Opinión

Territorio, memoria e identidad – II parte

Masaya

Monimbó enarboló banderas contra el somocismo y ahora se alzó contra el presidente Ortega



(Masaya, Managua, Chontales, Carazo y Matagalpa)

Masaya no es solo capital del folklore para millares de masayas y centenares de miles de nicaragüenses. Continúa siendo la ciudad con enorme tradición de rebeldía. En el barrio indígena de Monimbó se construyeron barricadas desde finales del mes de abril de 2018, en la búsqueda de una forma de gobierno más atenta a los sueños y esperanzas de todos los nicaragüenses. Su heroicidad motivó al cantautor Carlos Mejía Godoy —nuestro más célebre juglar contemporáneo— a componerle una nueva canción, cuarenta años después que Camilo Ortega Saavedra, se inmolara el 26 de febrero de 1978 luchando contra el somocismo.

El grito de guerra de aquellos años sigue escuchándose. ¡Monimbó es Nicaragua! Exclaman jubilosos los dueños del futuro. Monimbó enarboló banderas contra el somocismo y ahora se alzó contra el presidente Ortega. La tarde del 10 de mayo de 2018 todo cambió para el sacerdote Edwin Román, encargado de la iglesia San Miguel. Pasó de ser un cura común y corriente a ser visto como superhéroe de los masayas. Gracias a su valentía e intervención humanitaria —y la de Álvaro Leiva, defensor de los derechos humanos— decenas de masayas salvaron sus vidas y muchísimas personas fueron liberadas de las ergástulas. Son sus ángeles tutelares.

Los recuerdos de Papa Beto sobre la vieja Managua, difieren de las evocaciones de Onofre Guevara. La forma que se relacionaron con la ciudad es totalmente distinta. Su visión es intensa y reveladora. Las reminiscencias de Norberto Herrera sobre el barrio Los Ángeles, distan de la prodigalidad de las remembranzas de Roberto Sánchez Ramírez. Norberto fija su atención en el barrio donde vivió su infancia. El barrio San Sebastián adquiere igual intensidad en los escritos de Sergio García Quintero y en las crónicas que dejó pendientes Danilo Aguirre Solís. La Managua evocada por Róger Fischer es un tanto parecida a la exaltada por Juan Aburto.

Las obsesiones que acosan a Bayardo Cuadra, ofreciendo frenético su visión de la vieja Managua, son las mismas que perseguían a Mario Fulvio Espinoza. Ambos metidos de cabeza contándonos su pasado, buscando como armar su memoria dispersa. Juntándola. Salvándola del olvido. La precipitación del centro nocturno Plaza provoca efectos diversos en la memoria de Gustavo Tablada Zelaya, que en los míos. Mi llegada tardía la noche del 22 de diciembre a entregarle el jeep que me había dado prestado para asistir a una cita amorosa le salvó la vida. Él tenía que estar dentro esa noche, mi retraso pospuso su encuentro con la muerte.

Lanzar globos azul y blanco —los colores patrios— se convirtió en un acto delictivo. El 14 de septiembre de 2018, fecha que se conmemora la Batalla de San Jacinto, las calles de diferentes municipios amanecieron llenas de globos azul y blanco. Contenían mensajes contrarios al gobierno del presidente Daniel Ortega. En una especie de surrealismo, diez personas al menos fueron hechas prisioneras por policías y civiles armados. En San Marcos, los jóvenes Daniel Carvajal y Maykell Corea fueron detenidos en la madrugada. Se encontraban jubilosos lanzando al aire las chimbombas. Las detenciones causaron perplejidad mundial.

Destruir los globos lanzados al aire fue la tarea encomendada a policías y fuerzas de choque. En Matagalpa detuvieron a la joven Osiris Castro por idénticas razones. En Nandasmo siete miembros de una misma familia corrieron igual suerte. Gustavo Adolfo Núñez Arias, su hija Yossy Natalia Núñez, António Constantino Nesme Arguello, Raquel Auxiliadora Núñez, Claudia Escobar Rosales y Miguel Ángel Gaitán Martínez, fueron hechos prisioneros por lanzar globos. El 14 de septiembre quedó grabado en sus vidas. Carazo, Matagalpa y Masaya, son consideradas por numerosas personas como departamentos irreductibles.

Nuestras vidas están íntimamente conectadas con el territorio que habitamos. César Vallejo, el gran poeta peruano fallecido en París hace ochenta años, el 15 de abril de 1938, me mostró que una casa cobra vida cuando empieza a ser habitada. Antes es un centro inerte, sin ningún significado o trascendencia. Espacio y tiempo seguirán ejerciendo sobre nosotros las huellas de su impronta. La historia la hacen los humanos, pero muchas veces olvidan la gravedad o importancia de sus acciones. El tiempo de la familia seguirá mediando entre el tiempo de la historia y el tiempo de la vida, como nos instruyó el inglés Richard Hogarth.

