Opinión

Un año ya entre nosotros

Chontales

Durante los últimos años en Chontales han surgido numerosas revistas —síntoma saludable— dedicadas a los temas más disímiles.



“barrosos/blanquizcos/colorados/cuijos
chotos/guachos/guachíos/hoscos/mojosos
moros/negros-loros/overos/pintos/
pujaguas/requemados/y sardos.”
Guillermo Rothschuh Tablada
El Chontales literario de don Carlos A. Bravo

Durante los últimos años en Chontales han surgido numerosas revistas —síntoma saludable— dedicadas a los temas más disímiles. Con títulos sugestivos —Alerta, Nuestro Chontales, Más, Qué Tuani, Éxito, etc.— son una clara manifestación del empuje sociocultural que vive la provincia ganadera. En un país con poca tradición en la circulación de revistas, Chontales vive su apoteosis. Entre más amplio el número de revistas, mayores posibilidades de expresión para diversos actores sociales, religiosos, económicos, educativos y culturales. Un salto cualitativo en un departamento alérgico a este tipo de expresiones. ¿Persistirán en el tiempo? ¿Seguirán el mismo destino trágico que acompaña a su existencia precaria en el resto del país? ¡Ojalá que no! Se han transformado en catalizadores de una conciencia localista.

Al despuntar el segundo decenio del presente siglo, la Revista Éxito dio por inaugurada esta nueva etapa, comandada e impulsada por Zayda Zavala y Ferminando García. Con siete años de estar presente entre los chontaleños, también tiene el mayor número de ediciones. Marcan una nueva ruta. Dentro de esta misma corriente impetuosa apareció la revista Casta de Campeones, dedicada a informar y analizar —entre diferentes propuestas— dos actividades que han dado renombre a Chontales: la montadera y crianza de toros y el desarrollo equino. Los vínculos de Chontales con la ganadería se pierden en los anales del tiempo. La fama de su ganadería trasciende fronteras. El cronista Carlos A. Bravo tuvo el mérito de acuñar la frase: Chontales, donde sus ríos son de leche y sus piedras cuajadas. Nuestro símbolo de identidad.

Cuatro jóvenes profesionales, Lenin Flores, licenciado en Comunicación Social, Arturo Barbera, licenciado en Derecho, Alex Centeno, ingeniero en Telemática y Carlos Shiffman, ingeniero en Sistemas, tuvieron el acierto de aunar esfuerzos y conjugar pasiones, para dar vida a Casta de Campeones. Iniciativa más que necesaria. El impulso y promoción brindados a las fiestas patronales, le confieren un nuevo estatuto. Crearon la plataforma indispensable para conocer las ganaderías de mayor renombre en Chontales, los toros más famosos, los montadores más curtidos y los nombres de finqueros empecinados en mantener en alto la estafeta de Chontales, como el departamento de mayor tradición taurina de Nicaragua. Punto de partida y centro de convergencia de las montaderas de toros más famosas de Nicaragua.

Con una visión trascendente, su mirada se empina sobre el horizonte nacional. Casta de Campeones funciona como una aguja imantada. Epicentro de todo cuanto se hace en el ámbito taurino. A la vez que difunde conquistas y hazañas de criadores, montadores y toreros, sale en búsqueda de quienes se empeñan por realizar logros similares más allá del departamento de Chontales. Tienden un puente de doble vía. No por simple gratuidad viajaron fuera de Nicaragua, para estrechar lazos y efectuar un intercambio taurino con los costarricenses. Con idéntico interés hicieron una apología de Ulises Herrera, El Norteño, y realizan un homenaje a don Feliciano Aráuz, prominente criador de toros boaqueño. Casta de Campeones, teje la urdimbre que hermana a todos los actores de la fiesta brava. Junta vigores dispersos.

Salir fuera de Chontales para que otros conozcan la densidad de nuestro tejido ganadero y traer hacia nosotros, a quienes comparten los mismos sueños y esperanzas. Enorme escaparate donde se recrean experiencias ajenas a nuestro entorno. Al cumplir en diciembre de este año (2017), el primer año de su fundación, los jóvenes artífices de Casta de Campeones, deben hacer un balance de lo conseguido hasta ahora y proponerse nuevas metas. Los medios son grandes catalizadores y organizadores. Como animadores y forjadores de conciencia, Lenin, Arturo, Alex y Carlos, tienen que comprometer sus mejores luces, para que la tradición ganadera chontaleña se mantenga. Sin alteraciones ni falsificaciones. No ceder fácilmente a los cantos de sirena de la globalización. Mantenerse —dentro de lo que cabe— fieles a lo nuestro.

