Opinión

Tito: ¡Ya tenemos bandera otra vez!

Plantón

“Los actuales autoconvocados seguimos apostando por la insurrección cívica”.



Ernesto Castillo Martínez, “Tito” por excelencia para los amigos, fue sin altibajos reflejo de lo que se puede calificar como una integridad permanente. Nació en Granada Nicaragua, el 19 de junio de 1939, y falleció en Managua este recién pasado 14 de febrero, “Día de la amistad”, de 2019. Fuimos compañeros de infortunio, disparates, riesgos, aciertos y con Manolo Morales Peralta, dueños de interminables conspiraciones contra la dictadura de los Somoza.

Fuimos, la Cuta (en primer lugar) y él, y Mercedes (en primer lugar ella) y yo, dos parejas que retaron a su época y que aún hoy continúan unidas, inseparables, a pesar de no pocos pesares, pues suma más lo que el corazón conserva para que no sea olvidado, que aquello que con gusto se olvida, para que no altere ese paraíso que es el corazón del uno por el otro ya que, como escribió el joven poeta y mártir, Ernesto Castillo Salaverry: “el olvido es peor que la muerte”.

La muerte, con esta concepción intemporal, se convirtió en un pasatiempo para doña Rosa Salaverry de Castillo, la Cuta nacional, cuando le escribí en Testimonio (1970-1972), publicación “por un cristianismo auténtico” que dirigimos Tito y yo, una larga carta sobre el papel aglutinador de la mujer en circunstancias de pobreza y represión, y su primordial sostén nuestro en nunca perder la esperanza de libertad e integridad. Eso nos ayudó invaluablemente a Tito y a mí, es decir, tener el respaldo de mujeres increíbles como la Cuta y Mercedes, lo que nos propició, decía antes que como pasatiempo de la Cuta, especular con una eternidad que nos permitiera sacar nuestras mecedoras a los frescos pasillos de nuestras tumbas en el cementerio de Granada, en alegres atardeceres coloquiales, para  recordar y no olvidar, todo esto que estoy diciendo, que confirma con propiedad que “hay más cosas en el cielo y en la tierra que la que nos permite soñar nuestra filosofía”.

Tengo en mis manos uno de los libros de Tito, “De ayer y de siempre”, y su dedicatoria es premonitoria, un retrato del hoy de pesadilla: “A Luis y Mercedes, cómplices y amigos, hermanos en alegrías y angustias. Que Dios los conserve libres y los proteja de maleficios y otras cochinadas de Nerones, Mesalinas, Nicolae Ceaucescu y Elena, y otras alimañas criollas.”

En su probablemente  último artículo, con el título de “Los héroes nunca dijeron que morían por la patria…” publicado en Confidencial del 23 de julio del 2018, conmemorando los 59 años de la masacre en León, afirma: “El 23 de julio se cumplirán 59 años de la masacre estudiantil en León. Entonces debió de comenzar el futuro, teniendo como antecedentes a los caídos en El Chaparral. Por eso, a todos cuantos en Nicaragua exigíamos libertad –lo cual equivalía a poner fin a la estirpe sangrienta de los Somoza- la masacre estudiantil perpetrada por la Guardia Nacional la tarde del 23 de julio de 1959, puso otra vez sobre el tapete de nuestra historia, la terrible disyuntiva entre lucha cívica y lucha armada. Hoy repetimos aquella historia, en la que los actuales autoconvocados seguimos apostando por la insurrección cívica, aun cuando nos estrellemos contra la soberbia y desmedida ambición de una pareja presidencial infinitamente cruel.”

“Los nicaragüenses estamos involucrados en el cambio hacia un orden más justo. Existe, inspirada en las encíclicas papales, la determinación de promover y obtener un cambio integral en todas nuestras estructuras, y para la pareja presidencial es inaceptable que la iglesia de Nicaragua esté consciente que ellos como iglesia, incluso a riesgo de que sus sacerdotes pierdan la vida, no puede abandonar a su pueblo en ningún momento. En la Populorum Progressio, Pablo VI resume lo anterior diciendo que “se trata de construir un mundo, donde la libertad no sea una palabra vana. Se trata de que todo hombre pueda ejercer su derecho de vivir una vida plenamente humana.”

En el libro de Tito, “Ensayos y opiniones sobre la realidad nicaragüense”, al final afirma algo que es un preciso complemento de lo anteriormente afirmado: “El FSLN, a pesar de los esfuerzos por construir una identidad ideológica…hoy proclama su “izquierda” con el fundamento del autoritarismo de un caudillo que persiste en levantar el puño izquierdo, aunque viva y se comporte como los políticos a quienes él mismo ubica en la derecha. Lo de izquierdas o derechas no solo es asunto de ideas, sino también de intereses y valoraciones…Dudé mucho en meterme en este asunto para evitar caer en academicismos políticos y filosóficos, porque creo que las torpezas de las izquierdas y las derechas, en una u otra forma, las combatirán todos aquellos que son víctimas de ellas; y eso es lo más importante. La era de los Ceaucescu y Somoza terminó sin que los pueblos se agotaran discutiendo sobre si las tiranías son de izquierda o derecha.”

Ociosa discusión para ver pasar entierros de patriotas, y eso si acaso. En la presentación que hice para este libro en la UCA, creo lograr una aproximación mayor al pensamiento de Tito, a través de Xabier Gorostiaga. Hace unos años, digo, “no podía imaginarme que otra iglesia católica por verdadera, como quienes dirigíamos Testimonio la concebíamos, podía ser posible. El papa Francisco, está  haciendo profética la esperanza de Gorostiaga: En este sentido, el inolvidable jesuita dice en un texto suyo incluido en este libro: “ Es posible (otro mundo), y lo vamos a hacer. Es decir, que no solo es posible, sino que es una necesidad y el gran reto es cómo, desde la gran diversidad, desde los distintos sectores se crea ese factor catalizador…No usando el poder de las armas, sino el poder de la ética y la fraternidad. Ése es el gran reto”.

Hasta hace poco han perseguido la bandera de nuestra patria. Han reprimido las manifestaciones con colores azules y blancos. Armas en ristre han perseguido y reventado chimbombas con colores patrios. Han encarcelado a estudiantes y toda clase de personas por creer en dos colores. Pero ayer me ocurrió algo extraño. Pasando por la Rotonda Rubén Darío, vi desplegada y ondeando con orgullo, una enorme bandera de nuestra patria. Esa misma, la bandera de los golpistas. Y confundido pensé en un diálogo de parte del gobierno “ilegal, ilícito e inexistente” que había dejado lugar a una hermosa realidad. Algo así, como demostrar que triunfó el gran reto, y que sustentado en ética y fraternidad, surge un mundo posible.


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