Economía

Empresas de microfinanzas han brindado servicio a 6,300 estudiantes

Un préstamo para estudiar en la universidad

MiCrédito, Afodenic y Finde manejan cartera de US$ 8.3 millones con un bajísimo nivel de morosidad



Desde que volvieron a ofrecer el servicio en 2009, las tres empresas de microfinanzas que ofrecen créditos educativos han colocado unos 8.3 millones de dólares en beneficio de 6,300 estudiantes de todo el país.

“Managua concentra el mayor número de universidades, y aquí es donde está la mayor demanda, pero también en ciudades como Masaya, Granada y hasta Nueva Guinea. Tenemos un sistema en línea que nos permitió atender solicitudes de Estelí, por ejemplo”, detalla Francisco Montoya, director general de la Asociación para el Fomento al Desarrollo de Nicaragua (Afodenic).

Aunque esta empresa ofrece créditos para rubros como agua y saneamiento, microempresas, viviendas, mejora de viviendas (en 2007 construyeron la urbanización ‘Bosques de Juigalpan’, con recursos de la Fundación Barceló), a partir del 2009 comenzaron a ofrecer créditos a estudiantes, contando con fondos de la Fundación Vitana, radicada en Seattle.

“El microcrédito a estudiantes es muy importante. Cuando iniciamos, relativamente no había muchas organizaciones que tuvieran ese producto. Desde entonces hemos financiado a más de 5,000 estudiantes, y hemos canalizado más de 7 millones de dólares para este tema”, añade Montoya.

El director general de Afodenic también explica que a sus fuentes de financiamiento siempre les plantean la posibilidad de transferir fondos para financiar estudios, pensando en mantener y de ser posible, ampliar el crédito.

Aunque Afodenic fue la primera en ofrecer ese tipo de crédito en el presente siglo, la historia muestra que el pionero es Educrédito, que comenzó en 1964, beneficiando a más de 3,000 personas a lo largo de este tiempo, tal como lo detalla Donaldo Vanegas, gerente general del Fondo del Instituto Nicaragüense de Desarrollo (Finde).

Donaldo Vanegas, gerente general del Fondo del Instituto Nicaragüense de Desarrollo (Finde). Confidencial | Carlos Herrera

Vanegas explica que el programa desapareció en la década de los ochenta, a causa de la debacle económica en que se vio sumido el país, y no reapareció sino hasta en 2012, financiado con fondos de la institución.

“Desde que reiniciamos operaciones en 2012, Educrédito ha colocado unos 300,000 dólares en diferentes créditos educativos”, asegura Vanegas.

MiCrédito, la otra entidad de microfinanzas que también ofrece este tipo de créditos, ha colocado 1.2 millones  de dólares (el 10% de su cartera actual) entre 1,200 estudiantes, porque “todos sabemos que la educación es la base del progreso de un país”, recita Verónica Herrera, gerente general de esa empresa.

Mora cero

Obtener un préstamo educativo implica cumplir menos requisitos que un préstamo de tipo comercial, industrial, o productivo. La razón es que las empresas de microfinanzas entienden que los solicitantes tienen menos recursos y pocas posibilidades de ofrecer algo en garantía, más que su palabra.

Verónica Herrera, gerente general de MiCrédito. Confidencial | Carlos Herrera

Además, resulta que el solicitante no recibe el dinero, sino que cuando se cumplen los requisitos, la empresa emite un cheque a nombre de la universidad, lo que reduce casi a cero la posibilidad de que se le dé al dinero un uso distinto al que fue acordado.

Una opción es que el padre, madre o tutor se constituya en fiador del préstamo o directamente en beneficiario del mismo, siendo que en muchas ocasiones, es el padre el que paga la deuda.

La gerente Herrera explica que han observado que los jóvenes que reciben ese tipo de créditos desarrollan “un sentido de responsabilidad, de que tiene que pagar una obligación con una institución”. El resultado es que “no faltan a clase. Tienen el compromiso con su papá de no quedarle mal, y tienen ya pagada el resto de su universidad, de su curso, o lo que haya optado como crédito”.

Ese dato es clave para entender que si la mora de la industria de microcréditos es en general baja, la del crédito educativo es mínima. Nula. Casi inexistente.

Francisco Montoya, director general de la Asociación para el Fomento al Desarrollo de Nicaragua (Afodenic). Confidencial | Carlos Herrera

Estos clientes son excelentes pagadores. Son de los mejores. En el caso de MiCrédito, la morosidad está por debajo de 1% en este tipo de préstamo”, afirma Herrera.

“Cero por ciento. Es lo más interesante. Nadie se nos atrasa en los pagos, todo mundo prioriza su educación. Tenemos una mora del cero por ciento en este producto”, dijo por su parte Vanegas, de Finde.

