Emergencia Coronavirus

“Uno cree que va a salir muerto”: Así sobreviven a la covid-19 los nicas en Costa Rica

En la zona urbana costarricense, migrantes y refugiados se contagian porque no pueden quedarse en casa y porque viven en hacinamiento

En un pequeño apartamento en el segundo piso de una casa de láminas de zinc troqueladas, ubicado en una de las zonas más populosas de San José, Costa Rica, viven Marvin Alberto Rocha, de 51 años, su esposa Olivia, sus hijas Liz y Lais, y su yerno. 

Esta familia nicaragüense, originaria de Jinotepe, Carazo, desde hace dos años se exilió en Costa Rica por la persecución política que el Gobierno de Daniel Ortega desató en 2018 en contra de manifestantes que demandaban el cese de la represión estatal y su salida del poder.

La familia Rocha se involucró en protestas, barricadas y acciones de resistencia ciudadana, pero tuvieron que cruzar por “puntos ciegos” de la frontera, por temor a ser detenidos y apresados en la Operación Limpieza, ejecutada el ocho de julio en ese departamento y que consistió en brutales ataques de paramilitares que con armas de guerra desmantelaron los tranques.

Los primeros 20 meses fueron muy difíciles. Al llegar a San José, dormían en el famoso Parque La Merced, luego en el porche de una casa donde les daban posada por las noches, y comían en la Casa Hogar María Auxiliadora.

Marvin Rocha y su hija Liz. Ambos se contagiaron de covid-19, al igual que el resto de su familia. Cumplieron todas las reglas de prevención, pero no podían quedarse en casa. // Foto: Cindy Regidor

Liz Rocha, hija de Marvin, cuenta que fue su mamá la primera en obtener un trabajo fijo, sus hermanos y su papá tenían oficios provisionales. Eso les facilitó alquilar un lugar donde vivir y desde hace más de un año viven en La Libertad 2, un barrio del distrito de Pavas en San José.

A inicios de este año estaban más establecidos, en febrero habían emprendido un negocio de nacatamales llamado Nacas Nicas, que estaba teniendo buena aceptación, hasta que llegó la covid-19.

Las cuarentenas de los Rocha

Los Rocha Gutiérrez fueron parte de las cifras de contagiados con el coronavirus en agosto de este año. “Fue primero mi mamá, con dolor de cabeza, dolores de espalda… nosotros compartimos con ella, mi papá la abrazaba y ahí fue donde lo adquirió y yo igual”, cuenta la joven.

Su hermana Lais fue la siguiente en presentar síntomas, dolores de cabeza, fiebre y dificultad para respirar. El único que no presentó síntomas fue su cuñado.

“Guardamos dos cuarentenas, desde que mi mamá se enfermó tuvimos la primera cuarentena y después tuvimos que internar a mi papa en el hospital y ahí tuvimos otra… un mes sin salir a trabajar”.

Marvin incluso estuvo en la Unidad de Cuidados Intensivos durante 12 días por su delicado estado de salud. “Lloraba mucho y le pedía a Dios también, porque ahí la fe de uno se prueba, al mirar salir los muertos diario, uno cree que también va a salir muerto”, expresa emocionado.

“Acá en casa era un ambiente de luto, porque mi papá estaba en Fase 3, se le inflamaron los órganos y no podía respirar. Pensábamos que nos llamarían para decirnos, ‘vengan a reconocer el cuerpo’”, continúa Liz. 

Yahaira Bonilla también temió por la vida de un familiar. Migró hace más de 21 años a Costa Rica junto con su esposo y sus hijos en busca de oportunidades laborales y mayor estabilidad económica y al igual que los Rocha viven en Pavas, en el barrio Lomas del Río. “Mi esposo lo tuvo, pero gracias a Dios se curó… Él llega contagiado de su trabajo y a raíz de eso lo mandaron a cuarentena”. Por fortuna, logró recuperarse en casa, comenta. 

