Reporte ciudadano

Carta de los lectores

Una foto triste, aterradora, reveladora, repugnante

Daniel Ortega, su esposa Rosario Murillo, y el comandante revolucionario Víctor Tirado, durante minuto de silencio en acto del FSLN. EFE | Confidencial

A la vieja pregunta "¿justicia o democracia?" la respuesta solo puede ser: "¡Ambas!"



El 1 de mayo de 2018, el diario nicaragüense La Prensa publicó una fotografía que muestra todo el drama de la situación actual en Nicaragua. Muestra al veterano Comandante Víctor Tirado López del lado de Daniel Ortega y Rosario Murillo durante un minuto de silencio en la concentración gubernamental del día anterior contra las recientes protestas masivas en Nicaragua.

Triste …

Es triste ver a Víctor Tirado, uno de los últimos fundadores sobrevivientes del FSLN, asistir a un evento que contradice completamente toda su vida política y estilo de vida personal. De acuerdo con Andrés Tirado, su hijo, Ortega se aprovechó de la condición en que se encuentra su padre, que ya no está en plena posesión de sus facultades mentales, al subirlo a la tarima el 30 de abril durante el acto de conmemoración del día del Trabajador, que el mandatario utilizó para pronunciarse contra las protestas masivas que vive el país desde el 19 de abril. Tirado fue uno de los nueve Comandantes de la Revolución, que formaron el centro del poder de Nicaragua durante la revolución sandinista (1979 – 1990).

Se integró en la lucha de liberación del FSLN en 1963, especialmente en las zonas rurales, y participó en importantes acciones guerrilleras. Después del triunfo, se caracterizó sobre todo por el hecho de que no se colocó en el primer plano del poder ni cambió su estilo de vida modesto.
En innumerables discursos, en reuniones de empresas, de sindicatos, ante los trabajadores agrícolas y pequeños agricultores, trabajadores de la cultura, propietarios de pequeñas y medianas empresas, con la policía y en otras reuniones, destacó el carácter democrático de la revolución y subrayó la necesidad de que la base se activara y organizara. Él propagó el modelo sandinista como una nueva democracia en el Tercer Mundo. Después de la derrota electoral del FSLN en 1990, fue uno de los pocos de los Nueve Comandantes que no ha recibido ninguna propiedad nueva. Participó en la campaña para una democratización del FSLN y apoyó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS). Su hijo Andrés enfatizó que este evento fue totalmente contrario a sus principios y valores y que en circunstancias normales nunca habría participado.

… aterrador …

Son aterradores los trucos primitivos a los que recurre Ortega para ganar algo de decencia a través de la presencia de Víctor Tirado. Toda la construcción del poder de Ortega-Murillo se basa en un gran sistema de manipulación y también Víctor Tirado fue instrumentalizado para representar todo lo que la pareja presidencial no puede ofrecer: honestidad, humildad, rechazo de la búsqueda de poder personal, incorruptibilidad, lealtad a sus propios ideales, concordancia de la vida privada con los ideales políticos propagados, una profunda convicción de la necesidad de formas democráticas de organización y un tratamiento respetuoso de sus conciudadanos, especialmente hacia las mujeres.

Daniel Ortega participó en el asesinato de Gonzalo Lacayo, uno de los torturadores más crueles de Somoza, y robó un banco, por lo cual estuvo preso durante siete años en las cárceles de la dictadura. Pero, en contra de su autorretrato como gran líder guerrillero, nunca participó en una batalla de la guerrilla sandinista en la lucha de liberación. Desde su liberación en 1974 pasó –a excepción de unas pocas semanas que permaneció en Nicaragua para pulir su imagen entre los combatientes sandinistas– la mayor parte del tiempo muy tranquilo en la seguridad del santuario tico, como dijo un participante en la insurrección popular en Managua.

Cuando Ortega fue nombrado miembro de la Junta de Gobierno de la Reconstrucción Nacional después del triunfo de 1979, era un desconocido dentro y fuera de Nicaragua. Durante los diez años de la revolución sandinista, estuvo bajo cierto control de la Dirección Nacional del FSLN. Sin embargo, en su doble función como coordinador de la Junta de Gobierno (y desde 1984 como presidente) y coordinador del Dirección Nacional, fue capaz de asegurar un alto nivel de influencia.

