Opinión

Puro esplendor es Chagüitillo

Pragmático, pícaro, crítico acérrimo de corrupción y tiranías, esplendor del socialismo



Hace tres años, cuando Domingo Sánchez Salgado –querido y llamado por todos  “Chagüitillo”- acababa de  cumplir sus 97 años, el 23 de diciembre de 2012 publiqué en “La Prensa” un artículo titulado “Chagüitillo: esplendor en el socialismo”, pues consideré en aquel momento y sigo considerándolo ahora, que aquel homenaje que se le tributó ese día en la UCC, lo era a la coherencia de su militancia socialista. Toda una época de vida honesta y valiente, enclavada entre dos siglos de esplendor humano, el cual se acrecienta ahora, cuando este domingo 20 de diciembre de 2015, alcanza sus cien años. ¿Quién puede cargar con 100 años y correr como si estuviera levitando? ¡Da gusto ayudarle a “Chaguitillo” a cargar  aunque sea un poco del peso de sus 100 años! Quiero decir, que ha sido un verdadero honor haber compartido con él un poco de sus épocas, como alumnos del maestro que estamos agasajando.

Pragmático, pícaro, crítico acérrimo de corrupción y tiranías, supo granjearse, en el terreno de la honestidad, hasta el respeto de quienes no siendo ideológicamente afines, seguían el mismo curso conque las estrellas guían a los patriotas, sin distingos de colores políticos, como por ejemplo, el Héroe de la Patria y Mártir de las Libertades Públicas , Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Ahí está, brillando para hoy con más fuerza que nunca, ese sendero de luces en el firmamento y que es una de sus lecciones para esta época de tinieblas. Por eso pesan los 100 años de Domingo Sánchez Salgado, pues tienen el peso específico de la enseñanza para no ser esclavos, para no ser dogmáticos, para no ser ortodoxos, para no ser ambiciosos, para no ser vende patrias y para no discriminar a necesarios compañeros de lucha. Por eso pesan estos 100 años de “Chagüitillo”,  y pesarán para siempre en la historia de Nicaragua.

Ha vivido en dos siglos de sus propias luces. Alejo Carpentier estaría admirado de que en un hombre se sintetizaran no uno sino que dos siglos de luces, en los que les ha tocado vivir  con dignidad, persecuciones, torturas y prisiones de Somozas de todos los siglos. Dos siglos rodean las historias, así en plural, de este hombre sencillo, campechano y “Güegüence”, dicho en el mejor sentido del nicaragüense que no se somete a colonialismo o imperialismo alguno, capitalismo salvaje o explotación del hombre por el hombre. Un militante siempre nuevo, a pesar de la edad. Una edad que, vista desde una perspectiva histórica, en términos dialécticos lo rejuvenece. La picardía en sus gestos y la mirada matrera desconcierta a cualquier señor Gobernador Tastuanes –bajo cualquier disfraz- conque aún hoy pretenda engañarlo; 105 fueron las veces en que el eterno dictador Anastasio, con su dinastía, con su “extirpe sangirienta”, lo envió a la cárcel con Ambrosios y Forsicos, “sin menester licencia”.

Nos es para cualquiera llevar a cuestas cien años tan bien llevados, como los ha llevado Domingo Sánchez Salgado. Si hasta parece un petroglifo de su natal Chaguitillo, representando, sobre esas piedras que nunca dejarán de hablar de nuestra historia, la imagen de un viejito malicioso cargando sobre sus espaldas, en grandes fardos o atados como los de dulce, quintales de todos los “chagüites” (discursos muy de su peculiar consecha) que ha pronunciado en la a nuestro parecer corta vida, pues breve nos resulta lo intensamente ejemplar.

