron posesión en Mayo de ese mismo año.  En el Caribe Sur bajo el control de la UNO, y en el Norte bajo una composición prácticamente igual entre concejales de YATAMA y el FSLN. Allí empezó un camino infructuoso para construir democracia y autonomía en la Costa.

De eso, hace casi treinta años. Y las lecciones históricas para la sociedad costeña parecen ser tan vigentes hoy como lo fueron en 1990: paz, autonomía, y democracia son valores que debemos defender porque su plena realización se encuentra ligada a las vicisitudes del país, de sus instituciones y del sistema político y su desarrollo económico. Así como la dictadura es la antítesis de democracia y del ejercicio pleno de las libertades individuales y colectivas, la dictadura es también la antítesis de la autonomía. Por eso necesitamos elecciones regionales autónomas libres y transparentes, para reafirmar los derechos de autonomía y la importancia de paz. Si las elecciones se convierten en una formalidad para legitimar el control hegemónico del FSLN en los Consejos Regionales, violando el pluralismo cultural y político de la Costa Caribe, entonces será imposible hablar de autonomía, paz y democracia. Y sobre todo, equivaldría a transgredir los principios del régimen autonómico costeño.

[1] Citado en Pierre Frühling, Miguel González & Hans Peter-Buvollen. 2007. Etnicidad y Nación. El Desarrollo de la Autonomía de la Costa Atlántica de Nicaragua. 1987-2007 (Guatemala: F&G Editores) p. 124

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