Opinión

Una mirada necesaria

Los directivos recién electos de la UPN han roto el silencio que se había autoimpuesto la organización.



Año y medio después de haber llegado al poder el comandante Ortega se produjeron las primeras desavenencias entre medios, periodistas y gobierno. Para demostrar hasta dónde estaba dispuesto llegar, al primero en pasar factura fue al comentarista político Jaime Arellano. Ante la persistencia de sus cuestionamientos cotidianos fue clausurado su programa El 10 en la Nación. Una clara manifestación de intolerancia política. Arellano trasladó su programa de opinión a Canal 2, de donde fue echado nuevamente por decisión de los dueños de este canal. Adujo que “primó el temor por las presuntas amenazas del gobierno del presidente Ortega de no renovar el permiso de operaciones de la televisora si el programa continuaba en el aire”. El miedo no era infundado. A Televicentro Canal 2 su licencia de operaciones se le vencía en enero 2009.

Las elecciones de autoridades municipales (Noviembre 2008) fueron catalizadoras de choques entre militantes sandinistas y fuerzas opositoras. El fraude electoral condujo a las calles a centenares de personas a protestar por la forma irregular que condujo la contienda el Consejo Supremo Electoral. En la ciudad de León, simpatizantes del partido de gobierno, encapuchados, con armas de fuego, garrotes y morteros, penetraron a las instalaciones de Radio Darío destruyendo sus equipos. Su fundador-propietario, Juan Toruño Calderón, juzgó convencido —como el resto de nicaragüenses— que lo ocurrido era “un acto terrorista, un acto infame, cuyo objetivo es callar y ponerle una mordaza a la libertad de expresión.” Tres radioemisoras quedaron fuera del aire. Un acto vandálico que ahondó las diferencias entre medios, periodistas y gobierno.

Un año después de estas elecciones —en septiembre de 2009— fue constituido el Foro de Periodistas Sandinistas (FPS), que implicó un retroceso significativo en la profesionalización, repitiéndose la historia de la división y polarización gremial. Debido a las restricciones impuestas por el somocismo en materia de libertades públicas, los periodistas en Nicaragua se partieron en dos bandos. Una minoría se identificaba con el régimen dinástico y la inmensa mayoría se definía como opositora al somocismo. La situación de enfrentamiento político al régimen que vivía Nicaragua marcó la creación de la Unión de Periodistas de Nicaragua en Granada (UPN), el 1 de marzo de 1978. El 19 de octubre de 1981, fue fundada la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN), con el propósito expreso de oponerse al sandinismo. La creación de FPS produjo reacciones adversas.

Muchos de los que cuestionaron al FPS venían del sandinismo y fueron los primeros en criticar su creación. El periodista y académico Guillermo Cortés Domínguez manifestó, que “el gremio de periodistas debe ser uno solo, sólido y fuerte alrededor de sus principios éticos, técnicos y profesionales y de sus objetivos gremiales”. Todavía agregó “los calificativos nos distinguirían claramente unos de otros, nos diferenciarían a lo lejos, nos dividirían más de lo que estamos, y quizás nos enfrentarían. ¿Esto es lo que quiere la cúpula del Frente? A partir de la aparición del FPS la división entre el periodismo nicaragüense fue más marcada. Los debates en los medios evidenciaban que el sandinismo gobernante concebía al gremio “en dos grupos opuestos de periodistas: el de los leales a su partido, que son los buenos; y los demás, que son los malos”.

El tono, gravedad e intensidad del nuevo desencuentro entre los periodistas nicaragüenses, resulta visible a través de las polémicas surgidas desde entonces. Para tener una idea clara basta leer los titulares derivados del encontronazo: ¿Periodistas independientes o agitadores partidarios? Realizan foro para periodistas oficialistas. Aunque a muchos les duela, somos periodistas sandinistas. Periodismo-Nicaragua: El retorno a las trincheras. Periodistas contra periodistas. Periodistas sandinistas contra la dictadura mediática. Periodistas Sandinistas: Pueblo demostró gigantesco apoyo al FSLN. Los dirigentes del partido en el poder habían logrado su propósito. Nada ha sido igual a partir de aquel momento entre los periodistas nicaragüenses. El gobierno además de provocar la división se lanzó a cooptar y encuadrar bajo sus orientaciones al Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN) y a la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN).

