Opinión

¡Se trata de debatir, no de ofender!

Criminalización periodismo Nicaragua

Los medios deben abrir espacio a los lectores, insistir en este mecanismo favorecería muchísimo a que los nicaragüenses aprendamos a debatir y criticar



I 

Si algo han puesto en evidencia los quince meses de lucha cívica, es que los nicaragüenses no sabemos debatir ni cuestionar. Lo que queremos es aplastar al otro. Vejarlo, escupirle el rostro. Mancillarlo. Una de las razones podría ser que el país ha vivido —durante los siglos veinte y veintiuno— largos períodos de censura durante el somocismo y el sandinismo y una polarización política casi permanente. El bozal ha impactado para que los nicaragüenses no sepamos debatir. Somos propensos a la descalificación automática de quienes sostienen posiciones contrarias a las nuestras. En vez de desmontar sus discursos, preferimos sepultarlos bajo tierra. Pocas veces rebatimos el núcleo central de sus planteamientos. Optamos por atacar a las personas y no a sus propuestas. Un mal heredado de los políticos que tiende a eternizarse.

Los medios impresos ofrecieron a los lectores —hace ya varios años— la oportunidad de incluir al final de sus artículos de opinión y diversas piezas informativas, sus propios apreciaciones y observaciones. Una invitación abierta para expresar nuestras propias opiniones. El experimento resulto fallido. Muy pocos debatían. La inmensa mayoría prefirió más bien ofender a los articulistas o emprenderla contra los dueños de diarios, periódicos y revistas antes que rebatir sus ideas. Jamás quisieron escuchar los llamados pidiéndoles referirse a los artículos, informaciones o investigaciones con las cuales mostraban descontento. De eso era lo que se trataba. No hubo manera que lo hicieran. Con su proceder abortaron la posibilidad de iniciar un aprendizaje que hubiese resultado fructífero: aprender a criticar sin recurrir al insulto. A respetar al que disiente.

En un último intento por evitar que la oportunidad colapsara, Confidencial publicó algunas prescripciones a las que deberían atenerse sus lectores. Enfatizaban la necesidad de utilizar un lenguaje adecuado, no ofender ni denigrar a los demás, centrarse en las informaciones, artículos o investigaciones aludidas. Al hacer uso de esta facultad podían cuestionar incluso su política informativa. Una apertura para entrar a señalar fortalezas y debilidades de los medios. El ofrecimiento por demás, constituía un paso adelante en el deseo compartido por lectores y propietarios, de establecer una relación en la que al final ambos actores fuesen ganadores. El Nuevo Diario, bajo la dirección de Danilo Aguirre y Francisco Chamorro, creó lo que llamó Consejo de Lectores para que estos expusieran sus puntos de vista con relación al diario. Un ejercicio saludable.

II

El uso de las redes marcó una inflexión de ciento ochenta grados, los usuarios tienen la posibilidad de manifestarse sin ningún tipo de objeciones. Después de más de quince meses de lucha cívica las expresiones de civismo y civilidad son muy pocas. Los internautas acribillan a las personas con quienes no están de acuerdo. El desborde de pasiones ha adquirido matices impensables. Los usuarios gozan de una libertad casi rayando en el libertinaje. Los medios son responsables en parte de estas atrocidades. La historia sociopolítica nicaragüenses de los últimos sesenta años demuestra que los medios han sido utilizados como tribunas para agudizar contradicciones. Algunos nacieron con este propósito. La clase política continúa siendo proclive a enardecer los sentimientos de sus seguidores para emprenderla contra sus adversarios.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) —que en determinado momento hubiese podido arbitrar el diferendo— fue descalificada por el comandante Ortega. Siendo el mismo quien los invitó a que asumieran esta posición, en vez de reunirse a puerta cerrada para plantearle su inconformidad, prefirió emprenderla en su contra en plaza llena, el 19 de julio de 2018. La falta de confianza entre los políticos se ha convertido en un mal generalizado. Cuando surgen conflictos que ponen en crisis a la sociedad nicaragüense, la exigencia de garantes internacionales se debe a la falta de credibilidad que se guardan mutuamente. Los hechos lo confirman. Acuerdos logrados en mesas de negociaciones solo se cumplen parcialmente. Se tiene que acudir a la presión internacional para su cumplimiento. ¿Cómo cuestionar entonces su presencia?