Siempre han sido los “chagüites” de Domingo, magistrales por naturales, casi siempre improvisados, sustentados en su sencilla forma de ser, es decir, coherentes con el transcurso de su vida revolucionaria como dirigente obrero de alma socialista. En uno de los petroglifos que ya mencioné, está dibujada una prisión. Su típico sombrero parecía haber nacido con él a la hora de asomar su rostro, siempre optimista, a la salida  de una de sus “carceleadas”. Y encima y debajo de ese sombrero, iban años de trabajo político, de organizar huelgas y de convertirse en una obligada referencia en Nicaragua, de la lucha contra la dictadura. Como escribió Onofre Guevara López, quien fuera Secretario General del Partido Socialista, fue Domingo “un militante de la causa socialista y prototipo del dirigente del movimiento sindical obrero y campesino independiente de Nicaragua.”

Y es que la ética socialista que ha practicado y practica Domingo Sánchez Salgado, implica el rechazo moral a toda  degradación humana. Esta es la forma de ganar colectivamente la carrera al tiempo. Los hombres dignos, que como Domingo han formado hombres honestos, ávidos de justicia, siempre encontrarán en ellos un relevo que es la mejor forma de prolongar las causas populares. Todos tenemos ese deber: Ser honestos y dejar esa huella, y todos lo podemos hacer. Un poeta escribió una verdad muy sencilla: “Hoy pongo aquí mi nombre, para que mañana recordéis, que no hubo hombre alguno en la tierra, capaz de no dejar su huella”.  “Chaguitillo” nos ha heredado en vida.

Porque ciertamente hay huellas imborrables, que suman y suman y nunca restan. Para sólo mencionar algunos nombres de esos viejos camaradas: Pancho Bravo, Miguel Flores (Florito), Manuel Pérez Estrada, Francisco Hernández Segura, Juan Lorío, Mario Flores Ortíz, Manolo Cuadra, Guillermo Suárez Rivas, Germán Gaitán, y todititos esos hombres socialistas, comunistas, sandinistas de verdad, que cargando con su tiempo,  supieron llevar con gallardía un pan al hombro, y a quienes hace pocos días se sumó Danilo Aguirre Solís.

El asunto es que Domingo Sánchez Salgado, “Chagüitillo”, está cumpliendo cien años de edad este 20 de diciembre de 2015.  La ejemplaridad de hombres así radica en su respeto profundo al concepto de civilización contra barbarie, y en deponer, como lo hizo Sandino, intereses personalistas. La nación por encima de la ambición. Eso, aquí en Nicaragua, hoy por hoy, se llama Domingo Sánchez Salgado. Y esa es su huella

Es por eso que al escribir, hace tres años, sobre su persona, dije y sostengo que me estoy refiriendo a “Chagüitillo” como esplendor del socialismo. Una creatura esplendida que irradia honestidad, y quien, como deseo repetir, sin abandonar nunca sus convicciones ideológicas, supo respetar los ideales de otros. Eso se llama aprender de los errores de la historia, para no repetirlos. Domingo Sánchez Salgado es ese hombre que indeleble deja su huella, y que nos sigue enseñando a ganarle el maratón al tiempo. No es un boxeador de peso completo, salvo para sus adversarios, que son los nuestros, que saben que es un hombre de peso, porque pesan de fraternidad sus años, y que nos enseña que antes o después todo triunfo es colectivo; que es un esfuerzo sin fronteras en donde el ahora, es siempre, y que si en él el socialismo siempre ha sido esplendor, hora es que para Nicaragua la libertad sea resplandor.

*“Extremadura”, Masatepe, 20/12/15. Discurso dicho en la “Mansión Teodolinda”,  con su ausencia física debido a su ya precario estado de salud, el propio día en que cumplió sus 100 años, el domingo 20 de diciembre. Poco más de dos meses después, el 8 de marzo de 2016, Domingo Sánchez Salgado “Chagüitillo”, hizo como si nos dejaba, para no dejarnos jamás. A esa forma de irse, no se le puede llamar fallecimiento. Sigue aquí con nosotros, igual de sonriente que siempre.