Opinión

¡Se busca a peligroso golpista y terrorista!

Misericordia

Fue condenado y crucificado en el Gólgota, escapó y se refugió en Nicaragua, donde adoptó el seudónimo de Jesús de la Divina Misericordia



Breve historia de Jesús de la Divina Misericordia

Nació en Belén, cuna de delincuentes, y desde pequeño se burla de los doctores de la ley de la Asamblea Nacional. Su infancia trascurrió en Nazaret, donde hizo peligrosas amistades con famosos delincuentes como Barrabás, que estaba contra nosotros los romanos. Participa de reuniones clandestinas y convoca con ingeniosas mentiras llamadas parábolas, a otros golpistas y terroristas que no acatan la disposición de que no hay derecho a reunión de más de una persona.

Juntos traman actos insólitos, como hacerlo entrar en Jerusalén montado en una burrita para que lo aclamen multitudes incultas. Es subversivo todo cuanto dice, como ordenar a los muertos que se levanten y anden. Lo llaman “Maestro”, porque multiplica panes y pescados para ganarse adeptos. Por eso le gusta predicar a la orilla de los lagos. Es un evasor de impuestos, pues convierte el agua en vino y hace entrar en bancarrota a las ópticas de este régimen debidamente constituido, ya que, sin autorización, devuelve la vista a los ciegos y cura leprosos. Por eso fue condenado y crucificado en el Gólgota, junto a dos ladrones. Se dice que uno de ellos, cuando ya todos los creíamos muerto, lo ayudó a escapar y refugiarse en Nicaragua, donde adoptó el seudónimo de Jesús de la Divina Misericordia.

Judas contra el golpista y terrorista

La historia, según nosotros, continúa así: Judas torvo y traidor, se vino persiguiéndolo con el producto de las 30 monedas que economizó por haberlo entregado. Los intereses que le cobró al pueblo fueron tan altos que pronto él y su familia ya eran millonarios y junto con su mujer se dispuso oprimirnos con manu militari. A esto, la pareja le llamaba gobernar, aunque con una tendalada de muertos diarios, encarcelados y desaparecidos. Nicaragua, como ya se sabe, se volvió un país de tinieblas y encapuchados, regidos por El Maligno y La Maligna, en realidad sus nombres desde el principio de los tiempos.

Entretanto, Jesús se había refugiado en la Parroquia de La Divina Misericordia, y en cuanto Judas lo supo mandó a matarlo con parapoliciales, turbas fanatizadas, paramilitares, antimotines y encapuchados -sus seguidores y votantes- y aquellos seres tenebrosos le dispararon durante quince horas a la Iglesia, y la dejaron perforada a balazos para la historia del anticlericalismo de los energúmenos tiranos. Pero, Jesús de la Divina Misericordia ya no estaba ahí, sino en todas partes, y sólo quedaba su imagen atravesada por tres balazos: uno disparado por el tirano y dos por la tirana. Aquella imagen, nuestro pueblo y la misteriosa desaparición de Jesús,quedó como un testimonio simbólico de que nunca podrá el odio, que se almacena en el afán desmedido de poder, contra el amor al prójimo que se acuna en la misericordia y en el desprendimiento del desmesurado apego a la codicia y a la corrupción.

Judas derrotado y Jesús glorificado

Al no encontrar a Jesús, Judas se hizo llamar con nombres odiados para infundir terror, como Atila, Nerón, Calígula, Daniel, Herodes y Pilatos, y entró en ira cuando sus soplones le informaban que habían visto al nazareno en todas partes y que seguía apareciendo aún después de que asesinaban a familias enteras en las casas que supuestamente le servían de refugio. La verdad es que el pueblo lo albergaba con infinita esperanza, para desesperación de los tiranos que se dedicaron a destruir templos y agredir a sus apóstoles. No contentos con ello, y preocupados por la falta de apoyo popular, que como dictadores desalmados padecían, intentaron una vez más la pantomima del repliegue. Pero como son cobardes, para sentirse seguros destruían pueblos y ciudades cuyos habitantes luchaban por la libertad e iban a todas partes con regimientos de matones, e hicieron circular como bando nacional el título y los dos primeros párrafos con que se inicia esta historia.

