Opinion

Sobre vampiros y corderos

Los vampiros hacen héroes y próceres de agresores y represores. Mientras, la unidad de los corderos está asediada por espíritus malignos

Este es, como bien se sabe, un país habitado por vampiros sedientos de sangre, y corderos que luchan por liberarse a través de una rebelión cívica y pacífica. Los corderos dan la batalla de la paz, y se enfrentan a la barbarie, con civilización. Los vampiros, azuzados desde la madriguera mayor que usufructúa la pareja de vampiros mayores, alientan, como sus amos, la barbarie, maquillándola de cristiana, socialista y solidaria, y celebran cuando sus esbirros le rompen la cara a tubazos a una noble mujer por ser solidaria con las madres de reos políticos, o agreden salvajemente a los hermanos de Amaya Coppens, o arrojan piedras a la casa de la muchacha y ponen pintas negras en sus paredes, y ni aun así logran borrar o manchar la sonrisa de quietud que los está derrotando, desde el rostro de esa muchacha que trasluce civilización ante la barbarie.

Los vampiros hacen héroes y próceres de agresores y represores. Hacen virtud de la maldad. La codicia es para ellos sinónimo de impunidad económica. La sangre que incitan a que se derrame, es símbolo de su poder. En este campo de antivalores y valores, los valores de los corderos le están ganando la batalla a los portavoces de los antivalores, los vampiros. Los vampiros son negros como sus almas inmortales, pero perecederos como sus vidas en la tierra. La inmortalidad de sus almas será para que paguen sus crímenes y desmanes, por toda la eternidad. Su vuelo tenebroso proviene de las tinieblas, y por ello los daña la luz, la luz del sol y de la moral y de la ética. La luz de la inocencia. La luz del auténtico amor al prójimo. La luz que en los justos no la apaga ni la muerte.

Ciertamente que la unidad de los corderos está asediada por espíritus malignos, que agreden y reprimen ese espíritu pastoril, ese “Dios en Blancura” que poseen, pues siendo rebaños de Dios, son responsables de su propia unidad, al punto que el Cardenal Brenes se ha visto en la necesidad de recordarle a este pueblo de corderos, lo siguiente, y sobre todo a quienes tienen influencia social y política: “Dejen de descalificarse unos a otros. Hay una fiebre presidencialista, cuando lo importante es consolidar una unidad de nación.” Y en este contexto de nuestra necesidad más apremiante, el obispo Rolando Álvarez, dice: “El país no necesita disputa, discordias, ni trifulcas. La unidad ya empezó en el pueblo, y lo que quiere es recibir de parte de grupos sociales, políticos y económicos, un mensaje de unidad.” Y sobre luz y unidad, luces y tinieblas, dice el padre Edwing Román: “Veo a Nicaragua con optimismo en medio de esa oscuridad. Muchos dicen que no ven la luz en este túnel, pero yo ya veo esa lucecita. Yo veo con optimismo a Nicaragua, somos cristianos y nos ha nacido la luz, la buena noticia, el nacimiento de Cristo. La oscuridad no puede prevalecer.”

El acoso y censura a los medios de comunicación, y el asedio a la Iglesia Católica, es el miedo a la palabra. Los vampiros viven aterrorizados por la palabra, y la palabra es de los corderos, porque saben que la palabra, el verbo que se hace carne, contiene la verdad, y la verdad nos hace libres. Luego, hay que enmudecer al pueblo de Dios, concluyen, y cuando no tirar ácido sobre las sotanas, terminar con la palabra de los jóvenes a balazos, o encerrarla con ellos en sus mazmorras. Y ni así. Pues se oyen cantos que surgen de voces juveniles, que pregonan entre paredes que en este país ha quedado demostrado, desde abril de 2018, que no hay diálogo posible sin palabras. Que los tiranos se retiran de cualquier diálogo, porque temen a la verdad y que una verdad compartida por el pueblo, es la unidad de los invencibles. Y a eso le temen los tiranos o vampiros. Porque nosotros, los corderos, no podemos tener “unidad” de sapos, orejas, vendidos e imitadores de la pareja. Nosotros somos quienes somos y creemos en el derecho ajeno. Los vampiros no. Recordemos aquella oveja envejecida de sufrimiento y angustia, a las puertas de El Chipote, con una orden de libertad para su hijo, suplicando en el nombre de Dios, a lo que los carceleros, burlándose de la anciana, le dijeron: “Que te lo ponga libre Dios. Nosotros no.”

Estamos ya en el 2020, sin ningún derecho que nos proteja. Desde la pareja presidencial, hasta el último de los vampiros, creen en el placer de martirizar a los corderos, en nombre del poder, e ignoran que el 15 de julio de 1867, Benito Juárez, el insigne mexicano, dijo esta frase inmortal que quedó grabada en la conciencia de la humanidad: “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.” Por su parte, la escritora inglesa Evelyn Beatrice Hall, dio esta lección de tolerancia: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Tanto la frase de Benito Juárez como la de Evelyn Beatrice Hall, son una lección de convivencia, paz y moral. Si todos los humanos aprendiéramos de ellas, el mundo podría vivir sin guerras, y los seres humanos convivir con diferentes opiniones, y expresarlas con entera libertad.

Y aunque en opinión de los vampiros, “no existe otro derecho que el de los tiranos, irrespetarlo significa la guerra”. Por ello es que la filosofía de la barbarie se traduce así: “Como no estoy de acuerdo con lo que dices, vas a perder la vida por andarlo diciendo.” Sin embargo los corderos debemos de quedarnos con lo que dicen nuestros obispos, curas que hacen luz de las tinieblas y seres verdaderamente humanos que luchan por demostrar que la unión hace la fuerza. Que sabiendo que no hay diálogo posible en un país sin palabras, estamos abiertos a un diálogo permanente. Conscientes de que la libertad se sustenta en la palabra, debemos de proclamar nuestra indeclinable vocación de unidad y libertad. Este es nuestro propósito de corderos al estar iniciando el 2020. Proclamar, para que nuestro suelo no se siga tiñendo con más sangre de hermanos, que nuestra patria, unida, tiene la palabra.

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