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“Tigrillo”, el estudiante de ingeniería de la UNI, preso político

En dos años, John Cerna fue perseguido y expulsado de su carrera. Ahora es el último estudiante condenado por el régimen a 12 años de cárcel

Semanas antes de ser arrestado, John Cerna supo que lo estaban siguiendo. Unos hombres desconocidos preguntaron por él en la casa de una prima. Días después, en la zona donde alquilaba un cuarto, le advirtieron que la Policía andaba buscando a un muchacho conocido como “Tigrillo”.

Sabía que era momento de mudarse a un lugar más seguro, como lo había hecho decenas de veces en los últimos dos años, pero por las circunstancias personales y del contexto, no le permitieron moverse a tiempo a un espacio seguro. Esto facilitó que la Policía lo arrestara el 28 de febrero, acusado por supuesta posesión y venta ilegal de drogas.

—En mi cuerpo pueden encontrar licor y tabaco, pero jamás drogas. Yo no consumo eso y mucho menos lo distribuyo—, afirmó dos días después, a su mamá y una de sus hermanas, cuando finalmente lograron verlo en la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ). No hacía falta que lo dijera. Ellas lo sabían.

John Cerna adoptó el seudónimo de “Tigrillo” cuando se involucró en las protestas de la Rebelión de Abril, en 2018. Intentó protegerse, pero no logró evitar, convirtiéndose en uno de los 86 reos políticos que la dictadura mantiene en prisión, y es el último universitario condenado por el régimen.

Estudiante y Boy Scouts

John Cerna Tigrillo
El líder estudiantil de la UNI fue parte de los Boy Scouts de Nicaragua durante 10 años. Cortesía | Confidencial

El “Tigrillo” se mudó de Matagalpa a Managua ocho años atrás. Llegó con la ilusión de graduarse como ingeniero civil. Era el primero de sus hermanos que se iba del departamento persiguiendo su sueño de ser un buen profesional.

John, de 25 años, quiso estudiar en la parte pública de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), pero no lo consiguió. Con apoyo económico de sus papás, se inscribió el primer año en el Instituto de Estudios Superiores (UNI-IES), la parte privada de esta alma máter. Al año siguiente, reintentó ingresar a la UNI y lo consiguió.

También los domingos se inscribió en carreras técnicas de albañilería y electricidad. Solía decirle a una de sus dos hermanas que todos estos esfuerzos eran necesarios porque el mundo laboral es muy competitivo.

“Él hacía todo lo posible para poder sacar sus clases lo más pronto posible. Hubo un tiempo en que estuvo enfermo a mediados de la carrera y tuvo que salirse. Entonces, al volver a la universidad busco cómo inscribirse para ponerse al corriente”, comenta su hermana, Alba Cerna.

John también tenía una década como miembro de los Boy Scouts de Nicaragua. Ahí fue donde surgió el apodo que luego usaría como seudónimo. Pertenecía a un grupo llamado “Tigre”, y cuando le preguntaron por un apodo se lo ocurrió “Tigrillo”, recuerda su amigo Eduardo Báez.

La lucha universitaria del “Tigrillo”

John Cerna Tigrillo
Durante el 2018, John Cerna, se mantuvo en la clandestinidad para proteger su vida. Franklin Villavicencio | Confidencial

Antes de la Rebelión de Abril, John ya había tenido “diferencias” con los miembros de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN) de la UNI, porque le negaron una ayuda económica destinada a los estudiantes. Sin embargo, fue hasta el 18 de abril de 2018 que su vida cambió.

Ese año, el “Tigrillo” cursaba su último año académico y solo le restaban ocho asignaturas. Sus amigos lo describen desinteresado y humanista, el tipo de persona que antepone las necesidades de los demás, y un líder innato. Eso le empujó a sumarse a las protestas y ahí comenzó su amistad con Eduardo Báez.

“Él siempre ha sido una persona con mucho carácter. A diferencia de otros que todo era algo nuevo, él parecía como que venía de otras protestas. Ya traía la fuerza y seguridad que otros muchachos no tenían”, recuerda.

El 29 de mayo, en la víspera de la “Madre de todas las marchas” fue uno de los últimos estudiantes atrincherados en abandonar el recinto, tras el ataque de la Policía Nacional. Una bala le rozó el ojo izquierdo, lo trasladaron al Hospital Bautista y horas después regresó a atrincherarse.

—Ya estoy de nuevo— le dijo a Eduardo.

—¿Y qué venís hacer? Mirá cómo venís— le respondió aún sorprendido.

— Si vos morís conmigo, yo muero con vos— zanjó.

Para Eduardo, esta es una de las frases que caracteriza a John. Solía repetirla a sus amigos, y trataba de cumplirla.

La expulsión de John Cerna

Por su participación en las protestas e identificado como uno de los líderes estudiantiles de la UNI, John se “ganó” la expulsión de su carrera. El mismo día de su cumpleaños —que coincide con el Día Nacional del Estudiante Nicaragüense, el 23 de julio—, John protagonizó una protesta en el recinto y fue detectado en el radar de UNEN, recuerda Eduardo.