Cortés Domínguez, con una larga y solvente trayectoria de lucha dentro del periodismo nicaragüense, planteó los resultados a los que conducía la división gremial. Como miembro fundador de la UPN, estaba convencido que la organización había caído “en manos de una directiva cuyos miembros más bien parecen ser voceros del presidente Daniel Ortega que representantes de los periodistas”. Un proceso idéntico vivía el CPN. El problema para Cortés Domínguez no es que fueran proclives de cualquier corriente partidaria. El inconveniente obedecía que habiendo asumido responsabilidades en una organización gremial, su labor debía estar encaminada a proteger y responder a los intereses de los periodistas “y no a ningún partido político”.

Como prueba de la polarización existente directivos del CPN decidieron la expulsión de varios periodistas críticos del gobierno. Las desavenencias y la discriminación para quienes no se mostraban afines a sus políticas alcanzaron al país. Parte de la estrategia sandinista ha consistido en controlar al CPN y a la UPN. El CPN jamás ha sido capaz de salir en defensa frontal de sus agremiados las veces que han sido víctimas de agresiones físicas. Como dejó establecido en su momento el periodista matagalpino Sergio Simpson “… de nuevo, el periodismo se encuentra en una lucha partidaria discriminatoria, que daña la integridad no sólo de sus colegas sino del resto de personas que piensan diferente, o presentan una propuesta no coincidente con las directrices partidarias oficiales u opositoras. Sin sentirme víctima, una muestra de la discriminación que conduce a la represión es mi expulsión del Colegio de Periodistas de Nicaragua, sin haber cometido ninguna falta que lo ameritara sino por mis argumentos”.

Contrario a lo que podría suponerse, las agresiones físicas contra periodistas continúan y alcanzan hasta el presente. Acción 10 Noticias 12 y La Prensa reportaron en sus audiciones del miércoles 16 de julio y en su edición impresa del 17 julio 2014 los ataques propinados por grupos de motorizados portando banderas del partido gobernante, contra la periodista Jeaneth Obando y el camarógrafo Javier Castro “al momento de brindar cobertura a una protesta que mantenían un grupo de personas frente al Consejo Supremo Electoral contra el gobierno de Daniel Ortega”. Los periodistas de Canal 12 únicamente cumplían su labor captando imágenes de “las agresiones físicas de la cual era víctima el joven protestante Byron Rivas a quien además le fue sustraída una cámara fotográfica”. El fotoperiodista de La Prensa Manuel Esquivel resultó igualmente agredido al tratar de evitar que la cámara de Canal 12 fuese destruida con un bate de madera.

El entonces presidente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN), Juan de la Cruz Rodríguez repudió y condenó esta agresión. Igual suerte había corrido días antes Edgardo Trejos, periodista de TV Noticias (Canal 2), cuando entrevistaba a Héctor Almendarez en las cercanías del Ministerio de Salud. ¿Qué hacer para parar las agresiones? A Trejos le echaron encima una camioneta propiedad de la institución gubernamental. Ante la inoperancia de las organizaciones gremiales algunos periodistas reclamaron por estos hechos ante la Policía Nacional. Durante su intervención hicieron entrega al jefe de Relaciones Públicas, Comisionado Mayor Fernando Borge, de un pronunciamiento de repudio. En el documento detallaron los nombres de periodistas agredidos por miembros de la institución policial y personas motorizadas identificadas con el FSLN.

Los directivos recién electos de la UPN han roto el silencio que se había autoimpuesto la organización. Lo hizo a raíz de las agresiones sufridas por los periodistas que daban cobertura a las protestas políticas y ciudadanas frente al Consejo Supremo Electoral. La Policía Nacional arremetió contra los manifestantes el miércoles 8 de julio de 2015, rompió las cámaras de los periodistas Jorge Torres del diario La Prensa y Esteban Félix de la Agencia Internacional de noticias AP y agredió físicamente a los periodistas de Radio Corporación Moisés Julián Castillo y Larry Sevilla.

La directiva en pleno de la UPN se sintió obligada a pronunciarse. Es la primera vez que en ocho años y seis meses de estar exactamente en el poder el Comandante Ortega, que una organización gremial afín al gobierno, protesta y condena la agresión sufrida por sus pares. De manera categórica expresan que “lamenta y censura los hechos sucedidos el pasado 8 de julio en curso, donde periodistas y reporteros gráficos fueron violentados por la Policía Nacional donde ejercían su labor de informar, mismo que es un derecho constitucional. La condena adquiere un mayor valor debido a que entre los firmantes figuran miembros de los Foro de Periodistas Sandinistas. La actuación de los directivos de UPN no tuvo mayor eco. ¿A qué se debería? Una pregunta en busca de respuesta.