Si la mora es más baja que el conjunto del sistema, también lo son las tasas de interés que se aplican a estos productos, comenzando por las de Afodenic, que comenzó en 10% anual, y se ha movido al 15%, “porque nuestras fuentes de financiamiento se han reducido, y estamos cubriendo este programa con recursos propios”, explicó Montoya.

En el caso de Educrédito, “todo nuestro portafolio de créditos educativos va del 9% al 18 % de interés anual”, señaló Vanegas. Finalmente, MiCrédito ofrece una tasa de interés de 1.66 % mensual sobre saldo. “Eso significa que es inferior a la que normalmente accede este tipo de estudiante”, remarcó Herrera.

Gema, la odontóloga

Gema Chávez aprovechó un préstamo estudiantil para pagar su curso de titulación y luego instaló su propia clínica de odontología. Confidencial | Carlos Herrera

Las empresas de microfinanzas que también ofrecen créditos educativos tienen muchas historias de éxito para compartir, tales como la del periodista Germán García, que recibió un crédito para pagar gastos de manutención en España, donde estudia una maestría en Crónica Deportiva.

O la de María Félix Estrada, que optó por buscar una segunda maestría con recursos de Educrédito, para especializarse en Fiscalidad Internacional, en el Centro de Estudios Garrigues, en España.

A nivel local, Confidencial conversó con Gema Chávez, que logró graduarse en odontología, gracias a un préstamo de MiCrédito.

Chávez recuerda que se vio obligada a buscar a esa institución de microfinanzas cuando llegó el momento de culminar sus estudios, y sus padres le dijeron que no tenían dinero para pagar el costo de su curso de titulación, a pesar que de todos modos, ella había logrado estudiar “becada por una fundación que me pagó la carrera, pero la fundación no daba para pagar el curso de titulación”.

La idea de recurrir a un préstamo que le permitiera culminar sus estudios, llegó cuando personal de MiCrédito visitó la universidad donde ella estudiaba, y les explicó cómo funcionaba su programa de créditos educativos. Si bien dudaba que fuera elegible para el programa, Chávez recuerda que decidió probar.

“No creo que me lo den, decía yo, pero al final, uno con probar no pierde nada. Fui, y me trataron bien. Me investigaron para ver si era cierta la información que había dado, y al final, me pudieron resolver mi problema. Pude pagar mi curso, pude terminarlo”, recuerda.

Cuando cesó la fiesta de birretes al aire, y se vio en casa con un título en odontología, pero no un sitio donde ejercer, decidió solicitar otro crédito a la misma institución “para empezar mi negocio. Puse una clínica. Necesitaba comprar materiales, instrumentos, y tuve que recurrir a otro préstamo”.

El resultado es que ahora tiene su propio consultorio, y “en mi carrera me siento realizada. Gracias a Dios, no le trabajo a nadie. Tengo mi propio negocio. Pienso ampliarme más y seguir estudiando, especializarme. Pero, si no hubiera sido gracias a estos préstamos, en realidad no hubiera podido llegar adonde estoy”, aseguró.

Massiel, la periodista

Massiel Solórzano, encargada de las relaciones públicas de Afodenic, logró concluir sus estudios con un préstamo estudiantil. Confidencial | Carlos Herrera

La periodista Massiel Solórzano, encargada de las relaciones públicas de Afodenic, tiene una historia parecida. Su realidad de ser una madre soltera y con dos hijos, apuntalaba su necesidad de superarse económicamente para ofrecer a sus hijos un mejor presente.

“Yo ya había concluido mis clases y necesitaba mi título. Un título le da a uno un alcance profesional. Te ayuda. Te abre muchísimas puertas. No es igual decir ‘soy una bachiller, estudiada’, a decir ‘soy egresada’. No es lo mismo”, explica.

Ella tuvo la ventaja de enterarse de la existencia de este tipo de producto financiero, gracias a que trabajaba en Afodenic. “Cuando entré a la empresa, supe que había créditos estudiantiles, y decidí endeudarme para poder tener mi título”, detalla.

Solórzano recuerda que hizo la solicitud, aclarando que si bien había facilidad para hacerlo, esa facilidad, y el trato que recibió como solicitante de un préstamo, fue igual al que recibe cualquier estudiante. Hizo sus cálculos, definió cuánto tendría que pagar mensualmente. Vio que podía esforzarse para pagar esa cantidad, y lo logró.

En el ámbito laboral, Solórzano se alegra porque la empresa le dio la oportunidad de crecer. “Estoy en el área de comunicación. Como soy egresada de periodismo, licenciada en periodismo, me dieron la oportunidad de crecer, y ahora tengo mayores ingresos”, relata con satisfacción.