Opinión

Tinieblas y encapuchados

el poder de Ortega

El Carmen es una cueva de vampiros. Les molesta la luz y en las tinieblas traman las cosas más horrendas para el país



Como regresando de las tinieblas a la luz, casi coincidiendo con la insurrección pacífica del 19 de abril, un escriba arrastró a otros pocos a firmar un documento de elogio y agradecimiento al mismo tirano de Nicaragua, que ya tiene en su haber 315 asesinados.

El escriba y su testimonio de conversión

 Al parecer el escriba, después de aquel desafortunado hecho, se ha convertido, y eso es bueno, para él y para sus poemas. Pero mejor sería que su conversión no dejara dudas en cuanto a que si sus versos, hoy, favorecen a Jesús o a Herodes. Mientras esto se dilucida en la conciencia del aludido, aprovecho parta apelar a las de quienes todavía puedan creer que es posible balancearse a conveniencia entre Cristo y Herodes, ahora que está claro que es el pueblo el crucificado. Si no olvidamos que o se está con lo justo o con lo injusto, o sea que, tal y como Él lo condicionó, o se está con Jesús o contra Él, llegaremos a la conclusión de que nuestra esperanza en la paz, se sustenta en el rechazo claro y rotundo a toda tiranía. Que para que no haya más tiranía, la pareja de dictadores se debe de ir ya.

El General en su laberinto

Recientemente el hermano del tirano lanzó urbi et orbi, otra de sus encíclicas para hacernos entrar en razón. Lamentablemente, el que su hermano se vaya ya, no figura en sus humanitarias consideraciones, pese a la tendalada de muertos que costaría adelantar unas elecciones hacia la nada, con alguien que como su hermano no tiene palabra. ¿No sería, confiar en el tirano, un sí a más muerte? 

 La redacción de la encíclica posiblemente supera el mejor estilo de nuestro escriba converso, pero casi todo me pareció en ella reiterativo, de algo que ya conocía, con cosas tan surrealistas como convertir el Seminario de Fátima, donde a veces hay diálogo, en Sapoá. Para colmo, con la ya conocida vocación de pirómano del tirano, hasta es de esperar que se le ocurriese adelantar su reelección, dando por concluido el diálogo incendiando el Seminario de Fátima. En fin, nada nuevo trajo el barco en esa encíclica, salvo el tácito reconocimiento de que su hermano es tan sanguinario, que puede mandarlo a matar. Según el General él se encuentra entre de los tres “intentos terroristas” a llevarse a cabo.

Don Enrique el memorioso

Curiosamente hace muy poco veía una entrevista que le hacían a don Enrique Bolaños, limpia y ajena a todo fariseísmo, y cuando el entrevistador le pregunta por el tirano, don Enrique simplifica ese sórdido mundo en el que Caín desarrolla su infinita maldad, diciendo: “Es cruel.”

Antes don Enrique había dicho que el dictador es un hombre que desconfía de todos. Sería bueno que tal desconfianza la hiciera extensiva a su compañera de trono, y así el hermano de Caín, que no se llama ni es Abel, correría menos peligro. Pero sí,  este es un mundo de Caínes y Abeles, o mejor dicho de Caín y Sra., y de los Abeles que somos todo el pueblo de Nicaragua. El de la encíclica no es el Abel que paramilitares detendrían en un tranque, como hicieron con Vicente Rappaccioli, y le darían un tiro en la cabeza, al mejor estilo de la pareja de dictadores. También este es un mundo de escribas y fariseos. Pero sobre todo lo es de Cristos, crucificados a balazos por los esbirros de los monarcas, y Herodes mandando a robarse las tierras de la empresa privada, y a incendiar las casas de quienes lo adversan, porque están con Cristo y no con él. Insisto, William Walker no sabe dialogar. Es inhumano.

