Opinión

Trump derrotado por CNN

La inquina del presidente Trump con los periodistas es de vieja data. Con propensión rencorosa Trump no ceja en su animadversión con ellos



CNN ha ganado la batalla contra la Casa Blanca.
La disputa legal ha llegado a su fin después de que la
Administración de Donald Trump reculara este lunes.
El País. Washington, 19 de noviembre 2018.

El aporte decisivo del filósofo francés barón de Montesquieu, fue postular que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, deben ser administrados y ejercidos por órganos de gobierno distintos, autónomos e independientes. Su doctrina trata de prevenir los abusos de poder. Para ello se requiere establecer pesos y contrapesos que eviten la concentración en una sola persona. Su predicamento constituye la base de todo régimen democrático; Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder”. La tentación autoritaria ha consistido históricamente en que una sola persona —en nuestra formación social, el caudillo— se apropie y ejerza un control absoluto sobre los diversos poderes del Estado. Un mal endémico en Nicaragua. Los caudillos han logrado sobrevivir en el tiempo. Nada se mueve sin su venia. A la manera de Luis XIV personifican el Estado, L’État, c’est moi.

La decisión del juez Timothy Kelly, nombrado para el cargo apenas hace un año por el presidente Donald Trump, de haber acogido la demanda interpuesta por CCN, exigiendo a la Casa Blanca la restitución temporal de la acreditación del periodista Jim Acosta, ratifica la independencia de actuaciones de los poderes Ejecutivo y Judicial en Estados Unidos. La resolución del juez Kelly manifiesta el alto predicado que guarda esa sociedad por la libertad de prensa consagrada en su Primera Enmienda. La inquina del presidente Trump con los periodistas es de vieja data. Comenzó desde los inicios de su campaña hacia la presidencia. Las desavenencias con Acosta y especialmente contra CNN surgieron desde 2016. Con propensión rencorosa Trump no ceja en su animadversión con ellos. La prensa, afirma, es enemiga del pueblo. Sigue sosteniendo que es una abanderada de los fakes news.

En lo más álgido de la investigación de la supuesta trama rusa para favorecerlo en sus deseos de conquistar la presidencia de Estados Unidos, Trump sugirió en twitter la posibilidad de suprimir las entrevistas de prensa. Una expresión que hizo aflorar su talante autoritario. Para entonces ya había emprendido su cruzada contra The New York Times y The Washington Post. La progresiva ola de mentiras que venía propalando sin recato motivaron a estos dos medios —con una gran reputación— desnudar sus falacias. Durante su primera conferencia de prensa en New York, una vez electo como presidente ninguneó a Jim Acosta. Le restregó en los ojos que CNN mentía de forma temeraria. Cinco meses después de asumir el cargo la situación empeoró. Subió el tono contra la cadena noticiosa internacional. Las diferencias entre Trump y CNN se volvieron irreconciliables cuando CNN se sumó a los desmentidos en su contra.

La independencia de poderes en Estados Unidos constituye un valladar para el presidente. No puede violar despóticamente las leyes. Una lección para tomarse muy en cuenta. CNN y Acosta pidieron la restitución inmediata del pase y a la vez demandaron que la Casa Blanca se abstuviera en el futuro de no volver a revocárselo. La cadena noticiosa argumentó que la decisión violaba la Primera y Quinta Enmienda. Uno de los alegatos de CNN fue que el servicio secreto puede expulsar a un periodista de esa sede solo que existiese una amenaza contra el presidente y su familia. No era ese el caso. El juez Kelly alegó que el retiro de la acreditación de Acosta la Casa Blanca violó el debido proceso. Una vez más el presidente Trump entró en contradicción con sus afirmaciones. Dijo que de ser electo presidente nunca expulsaría a los periodistas de la Casa Blanca. ¿Posee memoria muy corta?

