Opinión

Sin ética e ideología unidas, no hay izquierdas

El orteguismo inició su fuga de las izquierdas hacia las derechas, agrediendo los derechos políticos constitucionales de todos los nicaragüenses



En el babélico lenguaje político mundial, se hacen cada vez menos confiables los términos absolutos, porque, además de que no existe nada absoluto, cada término ha venido variando su significado ante las nuevas realidades de orden político, aquí y en mundo.  El término “izquierda” y “derecha”, cuyo origen accidental, como se sabe, quedó registrado en la historia de la Asamblea Nacional francesa de la revolución liberal burguesa de 1789, para distinguir a las fuerzas políticas opuestas representadas en ella, y según se ubicaban dentro del recinto parlamentario: las revolucionarias a la izquierda y las conservadoras a la derecha.

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Desde ese hecho de origen claramente baladí, a los dos términos –izquierda y derecha— se les asignaron significados políticos e ideológicos, de acuerdo a los intereses de clase representados por ambas corrientes: la primera como propulsora de los cambios sociales y la justicia social, y la segunda, como defensora del estatus quo de los privilegios sociales y la injusticia social.  Así, de simple, y en el transcurso histórico de las luchas entre las clases sociales por el control del Estado –expresión del poder de una clase sobre otras— sus contradicciones se han complejizado de tal modo, que tampoco el significado dado a esos términos reflejan la realidad.  Con el tiempo, se han multiplicado las corrientes de las izquierdas y de las derechas, contradictorias entre sí, y en determinados momentos, rivales también.

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Esa diversidad de izquierdas y derechas todo el mundo la conoce, aunque no todos se interesan en especificar sus diferencias, de lo que resulta una irreal homogenización, confusionista y perjudicial –en este caso— más para las izquierdas que para las derechas.  Las izquierdas son las que, en la historia,  menos han controlado el poder político del Estado y, por ello, tienen menos experiencia política que las derechas en el manejo y su dirección, porque estas cuentan con una experiencia recogida durante todas las etapas del sistema de la dominación de clase: la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo-imperialismo en los países desarrollados, y ahora y como siempre, inmersos en crisis de todo tipo: bélicas (guerras mundiales, intervenciones militares, terrorismo) económicas y sociales.

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En los países pobres las formas de dominación y explotación han sido, y son: el colonialismo original (que cortó su desarrollo autónomo y les impuso la esclavitud y la servidumbre), el capitalismo dependiente post colonial y el imperialismo depredador de sus riquezas naturales, en su forma actualizada de  neocolonialismo globalizado.  Y bajo este sistema estamos sobreviviendo los pueblos de los países pobres de todo el mundo, unos en lucha contra sus gobiernos y otros desde el poder, con procesos de cambios sociales bajo el acoso de las derechas internas aliadas con las derechas internacionales.

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Dentro de ese panorama mundial, las izquierdas muestran una gran diversidad en lo orgánico y en lo ideológico como fuerzas políticas, una de las causas de su falta de unidad y coherencia política.  Sucede que en algunos países en proceso de cambios, su división se ha vuelto parte de los motivos de sus derrotas, porque al mismo tiempo que les resta fuerza a sus gobiernos, fortalecen las posiciones de las derechas en su empeño por derrocarlos (por ejemplo, Venezuela, Ecuador, Bolivia), y han permitido la derrota de otros (Nicaragua en 1990, Argentina y Brasil ahora).  Sin embargo, si se quiere ser objetivo, no se debe perder de vista las diferencias –a veces profundas— entre cada uno y otro país, pues no hay dos experiencias iguales.

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Entre esas diferencias, vale tener presente también –para no meterlos a todos en el mismo costal—, los casos de Cuba, con su sociedad fortalecida por su unidad política e ideológica durante casi 60 años de resistencia y de victorias frente a sus enemigos internos y frente al extraordinario poder de su cercano enemigo externo, los Estados Unidos.  En cambio, nuestra revolución fue relativamente presa fácil de su enemigo externo (no por casualidad, el mismo país), de los enemigos internos, y también de su atraso en todo, incluso, en lo político e ideológico, que la hizo caer a su dirección en errores de fatales consecuencias. Luego, fue capturada por el oportunismo, las desviaciones y los vicios de una conducción que se inició como de izquierdas y degeneró en un caudillismo con políticas de derechas.

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Muchos de quienes en el exterior se interesan en las afinidades y en las diferencias de las izquierdas del continente, aún no logran fijarse bien en el aborto de la revolución nicaragüense, que enorgulleció a las izquierdas latinoamericanas y mundiales.  Afirmo eso, porque he conocido opiniones de ideólogos, nada derechistas, sobre las causas de la división de las izquierdas, frente a la unidad y fortaleza de las derechas, pero parecen o fingen ignorar lo que ocurre en Nicaragua.  Se la sigue viendo en revolución, cuando aquí reina el oportunismo y la corrupción en su gobierno.