Yahaira Bonilla es migrante nicaragüense. Su esposo se contagió de covid-19 en el lugar de trabajo. // Foto: Katherine Estrada.

Los contagios en los migrantes

Tras un manejo ejemplar de la pandemia de coronavirus, con los contagios bajo control en los primeros meses, Costa Rica atraviesa hoy una segunda ola de contagios de covid-19 que preocupa a sus habitantes. Las autoridades de salud temen la pronta saturación de su sistema sanitario, por lo que hacen el llamado a la población a cumplir con las medidas higiénicas y preventivas.

Del total de contagiados, el 20% corresponde a casos de personas extranjeras, entre ellos, hay nicaragüenses, que son la mayoría de esta población residente en Costa Rica

En junio hubo brotes en la zona norte, donde los nicas trabajan en labores agrícolas. Seguido, hubo un aumento de contagios en zonas urbanas altamente pobladas, donde residen los migrantes. Para julio, la cantidad de extranjeros con coronavirus correspondía a una tercera parte de la población contagiada, explica el investigador social y especialista en temas de Migración en América Latina, Carlos Sandoval. 

Pavas, entre alerta naranja y roja

Pavas es uno de los distritos con más casos registrados de covid-19 en Costa Rica, por lo que se mantiene entre alerta roja y naranja, es decir con mayores restricciones de movilidad dictadas por las autoridades. Esta zona está poblada por una gran cantidad de nicaragüenses que se han visto afectados por la pandemia, como los Rocha y el esposo de Yahaira. 

A finales de junio se realizó un testeo masivo en esta zona de la capital para determinar si había transmisión comunitaria. En el tamizaje participó la nicaragüense Nora Cruz, supervisora de Enfermería en la Clínica Pavas de Coopesalud. Ella ha trabajado en primera línea en la crisis sanitaria en Costa Rica y da seguimiento a los casos positivos. 

Cruz migró a Costa Rica hace 17 años. Había estudiado Licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, y vino con el objetivo de trabajar en su carrera en el vecino país. Hoy está orgullosa de formar parte del sistema de salud pública.

Nora Cruz, enfermera nicaragüense radicada en Costa Rica. //Foto: Cindy Regidor

“El seguro social no deja por fuera a las personas. Los niños son atendidos en su totalidad sin importar nacionalidad o si tienen seguro o no… Ahora con el covid las personas pueden consultar, ser valoradas, llevar su tratamiento como si fuera una persona costarricense” expresa explica. 

“El Ministerio de Salud creo que está siendo bastante responsable, realmente no hay queja, no están tomando en cuenta si este es residente o no es residente, si es extranjero o no es extranjero” agradece Marvin. 

El hacinamiento y el virus 

Según un censo realizado por la Organización Techo Costa Rica en 2018, el 52% de los nicas vive en hacinamiento. Se trata de una condición que les hace más vulnerables ante la pandemia. 

La Caja Costarricense de Seguridad Social (CCSS) detectó en julio que las zonas precarias alojaban la mayoría de enfermos de covid-19.

Los testeos realizados en zonas capitalinas como Alajuelita, La Carpio, Pavas y Desamparados, donde existen muchos precarios, identificaron un número considerable de casos positivos, según el presidente ejecutivo de la CCSS, Román Macaya. 

“Las condiciones de vivienda de las personas que viven en precarios son preocupantes. En este contexto los sectores vulnerables lo son más aún y, entre ellos, la comunidad nicaragüense que vive con nosotros”, comenta Sandoval.

Así lo confirma Cruz, que indica que más allá de ciertas patologías y enfermedades crónicas, otra vulnerabilidad ante el covid-19 es vivir en hacinamiento, contrario al distanciamiento que muchas familias no pueden practicar en las llamadas cuarterías, que son espacios pequeños, en su mayoría sin división, donde habita un número considerable de personas. 

“¿Cómo se iba a aislar la primera persona que tuvo el virus? Usamos el mismo baño, estamos en el mismo entorno, no podíamos guardar ese aislamiento”, expresa Liz.