“Cuando pasa todo esto, las autoridades deciden aplicarle un mecanismo que estaban utilizando con otros estudiantes: primero le negaban el acceso al recinto por completo, ponían su nombre dentro de un listado para que los CPF (guardas de seguridad) no los dejaran entrar. Después le negaron el acceso a su correo, entonces él ya no podía inscribir ninguna materia. Es decir, que la UNI no hizo una expulsión directamente como lo hizo la UNAN, pero les restringieron el acceso”, explica Eduardo.

La expulsión fue uno de los golpes más fuertes que John Cerna sufrió ese año. Con pocas clases pendientes, perdió todas las oportunidades de graduarse. En las semanas previas había recopilado su documentación académica, pero no logró autenticarla. Sin embargo, asumió las consecuencias.

“En esta situación uno tiene que sacrificar una cosa para ganar otra”, dijo en diciembre de 2018 en una entrevista a la Revista Niú. “Yo me digo todos los días que no hay noches tan largas ni días tan oscuros. Más que todo es librar esta batalla muchas veces social, psicológica y física. Todos los días hay un desgaste. La vida pesa”, reflexionó.

Por esta convicción, que a veces parecía desmedida, llegó a discutir con su familia, que le pedía desistir al ver las repercusiones: agresiones, persecución, cárcel y muerte. Incluso, la última conversación que tuvo con su papá fue por esta causa. Luego, su padre falleció en enero, en un accidente de tránsito.

El golpe emocional del duelo

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John junto con su hermana, Alba Cerna, quien ha luchado junto a su mamá por su libertad. Cortesía | Confidencial

Seis semanas antes de ser arrestado, John Cerna y su familia estaban golpeados emocionalmente, sobre todo John, que se debatía entre ser el apoyo de su familia en Matagalpa o quedarse en la capital.

“La última conversación que tuve con él fue acerca de mi papá”, recuerda su hermana Alba. “Él estaba pendiente de cómo nos sentíamos, porque realmente mi papá era la cabeza de la familia y el perderlo fue bastante difícil”, afirma.

Eduardo recuerda que John se sentía mal porque la última conversación con su papá “no había sido buena”. Había retomado su carrera en la Universidad Centroamericana, pero estaba considerando regresarse a Matagalpa, y ya no pudo decidirlo porque fue arrestado.

Su madre y sus hermanas se han visto afectadas emocional y económicamente, porque se han tenido que movilizar a Managua para denunciar las arbitrariedades de su encarcelación y visibilizar su caso.

La condena contra John Cerna

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John Cerna de bebé. Sus amigos y familiares afirman que su mayor deseo es poder graduarse como ingeniero civil. Cortesía | Confidencial

Hora y media antes de ser arrestado, John acordó con Eduardo que a las 11:00 a.m. de ese 28 de febrero, se reunirían en el apartamento de su novia para ir una cita médica a revisarse un malestar en un brazo. John tenía que pedir permiso en el laboratorio de la UCA y cuando comenzó a caminar hacia la Universidad se dio cuenta que unos hombres de civil (más tarde descubriría que eran policías) lo estaban siguiendo. Entre los nervios y el miedo de ser secuestrado John corrió rumbo a la zona de Enel Central. Los hombres lo siguieron y en el trayecto logró enviar un mensaje a dos de sus amigos: a Eduardo con quien se vería en breve y al amigo que se quedaba en su cuarto.

—“Me vienen siguiendo” —, les escribió.

Los policías lo llevaron a la habitación que rentaba, y Eduardo alcanzó a ver cuándo se lo llevaron en la tina de una patrulla. Estaba cabizbajo, tenía la mirada perdida y solamente levantó el rostro por unos minutos, recuerda. Fue la última vez que lo vio. El domingo fue llevado ante el juez y comenzaron las anomalías de su acusación.

“No le notificaron a nadie (que lo llevarían a los Juzgados). Ni al abogado que escogimos”, reclama su hermana. El Ministerio Público impuso un defensor de oficio que respaldó el proceso y “lo declaró culpable”, agrega.

El mismo día, John fue traslado a la cárcel de hombres La Modelo. En la audiencia, los testigos se contradijeron sobre la posesión de droga. “La perito que fue la encargada de hacer la muestra química con respecto a la supuesta bolsa que andaba mi hermano en la mochila, afirmó ella misma que no tenía ninguna preparación previa y, también dijeron que no se hizo ninguna requisa en el momento de la detención porque había mucha gente cerca”, reseña Alba.

El nuevo abogado defensor, puesto por la familia, alegó que la salud de John también estaba deteriorada por una luxación pulmonar y en el hombro, problemas neuronales y dos costillas rotas por la patada de un policía. Sin embargo, 84 días después de estar encarcelado lo declararon culpable y once días después le leyeron la sentencia: 12 años de cárcel y a una multa de 37 000 córdobas. John acumula 104 días en prisión.


*Este reportaje es parte de la serie especial de CONFIDENCIAL: “Presos políticos de Nicaragua”.

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