Opinión

¿Quiere problemas extras? ¡Reelíjase!

La reelección es señal de ambición y egoísmo de quienes la buscan después de cuatro, cinco, diez o  más años en el gobierno



La costumbre de mencionar el nombre Revolución en forma general cuando nos referimos a todo proceso político de cambios en cualquier lugar del mundo, nos ha hecho perder de vista el significado de ese término. Nos remite al lugar común de lo indefinido y nos conformamos con ver el lado superficial de este fenómeno político llamado Revolución. Cierto que para llegar a eso, nos ayuda el trabajo cotidiano de los medios de comunicación que, casi nunca, por no decir nunca, crea esa confusión de manera espontánea.

Así ha sido siempre, pero más a raíz de la intensificación de la guerra fría en la post guerra de 1939-1945. Comenzó con las revoluciones de liberación del coloniaje, siguió con los procesos de independencia económica y por la autonomía política en América Latina, y algunos han sido procesos políticos liderados por la burguesía progresista. Todo tipo de procesos han sido aplastados por intervenciones militares norteamericanas, la mayoría entre 1954-1990: Guatemala, República Dominicana, Granada, Panamá, Chile y Nicaragua.

Estos últimos tuvieron otras características. En Chile fue por la intervención conspirativa de la CIA con el ejército “nacional”, con el que implantó un régimen fascista criminal, y por haber sido en contra de un proceso que intentó establecer una experiencia revolucionaria socialista por la vía electoral. En Nicaragua, ocurrió con la misma intervención de la CIA, pero con un ejército mercenario contrarrevolucionario que contribuyó a frustrar el proceso revolucionario, en esencia, no socialista, aunque así fue y sigue siendo falsamente pregonado.

A propósito, ha surgido una tendencia a limpiar de su carácter mercenario al ejército de la Contra, alegando que sus integrantes eran campesinos nicaragüenses descontentos con la conducción sandinista del proceso, lo cual es verdad, pero hay otra verdad superior que la desmiente: ese ejército fue diseñado, financiado, entrenado y dirigido con la orientación política de la CIA y la presidencia de Ronald Reagan, a su vez una hechura del complejo militar industrial que manda en Estados Unidos y gran parte del mundo. La historia no miente, solo se tergiversa al gusto de los intereses comprometidos con los interventores.

Sólo en Cuba las intervenciones y agresiones norteamericanas, continuas y de todo tipo durante 56 años, el pueblo cubano las ha hecho fracasar sin detener su proceso socialista en medio de extremas dificultades impuestas desde Washington, con una heroica dignidad que ha tratado de negar la prensa transnacional con sus calumniosas campañas que sin descanso emprende de forma cotidiana y venenosa en su contra.

A pesar de las diferencias esenciales entre una experiencia y otra, de un país y otro, y con distintos grados de desarrollo de cada proceso revolucionario, ha prevalecido el sentido de la unidad en la acción, la cooperación horizontal y la solidaridad frente al adversario común norteamericano. Con esos valores, de imposible aceptación por parte de los Estados Unidos y las derechas locales que les sirven, se han creado organismos regionales y continentales con independencia y a veces en contra de la OEA, como el Alba, Petrocaribe, Unasur, la Celac, los que, entre las dificultades de todo orden, no han perdido su importancia ni su finalidad latinoamericanista.

Dentro de ese contexto latinoamericano, quiero hacer énfasis en algunos de esos problemas en los procesos de cada país, sea este proceso progresista o revolucionario. Por ser un hecho muy actual, comenzaré con la reelección buscada por Evo Morales, en Bolivia. Todos sabemos que no es el primero que practica la reelección ni quien lo está haciendo de la peor manera, pues la reelección misma es lo peor que le puede pasar a la salud de un proceso progresista o revolucionario, tanto como a países con gobiernos demagogos y reaccionarios, como Nicaragua y Honduras, porque la reelección es veneno contra la institucionalidad de cualquier país.

Descartando, por obvio, que la reelección es señal de ambición y egoísmo de quienes la buscan después de cuatro, cinco, diez o  más años en el gobierno, siempre es ofensiva a la dignidad de sus compañeros de partido, porque los cree incapaces e inútiles para el cargo, y al mismo tiempo, se auto condiciona para ejecutar cualquier acto delictivo para lograr su propósito, comenzando por burlar la voluntad del pueblo con un fraude electoral. Sin contar que junto a su parentela y allegados, con la reelección pretenden cubrir la corrupción y proteger lo “ganado” –generalmente robado— desde el poder. También cometen un delito previo, causas de mayores perjuicios al país, como es violar la Constitución Política cuando esta prohíbe la reelección. Dos ejemplos muy cercanos: en Nicaragua y actualmente en Honduras.

Volviendo a Bolivia, se sabe que está lejos de tener una sociedad socialista homogénea, lo cual significa que la división de la sociedad está dividida en clases y, si esto existe, es porque hay propietarios privados de medios fundamentales de producción y ellos también cuentan con sus partidos políticos que los representan en la lucha por el poder. ¿Qué significa eso en la práctica social y política? Que si se habla de democracia, pretenden aspirar al poder por cualquier medio, y la burguesía boliviana nunca ha despreciado la posibilidad de un golpe militar con la omnipresente asesoría yanqui.

Si no ha podido hacerlo, es porque los avances sociales que ha impulsado Evo, más la defensa de los recursos naturales y la reivindicación de las históricamente preteridas y humilladas etnias originarias –entre ellas la suya—, y las ha dignificado, reconociendo sus derechos, eliminado la discriminación racial y respetando sus derechos ciudadanos, las ha convertido en su principal fuerza social de apoyo y le ha dado el voto en varias ocasiones. Sin embargo, Evo recibió un voto mayoritario en contra en el referendo sobre la reforma constitucional para permitir la reelección, que pudo haber sido efecto de la manipulación mediática –como es normal en estos tiempos—, pero no significa que el pueblo fuera manipulado en un ciento por ciento.

¿Qué tipo de beneficio político le puede aportar a Evo su insistencia en reelegirse, si a su lado están otros que combaten por el mismo proyecto revolucionario? Lo que puede hacer es estimular acciones de violencia de parte de unos partidos que, por muy pequeños que sean –y tengan poca oportunidad de ganar una elección—, la pueden justificar en el hecho de que les han cortado su derecho de competir en condiciones de igualdad legal. Es decir, su derecho a competir sin la reelección, que siempre será para Evo una aventura innecesaria, porque solo crea problemas políticos y sociales.

La igualdad en el caso boliviano, significaría no tener que enfrentarse con un personaje que no solo irá a las elecciones con la ventaja de su popularidad, sino también con los mecanismos institucionales en sus manos, con los cuales no pocos se han visto tentados a hacer hasta lo menos recomendable. Eso es lo que ha llevado a Daniel Ortega a cometer fraudes después de violar la Constitución Política, lo que crea malestar social y violencia, como pasa en Honduras, causada por la ambición y quizás por no perder lo “ganado”-robado, por Juan Orlando Hernández.

Pero lo más importante de todo, en el caso boliviano, es que Evo no necesita de ninguna trampa constitucional ni su Movimiento Hacia el Socialismo carece de apoyo popular para ganar la presidencia con el voto del pueblo con cualquier candidato, porque siempre sería el voto por su propio bienestar social como etnias reivindicadas, y como clase obrera y campesina.

(Este tema de la diferencia entre Revolución y procesos revolucionarios, lo seguiré abordando en siguientes comentarios).