Opinión

Precariedad nacional

El esfuerzo conjunto es la única garantía que tenemos que los fenómenos naturales no se conviertan en nuevos desastres de proporciones impredecibles



Nicaragua se encuentra marcada por desastres naturales de todo orden: erupciones volcánicas, inundaciones, sequías, tormentas, terremotos, etc. Conocemos hasta la saciedad nuestra vulnerabilidad y lo limitado de nuestros recursos económicos, sin embargo, cada vez que nos enfrentamos a un nuevo desastre, nos encontramos con las carencias de siempre: falta de preparación, falta de aplicación de las medidas preventivas establecidas, poca o nula conciencia por parte de la población, improvisación y asistencialismo como respuesta a situaciones graves que ameritarían la aplicación firme de políticas de largo alcance.

La fuerte actividad volcánica y tectónica del Pacífico de Nicaragua pone sobre el tapete la precariedad de las construcciones -algunas de ellas nuevas, la falta de aplicación de normas y regulaciones urbanas y de construcción vigente y la permanente improvisación tanto de las autoridades como de la población. Urgen también planes concretos de protección y prevención de daños en los inmuebles y conjuntos de carácter histórico, cuya antigüedad y características constructivas los convierten en especialmente vulnerables ante los desastres naturales como sismos. 

A partir del terremoto de Managua en 1972, se reforzó el Código de Construcción con normas de estricto cumplimiento para evitar que se repitiera un desastre de aquellas proporciones y se garantizaran altos  coeficientes de seguridad en las nuevas edificaciones. Sin embargo, a sabiendas que la condición geológica de nuestro país es de alto riesgo, no se ha seguido una política preventiva de mediano y largo plazo, especialmente en toda la zona del Pacífico del país que, a través de la aplicación de estrictas normas de seguridad, evite la pérdida de vidas y minimice los daños materiales.

Las oficinas locales de urbanismo muchas veces carecen de personal calificado o simplemente otorgan permisos para edificaciones que no cumplen con el Código de construcción establecido, incidiendo de manera directa en la acumulación de riesgos en caso de desastres. Urge la voz autorizada de los Colegios de Profesionales que asuman su cuota de responsabilidad ante la poca o nula beligerancia de las autoridades y propongan medidas responsables que protejan la vida y los bienes de los nicaragüenses.

A pesar de la repetición anual de las inundaciones en Managua, la municipalidad continúa haciéndose de la vista gorda y permitiendo que se desarrollen asentamientos en el lecho o al lado de cauces naturales, con las consecuencias de todos conocidas. No podemos alegar desconocimiento o inexperiencia. Es simplemente desidia y yoquepierdismo. Toda propuesta de nuevos asentamientos o creación de residenciales, debe cumplir con lo que la ley establece y analizar su impacto ambiental, los requerimientos de servicios básicos, el equipamiento mínimo requerido, el impacto en la red viaria, etc. Es indispensable analizar el todo, la ciudad en su conjunto, la forma en que las propuestas encajan dentro de los planes de ordenamiento urbano y territorial, porque nada funciona como un compartimiento estanco sino que se interrelaciona y actúa como parte de un todo. 

Tampoco se hace esfuerzo alguno para evitar que los recolectores de agua pluvial en las esquinas tengan sus correspondientes tapas y rejas y la población continúa con su inveterada costumbre de taponarlos hasta la asfixia con basura de todo tipo. Las inundaciones son consecuencia directa de esta práctica, que se extiende a los cauces, considerados como gigantescos basureros por amplios segmentos de la población. En muchos casos, la mejora de las condiciones de esta infraestructura no depende de grandes inversiones; es necesario establecer planes a corto, mediano y largo plazo, que se pueden ir desarrollando o aplicando con responsabilidad y constancia, basados en el sentido común y en la necesaria campaña permanente de educación de la población.

Pero ante todo, URGE insistir en la responsabilidad de todos: autoridades, profesionales y población. El esfuerzo conjunto es la única garantía que tenemos que los fenómenos naturales no se conviertan en nuevos desastres de proporciones impredecibles.

Arq. Amelia Barahona

Septiembre 2016