En un país como Nicaragua que tiene como modelo al periodismo estadounidense, el apoyo de los demás medios de comunicación oponiéndose al retiro intempestivo del pase a casa presidencial del periodista de CNN, resulta francamente aleccionador. La posición de Fox News y The Wall Street Journal —ambos medios propiedad del magnate Rupert Murdoch— fue solidarizarse de inmediato con CNN. Más allá de la filiación conservadora de Fox New y de ser la cadena predilecta del presidente Trump, prevaleció la solidaridad gremial. CNN advirtió que era un problema que atañía a toda la prensa. Con toda lógica adujo que se trataba de un conflicto que rebasaba sus fronteras. La invitación a brindarle ayuda fue abierta y explícita. “Esto podría haberle ocurrido a cualquiera… Si no los desafiamos, las acciones de la Casa Blanca podrían crear un efecto peligroso para cualquier periodista”. Tenía sobradas razones para afirmarlo.

Las diferencias de enfoque, criterios, puntos de vista, preferencias partidarias y adscripciones ideológicas fueron pasadas por alto. Se impuso la condición de periodista de Acosta y el riesgo que suponía para la libertad de prensa que Trump sentase un precedente nefasto. El momento exigía cerrar filas. Prevaleció el enfoque gremial sobre cualquier otra consideración. La prensa estadounidense estaba más que persuadida de la gravedad de la situación. Jay Wallace, presidente de Fox News, expuso que aun cuando no aprobaban el tono antagónico tanto del presidente como de la prensa en recientes encuentros, apoyaban “una prensa libre, accesible, abierta al diálogo para el pueblo estadounidense”. La libertad de prensa se vería menguada si aceptaban los excesos de la Casa Blanca. La única alternativa era salir en su defensa y actuaron en consonancia con lo que correspondía hacer para evitar futuros tropiezos.

Las relaciones incómodas, complejas, difíciles y hasta contradictorias entre los gobernantes y la prensa, siempre van a existir. Los políticos son reacios a la crítica. No son partidarios que les midan las costillas. La dualidad de conducta salta a la vista en el caso del presidente Trump. Una era su actitud mientras estuvo en la llanura y gozó de la complacencia de las cadenas televisivas y otra a partir del momento que empezó a ser cuestionado y desmentido. La tesis esgrimida por la Casa Blanca de que CNN no perdía mayor cosa si se le retiraba la credencial a Acosta, debido a que contaba con más de una decena de sus periodistas acreditados, era totalmente inaceptable. La incomodidad de Trump con Acosta no podía zanjarse de la manera que optó la Casa Blanca. Es al medio y no al presidente a quien corresponde designar al periodista que se hará cargo de la cobertura de esa institución más allá de los deseos del mandatario.

Al presidente Trump no le basta hacer uso del Twitter de manera insidiosa, su deseo explícito ha sido tratar de saltarse a la prensa por siempre. A pesar del gusto que siente por los reflectores y el hecho de saberse el centro de gravitación de muchos medios —algo que repugna, reclama y deja sentado a los medios, Robert Woodward en su libro Miedo. Trump en la Casa Blanca, Editorial Roca, 2018— una de las mayores aspiraciones del presidente sigue siendo eludir a la prensa. Su temperamento no es propenso a los cuestionamientos mucho menos de abrirse al debate. El twitter le permite saltarse a los medios. Le confiere la oportunidad de irradiar su discurso obviando toda interferencia mediática. Es alérgico a los filtros que pone la prensa. Le resulta más cómodo alterar los nervios a medios y periodistas imponiendo su agenda, que sentirse obligado a responder lo que otros desean que diga. Él no esta para eso.

Es encomiable que los jueces de un país actúen con total independencia de las aspiraciones de un presidente que buscaba imponer cortapisas al comportamiento de los periodistas y al funcionamiento de la prensa. En Estados Unidos no es la primera vez que lo hacen. Cuando el presidente Trump se empecinó en sus poses xenófobos, jueces de distintos distritos ampararon a los migrantes. En la controversia Casa Blanca versus CNN y Jim Acosta se pronunciaron a favor de estos. La actitud asumida por la prensa estadounidense y el dictamen favorable del juez Kelly, fueron suficientemente disuasivos. El presidente captó lo que se le venía encima. Optó por la retirada. Capituló. No quiso exponerse a una sentencia definitiva adversa. El desgaste político iba a ser demasiado costoso para sus aspiraciones reeleccionistas. Era difícil que los jueces admitiesen que Trump violase impunemente la Primera Enmienda.