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En nuestro país, el orteguismo rompió la unidad de las izquierdas desde antes de que alcanzara el poder en el 2007, y ha desplegado una política tan anti democrática y anti revolucionaria, que ha hecho víctimas por igual a los sectores de las izquierdas y a los de las derechas.  Con sus abusos de poder, el orteguismo ha creado condiciones para la alianza entre sectores medios de las derechas con sectores de las izquierdas para hacerle oposición a sus atropellos a los derechos constitucionales y su continuismo.  Pero el hecho de que esta alianza opositora no se haya consolidado aún, es otro tema, pero se conoce que eso también es un hecho provocado por el orteguismo.

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Mientras tanto, el orteguismo ha fortalecido su alianza con la cúpula del gran capital tradicional, homogenizando su defensa con la defensa de su propio capital,  nacido a la sombra del poder.  Esa alianza ha sido construida por Ortega, violando primero los siguientes principios: a) el respeto a la diversidad de criterios dentro del FSLN (solo su grupo “tiene” la razón y marginó a otros dirigentes); b) separó en la práctica la ideología de la ética (lo que dio origen a su corrupción); c) sustituyó la opinión colectiva con las decisiones personales.  Con la violación de esos principios a lo interno de FSLN, el orteguismo inició su fuga de las izquierdas hacia las derechas, agrediendo los derechos políticos constitucionales de todos los nicaragüenses, entre ellos, el derecho de elegir democráticamente, y busca imponer un régimen dinástico.

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Esto es de fácil comprensión para quienes no se creen dueños de la verdad y, sobre todo, para quienes anteponen los principios ideológicos a las ambiciones personales, pero no para quienes aplauden la “revolución” de  Daniel Ortega, quien hace todo lo contrario desde el poder, en primer lugar: el haber separado la ideología de la ética.  Al respecto, alguna gente de izquierdas, de fuera y dentro del país, no toma en cuenta su violación de los principios señalados, que es la causa de su corrupción.  Por las conveniencia políticas temporales, sacrifican la ética y la ideología.

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A propósito, un ideólogo de izquierdas latinoamericano, recordó algo que Ortega ha desconocido: “Con la revolución no se acaba el delito, pero se le persigue”. Y, desde luego, se le castiga, pero quien no lo hace, teniendo el poder de hacerlo, se contamina y se vuelve un delincuente también.  Si hiciera falta ejemplos, ahí quedó el fracaso de la  revolución rusa y de los gobiernos del Este europeo; y de algunos gobiernos latinoamericanos, en parte, por divorciar la ideología de la ética y no combatir el delito.  Parece un hecho simple, pero eso echó a perder muchos años de lucha y sacrificaron a sus pueblos junto a los avances conquistados en otras áreas de sus vidas.

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Por eso, estoy convencido de que una de las causas de las victorias de la revolución cubana frente a las agresiones externas (le duela a quilen le duela), son la intolerancia oficial del delito, la no separación en la práctica la ética de la ideología en la conducción política y el castigo del delito.  Y no porque falte el delito en Cuba, sino porque han sabido castigarlo, educando al mismo tiempo a la sociedad en lo ideológico y en lo ético.  Lo contrario de países donde no se combate las causas del delito, a medias se castiga el delito común, pero se toleran los grandes delitos cometidos por gente de poder económico y político, al cual fortalecen con su poder armado.

Curiosidades:

  1. El Cosep sigue exigiendo de palabras “elecciones libres”, porque es necesario “para el clima de los buenos negocios”.  Pero durante nueve años no le ha importado cómo viola la Constitución, manteniendo su alianza con el poder… ¡porque han tenido el clima apropiado para hacer negocios!
  2. La verdad de que: “En lo político, todos hemos fracasado”, no oculta la otra verdad: que el Cosep ha tenido éxito en lo económico dentro del “buen clima para los negocios”, pese a su confeso fracaso político.  Eso invita a preguntar: ¿seguirán su alianza con el poder que les ofrece el “buen clima de negocios”, aunque siga vigente el mal clima para hacer política?

Cronología imperial (*)

1973.- 1) El once de septiembre, luego de una permanente ofensiva de la CIA y el Pentágono, interna y externa, que llevó a Chile al borde de la bancarrota y la inflación más alta de su historia, las tres fuerzas armadas y el Cuerpo de Carabineros se declararon en rebeldía y bombardearon la casa de gobierno mediante aviones británicos equipados con cohetes teledirigidos gringos.

2)  También fueron  bombardeadas las estaciones de radio leales al gobierno,  la residencia presidencial y las fábricas donde resistían los trabajadores a los golpistas. Murió el presidente Allende y muchos de sus colaboradores, iniciándose una bárbara represión “a la indonesa”, la que ya había sido augurada por las derechas chilenas desde enero de 1971.

(Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.

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