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¿Se puede enseñar a conversar?

Si asumimos ciertos principios y si aceptamos que enseñar a conversar requiere una guía, lo podemos lograr. Les cuento por qué



Conversar es una de las pasiones más comunes de los seres humanos. Sin embargo, no siempre estamos a la altura de lo que Osvaldo Dallera define como el arte de conversar, una forma de entretenimiento que facilita el desarrollo de la sociabilidad entre quienes participan en ella.

De adolescente, recuerdo las largas conversaciones que sostenía con personas mayores, ávido de conocimiento y nuevas experiencias, de sus relatos personales e históricos. Eran amigos que por lo general me doblaban o triplicaban la edad, y me motivaban a la lectura y el estudio de los grandes acontecimientos científicos, literarios e históricos.

Quienes saben conversar son personas sociables que disfrutan de la compañía de los otros y aprovechan esa circunstancia para cultivar su personalidad poniendo en práctica y desplegando las cualidades necesarias para pasar un momento agradable, dice Dallera en sus Apuntes filosóficos para una estética del habla.

Pero la verdad es que cuando somos muy jóvenes, conversar se convierte como en una suerte de carrera al debate, a la polémica aguda, de confrontación y persuasión, y solo con los años nos venimos apaciguando…y es posible que algunos hayamos aprendido el arte de conversar, pero con sus matices.

Osvaldo Dallera reseña algunos principios básicos para desarrollar el arte de conversar, aquí mezclo algunos con mis opiniones.

  • El buen humor para introducir, en los momentos adecuados, dosis de amenidad, diversión e inteligencia para hacer atractivo e interesante los contenidos, es uno de los requisitos fundamentales.
  • Un buen conversador no debe perder de vista que aquello que gobierna la conversación es la búsqueda del placer de hablar con los otros. En lo personal, agregaría también la búsqueda de la verdad o por lo menos un consenso sobre los temas que se debaten.
  • Dominar el arte de la conversación supone no sólo capacidad para improvisar, sino también disponer de un conjunto de saberes y competencias, y se requiere, que las otras personas también tengan los saberes necesarios.
  • El buen conversador es capaz de dejar brillar a los otros, gratificando el amor propio de las personas con las que habla, pero desde luego, podemos dejar brillar a los otros, si estos están en el nivel que exige la conversación, o al menos el interés y seguimiento del tema en forma creativa.
  • El conversador avezado despliega su talento animando a los otros a conversar. En ningún caso está ávido por disponer del monopolio de la palabra. Esta es una práctica que hay que cultivar, aún con aquellas personas que prefieren el silencio y escuchar.
  • En la conversación se puede bromear sin que la broma llegue a herir o mortificar a los interlocutores, dice Dallera, pero eso muchas veces depende la idiosincrasia de las personas de cada país, pues algunas conversaciones degeneran en la broma extrema y la vulgaridad.
  • El tono, la modulación y el volumen de la voz contribuyen a modelar, en un sentido o en otro, la estética de la conversación. Estos son elementos que se deben practicar, pues de esa forma alcanzamos un estilo más ameno para conversar.

Si asumimos estos principios y si aceptamos que enseñar a conversar requiere una guía, una dirección podemos enseñar a conversar. Este modelo parece un ideal, pero la verdad es que en el arte de conversar, por muy refinados que queramos ser, es inevitable la polémica y el debate, y siempre debemos estar preparados para argumentar, pero dando elementos de juicios para los que nos escuchan puedan sacar sus propias conclusiones.

En lo personal, creo que si vamos a introducir un tema polémico, debemos usar el método analítico y reflexivo, y dar chanche que la otra persona puede contribuir con su visión crítica, pues aun cuando estemos seguros que nuestros argumentos son poderosamente persuasivos, la opinión de los demás vale tanto como la que estamos exponiendo.