Cultura

Reseña del más reciente libro del escritor Erick Blandón Guevara

A un siglo de las exequias

"Rubén Darío, un cisne entre gavilanes" se distingue de la avalancha de estudios aparecidos en el centenario de la muerte del poeta


  • Marcel Jaentschke
  • 2 de junio 2016

Estamos en la Catedral de León a un siglo de las exequias. Bajo un horrible león que yace rendido, tristísimo —como si lo hubiera derrotado “el gran león” de Dios, San Pablo— se encuentra una parte de los restos embalsamados de quien en vida fuera Félix García Sarmiento —nombre de pluma Rubén Darío. El murmullo de una horda de turistas, que se agrupa para fotografiarse frente al sepulcro del gran poeta, resuena de forma estrepitosa en la arquitectura del local. Afuera un nubarrón gris comienza a espesar el calor, pero en la catedral nadie parece inmutarse. Los presentes se agrupan, dirigiendo su atención a la tumba. Luego aparece un muchacho delgado, reconocido de inmediato como ‘el guía’, quien arremete con un discurso sobre Rubén Darío, a quien llama “príncipe de las letras castellanas”. Su público, principalmente ancianas nórdicas, atiende fascinado.

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Con bastante precisión, ‘el guía’ reproduce el guión del mito que ha institucionalizado a la figura de Rubén Darío como nicaragüense universal, cosmopolita, fundador de la identidad nacional, punta de lanza del mestizaje. Un mito que prescinde de la obra que a un siglo de su muerte es muy poco leída en su tierra natal, y que con un morboso interés por la personalidad en clave moral, exalta atributos mesiánicos como el del nacimiento del genio en la Metapa-Belén, ignorando las circunstancias históricas en que Darío trabajó en su obra, es decir, desde su condición de migrante, no con pocas dificultades, pronunciándose en sus crónicas sobre las grandes transformaciones políticas que le tocó vivir, alzando la voz por Latinoamérica desde el periodismo y no en su decorativa labor de cónsul, como sugiere la representación gráfica más divulgada en los textos escolares, vallas de carreteras y carteles publicitarios. Un mito que sin desentenderse de la razón colonial ha servido para sepultar la impronta modernizadora de Darío, produciendo lecturas conformistas, afines a los valores provinciales que él tanto cuestionó. Entonces ‘el guía’ culmina su intervención recitando (cuando el calor se volvía insoportable) el poema “Del Trópico”, cuyos tres primeros versos no tendré que recordarles.

Habrá que tener en mente esta imagen: Rubén Darío embalsamado, roído por un siglo convulso, sepultado bajo metros de tierra en la catedral, en definitiva, “un cuerpo devorado”.

¿Qué ha ocurrido a un siglo de la muerte del poeta que permitió la consolidación de un discurso mestizocentrista, empecinado en reproducir un mito que ha operado como pieza clave de la identidad nacional? ¿Cuál es la naturaleza de este discurso? ¿Qué es lo que las élites históricas han visto en Darío? ¿Qué es lo que ha fomentado la disputa de su figura y obra como capital cultural?

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Estas y otras preguntas se plantea Erick Blandón Guevara a un siglo de las exequias, en su libro Rubén Darío, un cisne entre gavilanes (San José: Uruk, 2016). La metáfora del cuerpo devorado, entonces, sirve para ilustrar la disputa (no con pocos matices de necrofilia) por las vísceras de Darío en el marco de las honras fúnebres. Una disputa que parece cristalizar las futuras intenciones de los letrados nicaragüenses, en el campo de batalla que es la literatura, y que tomaría como punto clave el entierro con honores de Ministro de Guerra de nuestro héroe nacional, por parte del gobierno conservador que lo ninguneó en vida, durante la intervención norteamericana que el mismo Darío denunciaba hacia 1911; cuando las élites de turno en coalición con la Iglesia se empecinaron en apropiarse física y simbólicamente del enorme espectro que es Darío, sepultando así los aspectos de su obra que transgredían la gramática de la moderación colonial.

