Confidencial

¿Un gabinete de guerra?

Este 23 de marzo el New York Times publicó un largo editorial que alerta contra el riesgo de guerra que representa la combinación de Mike Pompeo en la Secretaría de Estado y John Bolton como nuevo Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump. Entre ambos, sugiere este importante diario, podría armarse el escenario de una guerra propicia para un presidente con una legitimidad tan cuestionada.

Las guerras han funcionado, históricamente, como soluciones terribles y eficaces a los dilemas de la política doméstica de Estados Unidos. El nacionalismo norteamericano, amenazado en las últimas décadas por el ascenso del multiculturalismo, encuentra en las guerras un tonificador o un energizante, que refuerza momentáneamente el sentido de pertenencia a una misma comunidad.

Fue algo que sucedió en las dos últimas guerras del Golfo Pérsico, aunque mucho más claramente en la última, cuando el gobierno de George W. Bush combinó un pretexto de amenaza a la seguridad de Estados Unidos, por la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por el gobierno de Sadam Husein, con un proyecto de remoción de un régimen autoritario y construcción de una democracia en el Medio Oriente.

En aquel momento, tan delicado luego del ataque contra las Torres Gemelas, la guerra funcionó como recurso político y Bush aumentó rápidamente su popularidad, lo que aseguro su reelección en 2004. El Consejo Editorial del New York Times acierta al advertir el peligro de que dos funcionarios que respaldaron la guerra de Irak y que, en el caso de Bolton —quien ha servido en los últimos años como analista republicano de Fox News— todavía la justifican, ocupen las posiciones decisivas en materia de seguridad nacional.

En sectores de la derecha, el centro e, incluso, la izquierda de Estados Unidos, se consideran exagerados o alarmistas los editoriales del Times. La opinión conservadora piensa que esos textos forman parte de la permanente confrontación pública entre la prensa liberal y la presidencia de Donald Trump. La historia, sin embargo, pesa mucho, sobre todo, si se ha repetido tantas veces en el pasado reciente, al punto de describir un modus operandi de la política norteamericana en los dos últimos siglos.

Los diagnósticos menos graves apuntan a que Pompeo y Bolton, en vez de lanzarse a la guerra contra Corea del Norte o contra Irán, pondrán fin, definitivamente, al romance de Trump con Rusia. No es posible verificar esa hipótesis en tan pocos días: lo que sí se ha puesto en evidencia es que ambos funcionarios exponen abiertamente sus dudas sobre el acuerdo nuclear con Irán y con la idea de un encuentro entre Trump y Kim Jong-un, propuesta por el Secretario de Estado saliente, Rex Tillerson.

Tampoco hemos visto en días recientes un posicionamiento contundente de respaldo del nuevo gabinete de seguridad a Gran Bretaña, en medio de su disputa con Rusia, por las acusaciones contra el gobierno de Putin tras los asesinatos de Londres. Lo que hemos visto, justo cuando se renovaban los cargos del Secretario de Estado y del Asesor de Seguridad Nacional, es que Trump felicitaba a Putin por su nueva reelección en el Kremlin.

Lo que más inquieta a sectores de la opinión pública liberal en Estados Unidos es que tanto Pompeo, su sucesora en la CIA Gina Haspel, y Bolton, han sido fuertes partidarios del unilateralismo en la llamada “guerra contra el terror”. Si estos funcionarios transfieren la misma lógica al tratamiento de conflictos como los de Corea del Norte e Irán, el desastre puede estar a la vuelta de la esquina.

 

*Publicado originalmente en La Razón México.