Sin embargo, después de la derrota electoral del FSLN en 1990, comenzó su verdadero ascenso. No sólo se aseguró a sí mismo y a sus confidentes más cercanos la obtención de enormes propiedades. Además, a través de una combinación de chantajes y negociaciones con los representantes de la clase alta tradicional, con políticos liberales y conservadores, con la jerarquía católica y sectas protestantes, con los empresarios, con sindicatos fieles a él, con partidarios y opositores políticos se transformó paso a paso en un todopoderoso autócrata.  Controló las instituciones estatales del país y todas las decisiones económicas importantes, decidió sobre el otorgamiento de concesiones y exoneraciones, sobre la asignación de grandes proyectos, sobre la contratación de personal en la Administración Pública, en el poder judicial, en la policía y en el ejército, sobre la persecución o la amnistía de crímenes y de actividades de corrupción, e incluso sobre la interpretación y los cambios de la Constitución de Nicaragua. La autocracia y el abuso de poder no fueron, en ningún momento de su vida, parte del repertorio político de Víctor Tirado. ¿Qué grado de degradación moral tiene que tener una persona, para que en el momento de la más profunda crisis de confianza de toda su carrera política, coloque a su lado a un viejito que encarna en su persona todas las virtudes que él mismo ha pisoteado?

… revelador …

Revela por completo el aislamiento de Ortega, cuando tiene, en la tarima del 30 de abril, junto a él solamente por un lado a su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo y por el otro al anciano Comandante Tirado.

En la década de los años ochenta, los nueve Comandantes de la Revolución estaban juntos en las tarimas en todos los actos importantes. Con la creciente corrupción y la concentración del poder, esto se vio cada vez menos. Carlos Núñez y Tomás Borge han muerto. Henry Ruiz, Víctor Tirado y Luis Carrión se opusieron abiertamente a la autocracia de Ortega. Incluso su hermano Humberto, quien se había enriquecido considerablemente al vender la maquinaria de guerra del Ejército Sandinista después de 1990, criticó las políticas represivas del presidente.

Jaime Wheelock, uno de los grandes ganadores del traspaso del gobierno a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro en 1990 y que hasta la actualidad ha mantenido una buena relación con Daniel Ortega, se expresó claramente en contra de la represión de los manifestantes por parte de las fuerzas estatales y otros grupos armados.

Hasta el último de los nueve Comandantes, Bayardo Arce, quien todavía es el oficial asesor económico del gobierno, criticó explícitamente la política represiva de Ortega.

Pero para dar un soplo de credibilidad al cuento de que el régimen actual es la continuación de la revolución sandinista de los años 80, tiene que atraer a su viejo compañero Víctor Tirado para estar en la tarima junto a él, porque ya no encuentra a nadie más que esté dispuesto a presentarse junto a él.

Por otro lado está Rosario Murillo, que compró su posición en el poder, largamente anhelada, traicionando a su hija Zoilamérica Narváez, que fue objeto de abusos sexuales desde su infancia y durante veinte años por su padrastro Daniel Ortega. Murillo sustituyó las estructuras del partido sandinista por camarillas personales, destituyó de sus puestos a muchos de los combatientes históricos del FSLN, colocó y destituyó alcaldes a su antojo y convirtió la Juventud Sandinista a una pandilla armada para intimidar y oprimir a la población, siendo sospechosa de haber matado a sangre fría a docenas de jóvenes que participaban en las protestas.

… repugnante

Como si todo esto no fuera suficiente, la pareja gobernante no puede pensar en nada mejor que vender todas sus hazañas en nombre del cristianismo, la solidaridad y el socialismo.

Es simplemente repugnante, cómo Ortega y Murillo decoran su política de enriquecimiento personal, la corrupción, la manipulación, la doble moral, la privación de derechos y la represión, abuso del poder, la abolición de todas las normas básicas institucionales, la violación permanente de los derechos humanos, la sangrienta represión de su propio pueblo, la concentración absoluta del poder y el resultante auto-aislamiento por miedo a la gente con consignas absolutamente contrarias a su forma de actuar.

En cualquier sistema legal que funcione razonablemente, una persona con la historia de Daniel Ortega estaría en la cárcel y estaría obligado a someterse a una terapia psiquiátrica. No es así en Nicaragua. Allí, el abuso de niñas es una ofensa trivial. Que no se aplique la ley a los ricos y poderosos es algo natural. Juana Méndez, la mujer que falló a favor de Ortega declarando proscrito el delito del abuso sexual de su hijastra, fue premiada por ello con una magistratura en la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua – ¡qué denominación más cínica para esta institución!

Ahora escuchamos a gente de la seudo-izquierda –o completamente ignorante– argumentar, en defensa del sistema dictatorial de Ortega, que también ha tenido cierto éxito, por ejemplo, en la política de energía e infraestructuras o en la educación y en el sistema de salud. Pero de esta manera se está usando el mismo método y argumento con el cual se justificó el régimen asesino de Stalin por el éxito económico de la Unión Soviética o el fascismo de Hitler en Alemania por la construcción de las carreteras.

Mejoras sociales conseguidas por medios dictatoriales no son progreso. Una democracia liberal que ignora las demandas de la justicia social no proporciona una solución a los principales problemas del mundo de hoy. A la vieja pregunta “¿justicia o democracia?” la respuesta solo puede ser: “¡Ambas!”