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¿Soy adicto al sexo?

Toda adición es una enfermedad y no puede ser curada con fuerza de voluntad. Si creés que tenés un problema, buscá ayuda profesional



La sexualidad es una parte natural de una vida saludable. Pero a veces las cosas se pueden salir de control y te encontrás obsesionándote con pensamientos sobre sexo, sintiendo o haciendo cosas que tienen repercusiones graves en tu vida, y lo peor es que sentís que no podés parar. Si esto te pasa, podrías estar experimentando una adicción al sexo.

La adicción al sexo se expresa generalmente como una obsesión (o sea, que no podés dejar de pensar en ello) con actividades sexuales o como comportamientos compulsivos (es decir, que no podés controlar). A veces lleva a la persona a fantasear o involucrarse en actividades que están fuera del límite cultural, legal o moralmente aceptados de actividad sexual.

Pero, ¿cómo saber si sos adicto al sexo? Te puede ayudar hacerte estas preguntas:

¿Puedo controlar mis impulsos sexuales?
¿Mi comportamiento sexual está afectando mis relaciones, mi trabajo o me está trayendo problemas personales, familiares o legales?
¿El sexo está constantemente en mi mente, aunque no quiera pensar en ello?
¿Trato de ocultar mi comportamiento sexual?

Si contestaste que sí a alguna de estas preguntas, es signo de problemas.

En muchos casos, la adicción es a una actividad sexual aceptable, pero que el adicto tiende a llevar al extremo. Y como sucede con cualquier otra adicción, el proceso es lento. Siempre se vuelve cada vez más intenso y difícil de controlar, por eso es importante estar atento a los siguientes síntomas:

La razón por la que estás teniendo sexo: todos (o casi todos) tenemos sexo y ganas de tenerlo. Pero si estás teniendo sexo porque tus impulsos sexuales son demasiado intensos y sentís que no los podés controlar, ya no lo hacés con libertad, sino por una sensación de necesidad o para escapar de otros problemas como la depresión, la soledad o el estrés – es decir, por las razones incorrectas- entonces hay un problema.

No lográs establecer y mantener y/o evitás cualquier tipo de involucramiento emocional: con la persona con la que estás teniendo sexo, aunque estés casado o en una relación estable. Es decir que te incomoda, por ejemplo, mirar a los ojos durante la relación sexual o hablar y abrazar o acurrucarte con la persona justo después de tener sexo. También incluye la dificultad de compartir con tu compañero sexual tus sentimientos, pensamientos, emociones (miedos, alegrías, tristezas, frustraciones) más profundos. Por ende, tendés al sexo anónimo (prostitutas, “líneas calientes”, servicios comerciales de Internet con contenido explícitamente sexual, sexo con desconocidos) y/o solitario (masturbación, pornografía).

Te cuesta obtener satisfacción de la actividad sexual que tenés: y por tanto tendés a buscar cada vez más actividad sexual o actividades sexuales cada vez más extremas (tríos, sexo sadomasoquista, aventuras extramaritales, exhibicionismo, sexo “de riesgo”) tratando de conseguir satisfacción, infructuosamente.

Toda adición es una enfermedad, y como tal no puede ser curada con fuerza de voluntad. Si te diera tuberculosis, ¿tratarías de curarte a punta de fuerza de voluntad? Seguramente no. Lo mismo con las adicciones. Si creés que tenés un problema, buscá ayuda profesional.

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