Opinión

¿Qué pretenden ocultar Ortega y Avilés?

La noticia de la adquisición de los tanques no es producto de la imaginación de los medios, es de pura factura rusa



La noticia de la existencia de un “contrato de suministro a Nicaragua de 50 tanques modernizados T-72B1 en el marco de la cooperación técnico-militar bilateral (Rusia-Nicaragua)”, así como del encargo de la Fuerza Naval a Rusia “de 4 lanchas patrulleras del proyecto 14310 Mirazh”, y que “está en marcha un contrato de suministro de dos lanchas coheteras (misileras) del proyecto 1241.8 Molnia (el más costoso de la cooperación técnico-militar bilateral)”, fue elaborada por la agencia RIA Novosti y publicada en el portal ruso Sputnik News.

La nota agrega que “existen todas las premisas para la ampliación de la cooperación técnico militar entre Rusia y Nicaragua, en particular en materia de defensa antiaérea y suministro de aviones escuela Yak-130”.

Así que la noticia de la adquisición de los 50 tanques, cuatro patrulleras, dos coheteras y aviones Yak-130, no es producto de la imaginación de los medios de comunicación independientes, ni de las organizaciones de la sociedad civil ni de los políticos opositores al régimen de Daniel Ortega. Es de pura factura rusa.

Frente a esa noticia, el vocero del Ejército declaró no conocer la cantidad ni los montos, aunque afirmó “que en el marco del plan de modernización y desarrollo del Ejército de Nicaragua se han venido realizando las gestiones para la renovación de equipos que han dado su vida útil”. El portavoz, ignorante confeso de información que está obligado a conocer, se refería únicamente a los más de 100 vetustos tanques rusos T-55 adquiridos en la década de 1980 en el fragor de la guerra civil, que nunca fueron utilizados y por décadas han permanecido apilados en las bodegas castrenses, salvo dos o tres de ellos que se exhiben en el desfile militar de los 2 de septiembre cuando se celebra el aniversario de la constitución del Ejército.

Pero Ortega, y el mismo general Avilés, “jefe” del Ejército, han guardado un sospechoso y vergonzoso silencio. Callan sobre el valor total de esas irracionales adquisiciones y no explican cuál es la hipótesis de conflicto a las que éstas responden, es decir, qué país o países amenazan la soberanía e independencia nacional y la integridad territorial, ni cuál es la doctrina militar en la que se sustenta el empleo de los tanques de combate, las coheteras y los aviones de combate Yak-130.

También callan sobre el “contrato” de los tanques, el “contrato en marcha” de las coheteras y los alcances de la cooperación técnico-militar bilateral Rusia-Nicaragua, así como sobre la posible ampliación de la misma y sus implicaciones, porque los US$ 80 millones que cuestan los tanques T-72B1 son apenas una pequeña porción de un negociado mayor, multimillonario.

Las dos lanchas coheteras Molnia tienen un precio de mercado de US$ 90 millones, las cuatro patrulleras Mirazh US$ 20 millones, cada una con un costo de mantenimiento de US$ 1.5 millones, y US$ 38 millones tres aviones de entrenamiento y combate Yak-130. Esos precios no incluyen obligados gastos adicionales de entrenamiento de personal, repuestos (refacciones), operación y mantenimiento.

Ortega y Avilés ocultan que se trata de adquisiciones de medios de guerra para satisfacer el ego de uno y las extravagancias superfluas del otro cuyo costo mínimo estimado es de US$ 240 millones pero que de seguro ascenderá a un poco más de US$ 300 millones.

Lugo de varios días de mutismo, el “Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional” rompió el silencio oficial, pero para imponer silencio, censura. En su comunicado del pasado 30 de abril advierte que “Solo el presidente de la República y el Ejército de Nicaragua están facultados para abordar temas de Seguridad Nacional con el sentido de realidad y seriedad que corresponden”. Pero el Comunicado solo alcanzó a provocar escepticismo y risa porque Ortega tiene años de no bridar una conferencia de prensa y Avilés permanece rebutido en su bunker en la Loma de Tiscapa.

