Nación

Especial | Opinión: Carlos F. Chamorro sobre la rebelión de abril

Una ruta de salida a la crisis nacional

Nicaragua

Ortega empuja a Nicaragua al borde del colapso económico y el aislamiento internacional, mientras la rebelión demanda una salida pacífica



21 de septiembre

La ruta del cambio y la democracia

El verdadero cambio comienza con el desmontaje de las estructuras de la dictadura y el fin de la impunidad, después de la salida de Ortega del poder

Rebelión
Un joven durante una manifestación contra el Gobierno de Daniel Ortega, el 15 de septiembre, en Managua. EFE | Confidencial

“Vamos ganando”, corea la gente en las calles, y en efecto se puede palpar en el ambiente la derrota estratégica del presidente Daniel Ortega como Jefe Supremo de la represión. Su fracaso radica en que después de haber perpetrado el peor baño de sangre en la historia nacional en tiempos de paz, lo único que le puede ofrecer al país es la amenaza de seguir en el poder como un dictador temido y sanguinario. Pero la posibilidad de llegar a 2021 representa un escenario cada vez menos viable para Ortega, no solo porque pese a la represión la protesta cívica se mantiene viva, como una llama que crece y nunca se apaga, sino porque la crisis política que estalló el 18 de abril se ha convertido ya en una crisis económica que a su vez está incubando una crisis social, que también acarrea consecuencias políticas.

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25 de noviembre

La renuncia de Ortega-Murillo y la transición

Ortega manda, pero ya no gobierna el país; tampoco representa una opción viable para negociar una transición política, pacífica y constitucional

Universitarios
Marcha de los universitarios, en el Día del Estudiante. Carlos Herrera | Confidencial

Al imponer un patrón de negación e impunidad sobre la masacre, Ortega ha liquidado cualquier posibilidad de convivencia y entendimiento nacional; al eliminar las bases la confianza nacional, ha provocado la peor crisis económica de los últimos 40 años; y al empujarnos hacia el aislamiento total y la condena internacional, ha expuesto al país ante inminentes sanciones políticas y económicas, que podrían acelerar el agravamiento de la crisis económica en los próximos meses. En una palabra, el mandato de su presidencia está agotado: ya no gobierna, y también se agotó su tiempo como un interlocutor viable para negociar la transición política. Ahora la única salida posible, pacífica y constitucional, pasa por la renuncia de Ortega y Murillo lo más pronto posible.
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7 de diciembre

Tres efectos de las sanciones contra Ortega

Murillo y el fin de la sucesión dinástica; la falacia del “gallo pinto” ante el colapso económico; los empresarios y la oportunidad democrática

El presidente Daniel Ortega junto a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, durante la inauguración del paso a desnivel Las Piedrecitas, en Managua. EFE/Jorge Torres

Después del shock inicial causado por el efecto sorpresa, las sanciones impuestas por el Gobierno y el Senado de Estados Unidos contra la dictadura de Daniel Ortega están provocando un temblor político de alta intensidad en el búnker de El Carmen. Las consecuencias de esta triple sanción —el decreto de Trump, el castigo a la cogobernante Murillo y al operador número uno del poder, y la ley del Congreso que condicionará al Gobierno el acceso a nuevos préstamos de los organismos multilaterales de crédito— impactarán de forma directa en el esquema de dominio que Ortega mantiene en el Frente Sandinista, el Ejército y los poderes del Estado; e indirectamente en el sector privado y los grandes empresarios, en sus relaciones con el poder.
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Lea las tres entregas previas de este especial:
I: La rebelión de abril y la matanza de Ortega
II: Los dilemas de una revolución pacífica
III: La represión, el golpe de Ortega y la impunidad