Reporte ciudadano

Segunda Carta abierta sobre la biografía no autorizada de Gregorio Selser

Pretender asociarlo con posiciones políticas contemporáneas o regímenes que ni siquiera existían al momento de su deceso, constituye una falsificación



Por la presente y en calidad de hijas del periodista e historiador argentino Gregorio Selser (1922-1991), deseamos exponer ante la opinión pública las razones por las que denunciamos y desautorizamos la biografía de Julio Ferrer, “Gregorio Selser. Una leyenda del periodismo latinoamericano”, publicada en 2018 en La Plata, Argentina.

El motivo de esta carta surge tras el artículo publicado por Blanche Petrich en La Jornada (24-06), colega a la cual conocemos desde hace 40 años, pero que por un grave fallo profesional no se interesó en conocer nuestra posición sobre Ferrer y el citado libro. Su diario le dedicó una plana completa, con un recuadro donde aparece, editada a conveniencia de Ferrer, nuestra anterior carta-denuncia. Petrich -quien conoce nuestros correos y teléfonos y que tuvo acceso al libro de Ferrer gracias a una gestión personal de Irene-, deplora en su texto que no hayamos “explicado” la manipulación de la biografía que acusamos, pero en ningún momento nos buscó para entrevistarnos. Tampoco La Jornada, diario para el cual nuestro padre trabajó incansablemente en México durante más de 10 años, nos permitió el lunes 24 el derecho de réplica que solicitamos a su subdirector, Josetxo Zaldúa, siendo su respuesta que “ya lo habíamos tenido” y que todo quedaba “más que claro” con la publicación de esos extractos entrecomillados y sacados de contexto por Blanche Petrich.

A continuación, la explicación que Petrich y La Jornada no quisieron conocer y divulgar:

1.En los últimos tres años, apoyamos ingenua y estúpidamente a Ferrer con documentos, fotos y contactos en América para que pudiera acceder a personalidades que conocieron a nuestro padre, como él mismo lo reconoce en sus Agradecimientos. Y si bien nos ofreció una página y media a cada para expresar nuestras opiniones, declinamos hacerlo para no interferir en el libro, cuyo resultado final leímos apenas en febrero pasado.

En vista de que la edición de Argentina presentaba errores de redacción y graves yerros históricos, corregimos en febrero, con la anuencia y el agradecimiento del propio Ferrer, la versión ya publicada con los añadidos que él le hizo con vistas a una eventual publicación en México. Fue ahí cuando descubrimos que el libro tenía otros fines distintos a los de publicar una biografía seria y exhaustiva sobre unos de los periodistas y escritores más honestos y comprometidos con las causas sociales del siglo XX en América Latina. Desde su Introducción, Ferrer dice que “sin duda Gregorio Selser es imprescindible para la Batalla Cultural y de Ideas que necesita Nuestra América”, por lo que nos preguntamos, ¿quién es el promotor de esa “Batalla Cultural y de Ideas” –así, con mayúsculas, como en una consigna– que nuestro padre, fallecido en 1991, aparece hoy abanderando de la mano del señor Ferrer?

  1. Blanche Petrich y La Jornada tergiversan la verdad cuando incluyen “como gancho” al inicio del artículo que el libro de Ferrer se hizo “con la colaboración de Noam Chomsky, Daniel Viglietti y Sergio Ramírez”, como si ellos hubieran tenido una participación activa en el mismo. Los tres personajes, dos de quienes fueron entrevistados por Ferrer, que no los conocía, gracias a una gestión personal de Gabriela, se limitan a dar sus declaraciones. De hecho, las palabras del doctor Sergio Ramírez, Premio Cervantes de Literatura, que aparecen en la versión impresa del libro son parte de un artículo suyo sobre Gregorio Selser publicado varios años atrás.

El sesgo de La Jornada y su evidente parcialidad en favor del libro se explica, obviamente, porque la prologuista del libro es Stella Calloni, su corresponsal en Argentina y mentora política de Ferrer.

  1. En medio de las discusiones telefónicas que sostuvimos con Ferrer sobre las tergiversaciones históricas incluidas, no por casualidad, en la “biografía” de Selser, el autor y Calloni llegaron a presionar vía e-mail a un reconocido colega en México –muy querido por nuestro padre y quien nos compartió los correos– para que Irene no incluyera dos párrafos entrecomillados con su posición sobre la deriva autoritaria de las izquierdas que llegaron al poder a partir de 2003 en América Latina. El argumento de Ferrer: que eso correspondía “al presente” y que “Gregorio murió en 1991”. Pero en la página 342 del libro, aparecen afirmaciones de Ferrer contra el presidente argentino Mauricio Macri, que es evidente no tiene relación con nuestro padre, fallecido hace 28 años, y de la especialista mexicana Mónica Toussaint, a quien desde luego respetamos, y que habla (p. 438) sobre los Estados Unidos de Trump y el nuevo papel de “la potencia hegemónica mundial que se sigue arrogando el derecho de intervenir (…)”.
  2. Ferrer también se opuso a que, en el capítulo sobre Cuba, Irene incluyera dos anécdotas a cuál más fidedigna. La primera, en 1978 y de la que ella fue testigo en La Habana, cuando nuestro padre se opuso en forma categórica a que en la Declaración Final del jurado del Premio Casa de las Américas de ese año se incluyera un mensaje de respaldo a la dictadura de Jorge Videla en Argentina (1976-1983), la misma que nos había costado el exilio y la partición de nuestras vidas, por el solo hecho de que Videla exportaba cereales a la URSS, protectora de Cuba. La discusión incluyó un choque verbal de Gregorio con el escritor uruguayo Mario Benedetti y el líder montonero argentino Rodolfo Puiggrós, también jurados del Premio, quienes defendían el texto por su cercanía con los partidos comunistas.

