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Opinión

El tercer lustro de Ortega

Gobernabilidad

Ortega y su consorte co-gobernante más bien se enfrentan a un escenario de creciente descontento y alta movilización social dentro del país



El período presidencial que inicia hoy Daniel Ortega en Nicaragua es el tercero de una línea continua que comenzó hace diez años. Comienza este período presidencial acompañado de su esposa Rosario Murillo, quien ha probado ser una mujer de poder y hasta ahora, le ha ganado la lid a sus adversarios. Más allá de los personajes, aquí van algunos rasgos del régimen construido por los Ortega-Murillo que anticipan el tipo de gobierno en su tercera magistratura.

  1. Gobierno autoritario con decisiones centralizadas en el presidente, o más bien la primera dama. Subordinación de todos los poderes del Estado, incluidos el sistema electoral y los gobiernos municipales.
  2. Entre los años 2013 y 2016, se ha producido un proceso acelerado de reforma y aprobación de leyes para dar fachada de legalidad a la estructura de poder construida.
  3. El Estado ha sido utilizado para dar vida y consolidar un nuevo grupo de poder económico que tiene como figuras principales a la familia Ortega-Murillo y allegados.
  4. Alianza y subordinación de las fuerzas armadas y la policía para que respondan y protejan los intereses del grupo gobernante.
  5. Concepción instrumental del Estado y las fuerzas armadas.
  6. Cooptación del gran capital, convirtiéndolo en socio corporativo y cómplice del gobierno.
  7. Macroeconomía estable, agudas desigualdades e inequidad social y manejo discrecional de los recursos estatales y de la cooperación internacional.
  8. Creación de un sistema de vigilancia y control social para contener y “eliminar” la oposición, disidencia y descontento social.
  9. Fuertes restricciones y violaciones a los derechos humanos y ciudadanos, comenzando por el derecho al voto, el derecho a la organización y movilización, y la libertad de expresión.
  10. Políticas clientelistas y populistas para contener descontento social y ganar adeptos.

Si en el 2007, Ortega asumió la presidencia con una expectativa que podríamos calificar como positiva, hoy no es igual. Ortega y su consorte co-gobernante más bien se enfrentan a un escenario de creciente descontento y alta movilización social dentro del país, mientras que en el exterior no es más favorable en términos económicos ni políticos. No es posible adivinar el futuro pero tampoco es difícil anticipar que el reto más importante de la sociedad nicaraguense en su conjunto es encontrar una salida pacífica y democrática para el país. El restablecimiento de los viejos autoritarismos no es opción para el futuro.


Elvira Cuadra es socióloga. Siga el blog de la autora.