De ese comunicado se desprende que el resto de mortales que habitamos en este empobrecido y saqueado país vivimos en un mundo irreal y no somos serios. La realidad, sin embargo, es que son Ortega y los militares quienes viven en la irrealidad y muy lejos están de ser serios porque remilitarizar al segundo país más pobre del hemisferio, en el que unos tres millones de habitantes apenas subsisten con menos de dos dólares por día, es la muestra más evidente del grado de alienación que les ha provocado el poder mal habido y peor ejercido.

Pero de seguro Ortega debe estar regodeándose creyendo que con ese despilfarro está conjurando las “amenazas” creadas artificiosamente por su mentalidad paranoica y conspirativa; y Avilés, feliz con sus nuevos juguetes de guerra, para librar guerras imaginarias contra enemigos externos también imaginarios.

Pero esto no es nada nuevo, es un síndrome —el “síndrome Alba”— que padecen los mandamases del llamado socialismo del siglo XXI. Lo padeció Hugo Chávez y lo padecen Nicolás Maduro, Evo Morales y Rafael Correa, quienes de tiempo en tiempo, precisamente cuando las condiciones internas les son adversas y buscan desviar la atención de los problemas que enfrentan sus países, se victimizan y con gran alharaca denuncian que hay planes para matarlos, que se está fraguando un golpe de Estado o que es inminente una invasión del “imperio”.

No son serios porque ninguno de los dos —Ortega y Avilés— da la cara asumiendo sus responsabilidades ni rinden cuentas al pueblo nicaragüense de la forma en que malgastan recursos que deberían ser utilizados para combatir la breza y la pobreza extrema, ofrecer educación y servicios de salud de calidad, ejecutar políticas públicas para hacer frente a los efectos del cambio climático, solo para citar algunas de las graves carencias y urgencias no satisfechas de los nicaragüenses.

¿Por qué Ortega no ha enviado a la Asamblea Nacional, para su aprobación, el convenio de cooperación técnico-militar binacional, Nicaragua-Rusia, aun sabiendo que su aplanadora en el Parlamento lo aprobará sin cuestionar siquiera una letra de ese oneroso convenio? La respuesta es simple: Para Ortega, la ley y la institucionalidad no existen, solo él y sus ambiciones, y en ese perverso juego autoritario cuenta con la complicidad de la cúpula militar encabezada por el general Avilés.

Para algunos, el comunicado oficial del inconstitucional gobierno de Ortega puede parecer un tapaboca al jefe de la bancada oficialista en la Asamblea Nacional, quien aseguró de forma peregrina y majadera que los tanques T-72B1 se emplearían para combatir al narcotráfico y el crimen organizado. Crasa ignorancia del “profesor” de Derecho Constitucional de una respetable universidad en Managua al pretender justificar lo injustificable.

Sin embargo, la realidad es que se trata de un vano intento por acallar las voces que se han alzado para denunciar esas adquisiciones irresponsables, insensatas e inmorales, las voces que advierten que Ortega y Avilés están remilitarizando Nicaragua y abriendo las puertas a una peligrosa e innecesaria carrera armamentista que viola el principio del balance razonable de fuerzas prescrito en el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica de diciembre de 1995 y que podría tener un efecto derrame en los países del Triángulo Norte de Centroamérica.

Igual o más grave es el hecho que al dotar a los uniformados subordinados a Ortega de esos medios de guerra se lanza un claro mensaje intimidatorio para quienes rechazamos su proyecto continuista y que aspiramos a vivir en una Nicaragua democrática sustentada en el imperio de la ley y la fuerza de las instituciones, no en la voluntad y ambiciones de un mal aprendiz de dictador y de los incondicionales que le rodean, incluida la cúpula militar.

Si hoy no denunciamos estos desmanes, mañana no tendremos autoridad siquiera para dolernos de nuestras desgracias.

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*Consultor Civil en Seguridad, Defensa y Gobernabilidad Democrática