Opinion

¿Qué quiere la oposición?

Es fundamental fortalecer la unidad desde las bases territoriales en pro de ampliar capacidades de organización, movilización colectiva e incidencia

Todos en el seno de las fuerzas democráticas de la oposición en Nicaragua estamos de acuerdo en que las exigencias más inmediatas en este momento de la lucha frente a la dictadura son la liberación de los presos políticos, el restablecimiento de las libertades públicas, reformas electorales que le devuelvan al electorado la confianza de participar y elecciones anticipadas libres, transparentes, competitivas y observadas.

De igual forma, aceptamos como bases para un futuro en libertad, justicia y democracia las propuestas presentadas por la Unidad Nacional Azul y Blanco, Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y COSEP: justicia sin impunidad, restablecimiento y fortalecimiento de la institucionalidad democrática y el Estado de derecho, un modelo de desarrollo sostenible y equitativo, una política social enfocada en los más vulnerables, entre otros. Sin embargo, los obstáculos para construir consensos alrededor de constituir una coalición nacional no son los puntos de un plan de nación; en el fondo, el impedimento es acordar quienes “manejarán el barco” y sobre que “barco” la oposición en Nicaragua unificada se aglutinará.

Dicho lo anterior, dos posiciones se resaltan en el gran espectro de lo que hoy es la oposición al régimen de Ortega y Murillo. Por un lado, ciertas fracciones influyentes en la toma de decisiones dentro de la UNAB y la Alianza Cívica argumentan que se debe construir un vehículo nuevo para competir electoralmente contra Ortega, dado que los partidos políticos existentes se encuentran ampliamente desacreditados.

Bajo esta posición hay una cierta nostalgia a 1990, cuando se conformó la Unión Nacional Opositora (UNO), encabezada por doña Violeta Barrios de Chamorro. Por tanto, el llamado a la “Unidad” de las fuerzas democráticas ha sido abanderado por dichas fracciones sin hacer referencia al objetivo claro y la forma en cómo se debe construir y operar dicha Unidad.

Estas convocatorias a cimentar la “Unidad” de la oposición es parte del periscopio que ocurre en Nicaragua desde 2006 cuando se acerca un proceso electoral; y luego, ya recompuestos los juegos de cuotas de poder, el llamado pierde vigencia por falta de estrategias, excluyendo la posibilidad de otros escenarios políticos. En el contexto actual, los acuerdos entre las fuerzas democráticas no pueden arroparse en la asignación de candidaturas o repartirse posiciones ganadoras sin antes conciliar un plan para derrotar a la dictadura.

Frente al llamado de Unidad de tales mencionadas fracciones, algunos partidos políticos como Ciudadanos por la Libertad (CxL) han afirmado no aliarse bajo ninguna circunstancia con “Socialistas”, haciendo referencia a grupos miembros de la llamada UNAB, lo cual dificulta acercamientos entre esta confluencia y uno de los partidos con más credibilidad en la escena nacional, aludiendo a sus bases territoriales que incluyen desde excarcelados políticos, líderes juveniles hasta alcaldes de los municipios del interior de Nicaragua.

Lo que es claro es que no valdría la pena iniciar a estructurar el cuerpo organizativo de un potencial partido sin tomar en cuenta el avance en las exigencias de liberación de los presos políticos, reformas electorales y elecciones anticipadas. Sin embargo, no empezar un proceso organizativo desde las bases territoriales podría generar dos consecuencias: no estar listos en un escenario de elecciones anticipadas y que las bases de las confluencias resientan el llamado y el avance de la Unidad solo desde las “cúpulas”. Por consiguiente, es fundamental promover y fortalecer la Unidad también desde las bases territoriales en pro de ampliar sus capacidades de organización, movilización colectiva e incidencia política, lo cual influiría en la presión interna a la dictadura.

Haciendo una retrospección al contexto de 2016, sin un proyecto político futuro que conecte con los ciudadanos y las ciudadanas, una “Unidad de cúpulas” por más esfuerzos que les inyecten a los símbolos de la insurrección de abril sin asumir el fondo de la transformación social y las demandas en las calles, será imposible que una alternativa democrática derrote a la dictadura vía voto popular.

Uno de los grupos políticos actuales de mayor influencia en la oposición en Nicaragua, que nació en el 2016, bajo la premisa de aglutinar a los partidos y movimientos de oposición despojadas de sus personerías jurídicas o excluidas de los procesos electorales, conoce muy bien los periplos de elecciones caracterizadas de abstención, poca participación y baja fiscalización por su experiencia en campañas para denunciar la ilegitimidad e ilegalidad del Consejo Supremo Electoral (CSE), por lo que, hoy esta agrupación debería comunicarle a sus aliados el riesgo de apresurarse a levantar una “Coalición de cúpulas” que no tenga perspectiva de nación.

Por otro lado, ciertas fracciones de la Alianza Cívica más cercanas al sector privado han defendido, de manera explícita a través de sus intelectuales más notorios, la tesis de usar un vehículo ya constituido para hacerle frente al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en los próximos comicios electorales, probablemente dicha posición surja de la desconfianza y la incertidumbre que le genera a los capitales nicaragüenses la UNAB y la posibilidad de que su dirigencia encabece una gran coalición opositora con pretensiones electorales.

Dicha incertidumbre es consecuencia de las posiciones más radicalizadas de dicha confluencia y la forma “tumultuosa” – haciendo referencia a la organización de la insurrección cívica de abril- como se ha venido configurando tal organización política. Sin embargo, también surge por la desconfianza y el repudio de ciertos grupos al sector privado organizado y su afán de situarlo al lado de la dictadura de Ortega y Murillo.

Por tanto, aun cuando un partido político ya constituido pueda poner su casilla al servicio de la democracia este debe tener claridad de la manera como la juventud de abril y los demás grupos que han hecho frente al régimen se han venido organizando, y tomar en cuenta el “tinte popular”, característico de la lucha de abril, lo cual no quiere decir desordenado, que se le debe imprimir a cualquier coalición electoral que se quiera conformar. El sector privado y los demás sectores, no representados en la Alianza Cívica, deben comprender que son necesarios juntos en la construcción de una Nicaragua diferente.

Mientras la oposición en Nicaragua sigue fraccionada y dividida, el empate destructivo sigue en recorrido y el régimen sigue secuestrando las certezas a todos los y las nicaragüenses. Es fundamental, por tanto, que la oposición se constituya políticamente como constructor de certidumbre, esperanza y en una verdadera alternativa al régimen de Ortega y Murillo, con capacidad de poder sumar a aquellos que jamás han simpatizado con ninguna expresión política o movilización social. Es menester la Unidad, pero realista, con objetivos claros y capacidad operativa.

*Estudiante de Sociología, miembro del movimiento político Con Vos y miembro del primer Diálogo Nacional. En colaboración con Juan Carlos Márquez, comunicador social, miembro del movimiento político Con Vos.

Más en Opinion

Send this to a friend