Las redes —en medio del torbellino— no paran, continúan atizando el fuego. Esto supone la urgencia de contar con procesos de aprendizaje que sirvan de pivote para no caer en la tentación de atacar con liviandad al otro. La autorregulación no funciona. Los nicaragüenses nos estamos destrozando. El Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET) radicado en México —entre cuyos miembros destacaban el chileno Roberto Reyes Mata y el peruano Rafael Roncagliolo— fue un firme abanderado en los años ochenta, de adelantar iniciativas que ayudaran a la comprensión de lenguajes y lógicas mediáticas. Hoy más que nunca se requiere de este tipo de iniciativas. Los medios deben ser leídos de manera crítica. Son la principal agencia socializadora. Deberían estar sometidos a análisis permanentes.

III

 A la necesidad de comprender los medios, hay que considerar el apremio por una enseñanza orientada al estudio y examen de las redes. El desafío que plantean debe ser asumido de inmediato. La primera constatación viene a ser la forma desbocada con que estas son usadas y la manera como operan los algoritmos. La seducción que provocan sigue obnubilando nuestra razón. Una comprensión de su funcionamiento facilitaría usos más responsables. Las universidades y centros de investigación son los llamados a iniciar esta tarea. Contrario a lo que podría pensarse, no solo se trata de contar con destrezas y habilidades, también de conocimientos para comprender su funcionamiento. Sus artífices definen de antemano como operan. Más allá de la manera que facilitan nuestras vidas, en su mayoría son empresas lucrativas.

El estudio publicado por El País, el 4 de julio de 2019 (Así caemos por la espiral tóxica de YouTube), ratifica la preferencia que tienen los dueños de esta plataforma por hacer “una mezcla de argumentos bizarros, visiones extremas y bulos”. Una inclinación manifiesta por fijar los temas preferentes. La investigación devela que los algoritmos sugieren consultar ciertos textos y son los verdaderos responsables de la enorme cantidad de tiempo que los usuarios utilizan para navegar en YouTube. Un hallazgo importantísimo. Trabajos de este carácter contribuirían considerablemente a la alfabetización mediática que tanto urge en Nicaragua. Hay que entender que “la amplificación algorítmica de los contenidos más extremos puede llevar a radicalizar a jóvenes o a convencer” de dar pábulo a numerosas mentiras. Se trata de prevenir atrocidades.

El énfasis que pone la investigación sobre el carácter tóxico de YouTube continuamos padeciéndolo en Nicaragua. La agudización del conflicto proviene de la escasa propensión que tenemos por criticar y debatir. El doble reto de las redes obedece a que pueden estimular posiciones extremas y de esparcir grandes mentiras. Desde ahora hay que enseñar y mostrar —especialmente a niños y adolescentes— estas mezquindades. Rechazar su toxicidad, como también la manera cómo somos inducidos para acoger sus propuestas. Poner en práctica la pedagogía crítica heredada de Paulo Freire. Dejar atrás la educación memorística. El asalto de las redes por inescrupulosos supone un desafío para los mismos medios. Estos deberían asumir la crítica cotidiana de sus embustes como sugirió el semiólogo italiano Umberto Eco.

IV 

Los medios deben de regresar a la práctica de abrir espacio a los lectores, insistir en este mecanismo favorecería muchísimo a que los nicaragüenses vayamos aprendiendo a debatir y criticar. A evitar las ofensas. A no emprender campañas de linchamiento contra quienes discrepan o no están de acuerdo con nuestras ideas y planteamientos. Creo que la norma fundamental que deben imponer debe estar centrada en la ética. Cualquier violación a estos principios ameritaría no dejar exponer en el futuro sus planteamientos a las personas reincidentes. El debate en algunos programas deportivos señala que el tema político es piedra de toque. Conduce a la exaltación y al irrespeto del otro. El proceso de aprendizaje debe iniciarse desde ahora. Las crisis ofrecen oportunidades para crecer. El momento resulta oportuno.