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Opinión

Primer acto

Rosario y Daniel han llegado ya a nivel de auto-endiosamiento, lo cual es muy serio para todos nosotros



Este año empieza con ventarrones y nubarrones, como si la naturaleza se hiciese eco de los acontecimientos políticos que estamos viviendo. Se inaugura el período de una Asamblea, diseñada y ungida por Daniel Ortega, con un presidente tan inadecuado como inesperado y los vientos causan un apagón en todo el país. Se instala el nuevo gobierno electo por una minoría de ciudadanos, y la indiferencia o repudio de la mayoría, y ni una profusión de flores puede ocultar la censura del mundo expresada en la raquítica presencia de jefes de estado.

Sólo en la serie “House of Cards” (Castillo de Naipes) sobre una pareja inescrupulosa que llega a ocupar la presidencia y vice-presidencia de Estados Unidos, tras una carrera política llena de atropellos, maniobras sucias y hasta asesinatos, se ha visto que una pareja se atreva a proponerse como Presidente y Vice-Presidente de un país y se salga con la suya. En la ceremonia pública de sus nombramientos, fue realmente surrealista ver a la pareja Ortega-Murillo proclamarse soberanos de una nación ensombrecida por miles de muertes de patriotas que lucharon contra una dinastía familiar. No podía dar menos que escalofríos ver a marido y mujer celebrando la “victoria” de un ejercicio electoral cuyo resultado aseguraron desde el inicio torciendo las reglas del juego para garantizarse un gane, no sólo del poder ejecutivo, sino de una Asamblea Legislativa absolutamente sumisa. “Gracias a Dios” dicen los rótulos que celebran desde hace meses “Tiempos de Victorias”. Rótulos triunfales que muestran desde entonces el estado de cosas que nos ha sido impuesto: la  Señora Murillo como protagonista al lado del marido, y ambos como ungidos por el altísimo para gobernar en pareja.

Por el respeto a lo que Dios representa para tantos, no puede más que chocarme ese “gracias a Dios” de los rótulos. El agradecimiento tiene una doble lectura. Insinúa que el poder de la pareja proviene de un acto de la divinidad, cuando es de sobra conocido que nada fue dejado a la voluntad de Dios en este proceso. Igualmente, en la toma de posesión, me chocó la falta de respeto a nuestra pobre y mil veces atropellada Constitución, por la enmienda del juramento que en ella se consigna para Presidente y Vice. Tan poco le vale a esta pareja lo que está escrito en nuestra Carta Magna que, con una soberbia realmente sin precedentes, se redactaron un juramento exclusivo para ellos. Nuestra flamante ahora Vice-Presidenta, como reina medieval, se atrevió a cambiar el simple SI, juro, que le correspondía decir, por “juro con el poder de Dios, encomendándome a Dios y al pueblo nicaragüense que nos acompaña

¿Qué fue eso, señora, de jurar “con el poder de Dios”?  Ya escribí una vez de que en los Ortega-Murillo hay una visión monárquica de su poder. No podría haber una mayor confirmación. Sólo la realeza piensa que su poder deviene del altísimo y reside directamente en su familia. Por eso existe la línea de sucesión familiar. Rosario y Daniel han llegado ya a ese nivel de auto-endiosamiento, lo cual es muy serio para todos nosotros. Como partido político, el FSLN ha dejado de contar con órganos ejecutivos que tendrían que decidir en colectivo y limitar las atribuciones de los dirigentes. En su visión, “con el poder de Dios,” la pareja es como Luis XIV: El Estado son ellos, el Partido son ellos, Nicaragua y su pueblo son ellos y la verdad es lo que ellos piensan.

El cinismo con que el Presidente, nombrado por sus socios, habló esa noche, fue verdaderamente de antología. En primer lugar, trató de ser magnánimo y feminista diciendo que las mujeres “no tienen un esparadrapo en la boca”  (no señor, hace ratos que no lo tenemos) para a renglón seguido, como buen patriarca, “ordenarle” a su mujer a que hablara, sin pensar que siendo ella una mujer organizada, no le gustaría en esa instancia verse obligada a improvisar. No le quedó a ella más que recurrir al lenguaje de sus transmisiones del medio día, lleno de admoniciones y la afectada dulzura religiosa que de tan exagerada pasaría por artificial incluso en un personaje del realismo mágico latinoamericano.

Pero eso no fue nada comparado con la dispersión y falta de sustancia del discurso del esposo. Salió al podio con folders y papeles, pero como suele suceder, no ocupó ninguno de los materiales que seguramente le prepararon con mucho trabajo y dedicación. Debió haber dado un parte de su gestión y hablar de los grandes logros que espera alcanzar y por los que ha considerado pertinente y necesario para el bien del país, recetarse otros cinco años, pero volvió hacia el pasado como ya le es usual, quizás porque fue la época donde todavía se sentía revolucionario. Obviamente su corazón no lo engaña tanto.

Así ha empezado el año en Nicaragua. Ojalá las hormiguitas no le cuenten a Pedro Joaquín Chamorro lo que pasó el día que se conmemoró su muerte, esa que fue la chispa que terminó con el poder dinástico de una familia.

Managua, Enero 2017.