En 1989, estando nuevamente en La Habana por motivos de salud, nuestro padre también expresó su oposición a la ejecución de cuatro militares cubanos, entre ellos el multi-condecorado general Arnaldo Ochoa, acusados de narcotráfico y otros delitos contra el Estado. En vano pidió él que se aplicara justicia, en lugar de que se cometiera “un crimen de Estado” como lo que fue.

Julio Ferrer rechazó que se incluyeran en el libro ambas referencias históricas de primera mano, argumentando que “eso es historia…”. Ante el cuestionamiento de qué es una biografía sino “historia”, Ferrer replicó: “No, ¡eso no!, ¿qué van a decirme en Cuba si lo incluyo?”. Alarmada, Irene le preguntó si el libro estaba “comprometido con el gobierno cubano”, a lo que Ferrer se limitó a “rogar” se omitieran ambos hechos. Pese a no estar de acuerdo accedimos, pensando que finalmente no era nuestro libro y que se trataba de la primera biografía sobre nuestro padre y debíamos apoyarla.

  1. Con ese espíritu conciliador fue que corregimos pacientemente las 461 páginas del libro a fin de que una eventual nueva edición saliera sin errores de redacción e históricos. Por eso aceptamos una carta firmada por Ferrer en la que se comprometía a aceptar como única versión válida la corregida por nosotras. Sin embargo, esto cambió cuando le retiramos nuestro apoyo al libro, como explicaremos a continuación.
  2. En la nueva versión del libro, Ferrer pretendió hacer aparecer a nuestro padre “contento” por la tercera reelección de Evo Morales en Bolivia. Irene le pidió que, en aras del mismo rigor histórico que nuestro padre siempre había defendido como vocación de fe durante 40 años de ejercer la cátedra y el periodismo, se aclarara que, si Evo se encaminaba a una tercera presidencia, era luego de desconocer el resultado del último referendo en el que la mayoría de la sociedad le dijo “no” a su permanencia indefinida en el trono. Finalmente, Ferrer aceptó quitar esa mención a riesgo de perder nuestro apoyo.
  3. Por último, luego de apuntalar la posibilidad de que en México se publicara la biografía de nuestro padre, descubrimos en marzo último que fotografías familiares que Gabriela le había dado en forma exclusiva a Ferrer para el libro, estaban circulando en portales de personajes ligados a la propaganda política del gobierno de Nicaragua, con loas “a nuestro querido Julio Ferrer”. Le reclamamos a él qué estaba sucediendo, luego de lo cual decidimos retirarle definitivamente nuestro apoyo.
  4. Nuevamente queremos dejar claro nuestro rechazo a ese libro, que consideramos una reseña no autorizada y manipulada de la obra y pensamiento de nuestro padre, Gregorio Selser. Pretender asociarlo con posiciones políticas contemporáneas, a políticos o regímenes que ni siquiera existían al momento de su deceso, constituye una falsificación y una usurpación de su ideario.

Gregorio Selser fue un historiador, escritor y periodista comprometido con las luchas sociales de su tiempo. Su ideario fue explícitamente antimperialista y socialista, democrático y libertario, pero siempre mantuvo una férrea oposición a las dictaduras y fue crítico ante la misma izquierda a la que adhirió. El intento de vincularlo a regímenes contemporáneos que usurpan esos enunciados es una maniobra más para usar su nombre en el desprestigio de sus ideales.

Selser fue precursor en rescatar la historia de Sandino y apoyó fervientemente la revolución sandinista triunfante en 1979 –la que jamás, por cierto, durante 11 años, le publicó un solo libro, lo cual fue motivo de dolor para nuestro padre– y no careció nunca de una visión crítica de ese proceso. Es inadmisible asociarlo a los gobernantes actuales de Nicaragua y los hechos de sangre ocurridos en ese país en el último año.

Nuestro padre fue desde Argentina uno de los promotores de la solidaridad internacional con la revolución cubana desde su inicio, cuando la Cuba revolucionaria fue bloqueada y agredida. En ese apoyo solidario, tampoco dejó de señalar críticamente conductas y decisiones que transgredían esos ideales, y que Ferrer como lo explicamos se negó a incluir en su libro.

Como firme crítico de la dictadura genocida de Argentina, Gregorio Selser defendió en todos los foros la denuncia de ese régimen terrorista y se opuso abiertamente a realizar elogios a los dictadores, como pretendieron en su momento otros intelectuales y políticos oportunistas.

Estas son las razones que Blanche Petrich, acuerpada por el diario La Jornada, nos reclama “no haber explicado”, pero que habría podido conocer de primera mano si en realidad hubiera querido saberlas.

Irene y Gabriela Selser

Ciudad de México, 25 de junio de 2019