Cueva de vampiros

El Carmen es una cueva de vampiros. Les molesta la luz y en las tinieblas traman las cosas más horrendas para el país. Esperan, sobre todo la noche para matar, y soltar a sus encapuchados. Inventan venidas de ejércitos, con el pretexto de ejercicios militares en el momento más inoportuno, para que soldados de los buenos y de los malos sean víctimas de un misterioso “fuego amigo”, para culpar a los vandálicos. Se prepara la guerra para matarnos mejor, y el tirano aparecer como el salvador de los soldados visitantes. Sus “soldados de fortuna”, muy bien encapuchados, harían un trabajo de película. Protectores de ejércitos bien entrenados, de día. De noche, en esa cueva de vampiros, aguardan para matar a niños y chuparles la sangre. La estrategia es sumirnos a todos en sus tinieblas. El futuro de la nación, será el de las maras orteguistas y murillistas. El reino de la delincuencia sin control alguno. El narcotráfico en vivo y a todo color. El apocalipsis.

Sobre cadáveres danza Herodías

 Ya lo dijimos, es la política de tierra arrasada. La política que sintetiza lo peor de tantos Herodes que han existido en la historia. De Herodes y niños calcinados vivos en esas casas que mandan a incendiar. De Herodes mandando a matar a los santos inocentes. De Herodías, enemiga acérrima de Juan el Bautista porque criticaba la inmoralidad en la que vivía, pues siendo esposa del Filipo, hermano de ese otro Herodes, se las pegaba con su propio cuñado por amor al poder, y no soportaba las críticas, que ningún corrupto soporta, de Juan el Bautista. Porque las de Juan eran críticas morales contra la corrupción.

Fue así como aquella mujer sin escrúpulos, estando en una fiesta con Herodes, envió a su hija a danzar especialmente para él,  y Herodes, seducido por la juvenil belleza, le ofreció a la muchacha darle lo que quisiera, y ésta lo consultó con Herodías, su madre, quien le ordenó que pidiera la cabeza de Juan el Bautista, la cual le llevaron, todavía sangrando, sobre una bandeja. Al igual que aquí sus sicarios les llevan a los tiranos las cabezas, perforadas por mortales tiros, de nuestros Juanes Bautistas. Y es de imaginar que hoy danza Herodías para Herodes, como lo hizo su hija, con ligera vestimenta, sobre cadáveres, y es de suponer que esta descripción, que aunque simbólica es verdadera, jamás aparecerá en encíclica alguna del hermano del dictador, ni se adelantarán las elecciones imposibles. Pues no se puede elegir entre la democracia, y quien nos asesina.

Cuide a sus niños, Herodes anda suelto

De las tinieblas de El Carmen, salen los encapuchados con órdenes precisas de matar. ¿Cómo se matan niños? ¿Cómo se incineran? ¿Cómo se logra el pulso firme para apuntarle a una criatura a su cabecita? Los tiranos los entrenan. El aderezo principal para la preparación de esa comida macabra, es no tener piedad. No conocerla. Ser, como dijo don Enrique, cruel. Los encapuchados aterrorizan a los niños. No respetan a los ancianos, y a los jóvenes los consideran carne de cañón.

 Esto que vivimos, es la orgía de los caníbales. El banquete de los encapuchados. Las tinieblas en que se pierden sus podridos sentimientos. Estamos en el país de tinieblas y encapuchados. Cuando estos últimos se quitan las capuchas, a llegar a sus casas aparecen rostros de buitres. Horrorizan hasta a sus familiares. Cuando no los matan,  saliendo de sus tinieblas aterrorizan y traumatizan a los niños. El Carmen hiede a carroña. Son quienes ahí habitan, pues a nuestros muertos cuando no los congelan en Medicina Legal, sin identificación e irreconocibles, los tiran como hacía Somoza, en la Cuesta de El Plomo.

Hay marchas y plantones por niños, madres, padres y abuelos asesinados. Cuando terminan, de entre sus tinieblas salen los encapuchados a sembrar el terror. Pero hay marcha de las flores. Las marchas de un nuevo amanecer. Las marchas que dan a conocer a nuevos cantautores, escultores, pintores, canciones estremecidas por nuestra terrible realidad, que son el testimonio artístico de ese nuevo amanecer. ¿Será el futuro de los niños? Tiene que ser así.

En la Marcha de las Flores, para ponerle flores a los niños caídos en la represión, vi una manta decorada de flores, con fondo azul y blanco, con la siguiente advertencia en letras destacadas: CUIDE A SUS NIÑOS, HERODES ANDA SUELTO. Debemos de hacerlo, para que tengan el futuro que se merecen.