Nadie podría vivir sin sentirse atado a una identidad moldeada por los hechos cotidianos; las sacudidas políticas y los acontecimientos telúricos rasgan la piel de nuestras sociedades. Dejan sus marcas en nuestras vidas. Mojones desde donde se divisan mejor las hazañas del presente y del pasado. Una calle no solo facilita el tránsito vehicular, fue escenario de una contienda militar, el asalto de una tropa o el sitio donde detuvieron a varios estudiantes por participar en las protestas. Somos hijos de nuestro tiempo y herederos inevitables del pasado. No hay futuro sin presente, ni presente sin pasado. La historia es más que una simple concatenación.

Juigalpa suscita iguales emociones entre los centenares de estudiantes de Santo Domingo, La Libertad, Cuapa, Comalapa, San Pedro de Lóvago, Santo Tomás, Villa Sandino, Acoyapa, El Coral, San Miguelito, que llegan todos los sábados a estudiar en las distintas universidades asentadas en la tierra de caracolitos negros. Santo Tomás sigue siendo para muchos el lugar donde saborearon el mejor quesillo de Nicaragua. Millares de habitantes de Santo Domingo y La Libertad rechazan la explotación minera de tierra arrasada, efectuada por la compañía canadiense B2Gold. Aborrecen las cicatrices incurables sobre su geografía.

Desde que la virgen se le apareció a Bernardo Martínez, el 8 de mayo de 1980, Cuapa se convirtió en centro de peregrinación nacional e internacional. Un verdadero santuario. Caravanas de creyentes se reúnen en ese día para testimoniar afecto a la virgen de Cuapa. Millares de personas acuden en busca de milagros que atenúen sus dolores o les salven de la muerte. Todos llegan a Cuapa a refrendar su fe. A la virgen la sacan en romería dentro y fuera de Nicaragua. El empalme de Lóvago es para muchos el lugar donde perdieron la vida sus familiares, durante las protestas iniciadas en Nicaragua durante el mes de abril de 2018.

Una clave para leer los tiempos —y no hay tiempo sin historia— me la enseñó Honorato de Balzac. Al autor de La Comedia humana, su vasta producción lo consagra como el gran escritor realista del siglo XIX. Carlos Marx abrevó en sus fuentes. Cuando ya no queden manuscritos, ni papeles a los que podamos asomarnos para conocer la historia de una ciudad, alcemos la mirada y fijemos nuestros ojos en la arquitectura de sus casas y en los distintos estilos de sus edificios. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la gente gritaba, ¡No disparen contra nuestras estatuas! Trataban de preservar sus monumentos.

Las esculturas dan cuenta de la historia. No se trata solo de mármol o cemento transfigurado por las manos prodigiosas de los grandes escultores. Arrasada una ciudad, devastada por la guerra o por la estulticia humana, en esas luchas cruentas donde se elimina la creación del otro, la memoria de cada uno de nosotros, sigue y seguirá siendo el más grande reservorio para recordar el pasado. Recordamos plazas, casas, edificios, las rebeliones armadas y las sacudidas de la naturaleza, porque fueron inclementes con la vida de nuestros hijos, hermanos, padres, amigos y demás seres queridos. No lo hacemos por simple prurito.

La calle El Tamarindo en las Américas Tres, una calle anónima, excepto para sus vecinos, adquirió una connotación especial para Tania Romero, madre de Matt Andrés Romero, quien perdió la vida por parte de quienes se dicen representantes del presente y forjadores del porvenir. Romero acompañaba la marcha Somos la voz de los presos políticos, cayó fulminado por disparos recibidos por personas que se creen dueñas de calles, plazas y avenidas. El joven estudiante de secundaria asistía a las marchas con la misma asiduidad y convicción que el cardenal Leopoldo Brenes, se aparece por la catedral de Managua a dar misa todos los domingos.

La apertura de los portones de la UCA —el 30 de mayo de 2018— ordenada por su rector, el sacerdote jesuita José Idiáquez, ¡fue providencial! Muchas personas pudieron haber resultado muertas o heridas, como pasó con los once manifestantes asesinados y decenas de heridos durante esa tarde. Para Tamara Ortiz —originaria de Estelí— León fue adonde marchó su hija Amaya Coppens —mitad belga, mitad nicaragüense— a realizar estudios de medicina. También es la ciudad donde fue hecha prisionera por encapuchados. ¡Cómo marcan nuestras vidas calles, plazas y ciudades! Ningún ser humano puede ser ajeno a hechos ocurridos en los lugares por donde discurrió la vida de sus familiares, amigos y sus seres queridos.

*Este artículo está la segunda parte de otro artículo publicado en Confidencial, que puede leer aquí: Territorio, memoria e identidad