Epílogo con exorcismo

El pasado 17 de julio fue el Día de la Alegría. Los dictadores pensaron celebrarlo sobre las cenizas de Masaya y la sangre de los héroes y mártires de Monimbó. El Día de la Alegría era para El Maligno y La Maligna,el día de la muerte de todos los golpistas y terroristas que habitaban ahí, en los Pueblos Blancos y en la cuna de Sandino. Tampoco pudieron matar a Sandino en Niquinohomo, pues se unió a Jesús de la Divina Misericordia. Ahora ambos están en todas partes. Los tiranos olvidaron que el Día de la Alegría lo celebramos desde que huyó Somoza Debayle, fecha que preconiza la próxima huida de ellos, cuando el Día de la Alegría, gracias al exorcismo de San Miguel Arcángel, recuperará en duplicado su significado.

Alguien afirmó que Somoza y los tiranos eran la misma cosa. No es así, respondió el cráneo de un niño golpista, perforado por el disparo de un francotirador de los malignos:  Daniel y la Rosario son peor cosa. Y el niño se trocó en flor. Y en flores se convirtieron todos los niños golpistas, que por serlo fueron quemados vivos y ejecutados sin misericordia, dando fe que los tiranos están verdaderamente endemoniados, como todo el mundo lo comprobó por cuanto dijeron en el acto del 19 de julio, y después del mismo. Ya para entonces, el exorcismo se acercaba a tener efectos más terribles e inevitables para cualquier poder humano, evidenciando que realmente la pareja estaba poseída por el demonio.

El repliegue invisible

Días antes de aquel funesto 19 de julio, los dictadores apenas pudieron llegar a Masaya con su minúsculo y desolado repliegue de pantomima. Protegidos por matones entraron triunfales a saludar a policías y paramilitares acantonados en su guarnición. Son los mismos que reprimen al pueblo, pues el tirano y la tirana saben que no viven en olor de multitud, sino de plomo, pólvora y sangre.Están sordos al clamor, al llanto y a los estremecedores gritos de las madres de caídos, presos y desaparecidos. El 19 de julio es el cementerio donde enterraron las luchas que culminaron con el triunfo del pueblo en 1979. Ellos convirtieron aquel épico triunfo de 1979 en una inmensa e intolerable derrota. Un bullicioso cementerio de falsas y compradas consignas. El cementerio de los muertos en vida. La nada.

Están tan sordos que no pudieron escuchar la carta que públicamente les leyó Carlos Mejía Godoy. La carta pájaro que voló adolorida desde el nido musical de nuestro más grande cantautor. La carta que inútilmente sigue clamando por la paz. La carta cuyo vuelo es música para orar por todos nosotros. Oremos. Mucho menos que se percaten que, contrario a lo que ellos propician, estamos viviendo un nuevo renacimiento de las artes y las letras. Pinturas, esculturas, canciones y poemas que los adversan, y que irremediablemente dejarán para ellos, su imperecedera huella en nuestra historia; nos enriquecerán de invaluables sentimientos, en la misma medida que el espíritu de ellos se empobrece, y dejará también para la historia la miseria y la crueldad de sus vidas.

Jesús de la Divina Misericordia no está escondido. Está en todas partes, mirándonos con una compasión que es un mar de amor. Contemplando el odio que consume a los tiranos. Desde que creen estar recuperando el poder, es obvio que vivimos en mundos diferentes. En el de ellos, como afirma San Miguel Arcángel, se levantan columnas de humo y sus imágenes de cera comienzan a derretirse. En el nuestro, se siente que el Reino de los Cielos es el de los niños. Los niños que regresan florecidos del espanto de los Ortega Murillo, y nos incorporan a todos a una paz, a una justicia y a una libertad infinitas. Son cosas de Jesús de la Divina Misericordia, quien sonriente nos muestra en su mano los casquillos de tres tiros que por siempre serán inútiles.