En Chontales y en toda Nicaragua, existen una gran cantidad de criadores de toros —especialmente los ganaderos aglutinados alrededor de la Asociación Nicaragüense de Espectáculos Taurinos (ANET)— llamados a mantener nuestras raíces. Entre más imitemos peor nos irá. La uniformidad nunca ha sido buena. Chontales deber marcar la diferencia. ¿Para qué viajar cienes o miles de kilómetros para presenciar un espectáculo similar al que ofrecen en México o Texas? Los más conscientes de esta realidad tienen que ser los impulsores de Casta de Campeones y los ganaderos chontaleños, boaqueños, matagalpinos y rivenses, solo para poner un ejemplo. Nadie, absolutamente nadie, quiere ver más de lo mismo. Toda imitación es plagio. Deben apuntarse a replicar lo estrictamente indispensable. Una verdad irrefutable.

Con la misma precisión que identifican los lugares donde se ubican las mejores plazas taurinas de Chontales —Santo Tomás, Villa Sandino y La Gateada— y señalan los municipios donde se asientan las peores —Juigalpa, Acoyapa y Santo Domingo— deben comprometerse a impulsar y llamar la atención acerca de la urgencia de convertir la Monumental Plaza Taurina, Vicente Hurtado Morales, Catarrán, en una plaza moderna, en cuyos bajos se construya por fin el Museo Taurino de Chontales. Una plaza digna y a las alturas de un departamento que rinde culto a las montaderas. Es increíble que hasta hoy carezcamos de un lugar donde se rinda homenaje a los toreros, toros, montadores y criadores de toros, más renombrados en la historia de la ganadería chontaleña. Un vacío que debe subsanarse cuanto antes.

Con el mismo afán que han empezado hacer un recuento de los toros más destacados en las diferentes montaderas efectuadas en Nicaragua y con el mismo orgullo que registran los nombres de los más afamados montadores del presente año, tienen que empecinarse y convencer a los criadores chontaleños, de la importancia de dejar testimonio de nuestra historia ganadera. Convencerse que la historia la forjan todos los implicados en este fenómeno. Mi padre se impuso la tarea —contando con el apoyo decidido de la Asociación Ganadera de Chontales (Asogacho), presidida en aquel momento por el ingeniero Rafael Martínez Rayo— que Julián N. Guerrero y Lolita Soriano, escribieran la Historia de la ganadería en Nicaragua, (1992). Un texto que urge actualizar y completar. Salvar las omisiones e incorporar a los ganaderos del presente.

Al segmento dedicado a proyectar la historia pasada y presente de nuestra ganadería, tiene que otorgársele atención prioritaria. No existe presente sin pasado, ni pasado sin futuro. No caigamos en las trampas de los posmodernistas. La incorporación que Casta de Campeones ha hecho de destacados ganaderos  —Adolfo Matus Morales, Cástulo González, Carmencita González Miranda, Pepe Matus, Ramón Laguna, Rafael Martínez Rayo, Avelino Martínez Rayo, Juan Carlos Valle, padre e hijo, Luis Rafael Martínez Suárez, Nelo Bravo, Javier Matus, Jader Matus, Nazer González, Dagoberto Morales, Ernesto y Raúl Ruiz, Domingo Herrera, Concho Taleno, Lauren González, Steven Álvarez, Ronald Aráuz, Orlando Bravo Noel Sevilla— debe alternarse con los fundadores de la ganadería chontaleña. Los llamados pioneros.

Casta de Campeones debe aspirar a convertirse en el epicentro de todo cuanto se haga y deje de hacer por el futuro de la ganadería chontaleña. Urge una voz crítica. Alejarse de la complacencia. No sacrificar ni dilapidar su prestigio. Jamás excederse en el elogio. Apegarse a lo estrictamente a la verdad. Entre más exigentes se muestren, mayores serán los beneficios. Asegurar la continuidad de una historia palpitante. Mito y realidad fundidos, en cuyo cruce participan por igual, los grandes hacendados como el más pobre de los montados. En Juigalpa continúa evocándose la figura de Rito Flores, el Toro, como la de Joaquín Calentura, bailador consagrado de la gigantona, y Chema Come Cuero, que sentía correr bajo sus venas, la misma pasión desbordante que embriaga a todos los chontaleños, cuando se habla de las montaderas de toros.