Blandón Guevara, quien ya ha reflexionado anteriormente sobre las exequias de Darío en su libro Barroco Descalzo (2003), plantea que es el marco del rito fúnebre el que determina la forma en que ocurre la canonización, de la cual, a su vez, derivan la serie de lecturas parciales que se han hecho. En esa lógica, las intenciones del autor más que frontalmente desmitificar a Darío, apuntan a entender el complejo entramado en que se construyeron los pilares del mito, es decir, comprender las circunstancias culturales e históricas en que emergieron estos discursos empleados para consolidar la visión hegemónica que ha distorsionado a Darío.

A través de una exhaustiva radiografía en clave de ensayo narrativo, en este nuevo título Blandón analiza desde la teoría de la recepción la disputa de las élites locales para apropiarse de Darío, adentrándose en las distintas lecturas que han emergido desde su muerte. Así, con la versatilidad de los estudios culturales que no desconoce de los aparatos teóricos de la Historia, los estudios post-coloniales y la crítica literaria, en este libro asistimos a los múltiples nacimientos que Darío ha tenido a lo largo del siglo: el Darío que surgió con el Movimiento de Vanguardia, el Darío liberal, el Darío apolítico vago de una vaga ilusión y japonerías, el Darío anti-imperial, prócer de la soberanía nacional; tales lecturas se contraponen con el Darío histórico que hizo suyo el pensamiento liberal y romántico de su época.

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Para engranar esta variedad de discursos no exentos en algunos casos de ultrajes e ínfulas coloniales es necesario, tal como insiste el autor, “juntar las piezas del documento humano que subyace a la obra”. Excavar, pues, las toneladas de tierra que los sepultureros han vertido con dedicación y disciplina sobre Darío, a sabiendas que una vez que escarbemos hasta el hondo-fondo de nuestro discurso nacional nos encontraremos con los monstruos de la falange bajo las túnicas del mestizaje como ideología conciliadora, que ha delimitado el rango de comprensión con que podemos enfrentarnos no solo al espectro dariano, sino también al tema de la identidad nacional.

El libro de Blandón, en ese sentido, se distingue —como advierte Sergio Ramírez— de la avalancha de estudios aparecidos en el centenario de la muerte del poeta, en tanto que opta por un estilo muy narrativo, mezclando la rigurosidad académica con el vuelo poético, y dejando en evidencia la violencia epistémica que instituye a Rubén Darío como fundador de la literatura nicaragüense y pieza clave de la identidad nacional que hace suya la dicotomía civilización-barbarie, con la carga de exclusiones raciales, lingüísticas y culturales que implica. Este libro, por lo tanto, se pregunta por la premisa que establece a Rubén Darío como un agente civilizador, exponiendo las circunstancias en que las élites delinearon su horizonte de expectativas, por medio de la problematización del proyecto moderno.

Es justo en esa línea de tensión entre lo local y lo “universal”, entre la impronta modernizadora y la nostalgia por la tradición, que Blandón reflexiona sobre las grietas del mito, en una sana restitución de la subjetividad dariana.

Finalmente, este libro permite continuar excavando las toneladas de tierra que los sepultureros han echado sobre Rubén Darío, a sabiendas —que en ese proceso— nuestra generación (y las que vendrán) encontrará más preguntas que respuestas. ¿O acaso el largo cuello del cisne, violentado por las garras de los gavilanes, no simula sino el eterno signo de interrogación?

Y si hemos de torcerle el cuello al cisne dariano, después de este libro lo haremos en nuestros propios términos, ya desentendidos del yugo colonial y del nimio horizonte de expectativas de nuestras élites históricas, con los dispositivos teóricos que nos permitan acceder al Darío que aún espera ser leído por nuevas generaciones que contarán con mayor capacidad de cuestionar nuestra fisurada identidad nacional.


** Marcel Jaentschke es autor de los libros Sobre el desasosiego (BCN, 2011), Dilatada República de las luces (CNE, 2012), Anotacionesa la Banana Republic (S.E. 2015). También dirigió el cortometraje Boceto a carboncillo de la capital sincopada, el cual fue parte de la XI Muestra de CineLatinoamericanode Finlandia Cinemaissi. Obtuvo el premio Carlos Martínez Rivas convocado por la UNAN Managuaen 2010 y mención de honor en el Certamen de Literatura María Teresa Sánchez, promovido por elBanco Central de Nicaragua en 2011.