A pesar de las condiciones en que se vive dentro de los precarios, las familias nicaragüenses acatan las medidas higiénicas y de prevención. “Tomamos muy en serio las medidas, antes y después de ser afectados. Aquí en la casa usando el alcohol, el cloro para desinfectar, lavando las manos, la mascarilla, la careta… La única regla que no podíamos cumplir era no salir de casa, porque teníamos obligaciones acá, no tenemos casa propia, teníamos que salir a buscar en qué trabajar”, añade Marvin.

“Nosotros mantuvimos medidas higiénicas, el que entraba y salía (llevaba) su alcohol en gel, el que entraba a la casa se bañaba, se cambiaba de ropa, directo a la lavadora, cambio de zapatos, todo, nunca faltaba la mascarilla”, dice Yahaira.

Impacto en la economía de los migrantes nicas

La pandemia ha incrementado el desempleo que alcanza el 24% de la población en Costa Rica. Los nicaragüenses han sido de los más afectados, ya que ejercen trabajos informales, en que les reducen los pagos y horarios, otros perdieron su empleo. 

Antes de contagiarse, Marvin hacía trabajos temporales en construcción, pero no volvieron a contratarlo.

“A mí me costó encontrar trabajo cuando venimos. Estuve trabajando por un año en una empresa encuestadora, pero con lo de la pandemia me despidieron” indica Liz.

Yahaira dice que luego de la cuarentena y de haber superado el virus, a su esposo ya no lo volvieron a llamar del trabajo y la empresa cerró.

Las personas migrantes indocumentadas no son elegibles para el bono Proteger, una ayuda económica que el Gobierno ofrece a residentes y nacionales en Costa Rica que perdieron su trabajo en medio de la pandemia. 

Muchos buscan apoyo a través de asociaciones de solidaridad, empresas privadas o emprenden negocios. Yahaira, por ejemplo, teje y vende blusas, hace pasteles, cosas de horno para otros nicas que le hacen pedidos para distintas celebraciones. Los Rocha, por su parte, han retomado Nacas Nicas y venden los nacatamales que preparan semanalmente.

Atrasos en los procesos legales migratorios

Las personas migrantes y solicitantes de refugio que se han visto afectadas por la postergación de los trámites legales migratorios debido a la pandemia.

“Nosotros estamos con solicitud de refugio, lo de la covid lo ha venido a aplazar todo. Ahorita tengo vencido mi carnet laboral”, cuenta Liz.

A Yahaira pronto se le vencerá su documento de residente. “Tengo residencia permanente, pero tengo que ir a Nicaragua a traer un documento para obtener la renovación, pero no puedo ir por la pandemia y no tengo los 150 dólares para pagar la entrada”.

Se refiere a la prueba de covid-19 con resultado negativo que exige el Gobierno de Nicaragua, incluso a los ciudadanos nicaragüenses. El Gobierno costarricense, entre tanto, aunque no exige la prueba a sus ciudadanos ni a sus residentes, aún no abre las fronteras terrestres, por lo que solo podría regresar en un vuelo comercial, privado o de repatriación.   

El coronavirus y la xenofobia

La xenofobia hacia los nicaragüenses se ha exacerbado en medio de la pandemia. “La xenofobia tampoco es nueva acá y la pandemia ha vuelto el escenario aún más complejo”, asegura Sandoval.

“Se ha vuelto difícil conseguir trabajo y apoyo, ya que nos dicen que nosotros traemos el virus”, expresa Yahaira. “Las personas no nos dan trabajo pensando que uno tiene covid, y mas si dicen ‘vienen de Pavas’, ahí empieza la discriminación… tienen miedo que uno llegue con el virus a las casas”, agrega.

“Yo me pregunto porqué en Costa Rica hacen la diferenciación entre casos de coronavirus en nacionales y en extranjeros… eso es como darle espacio a la discriminación. Los medios alimentan eso, porque ellos mencionan ‘los extranjeros aquí, los extranjeros allá’, le dan lugar a la duda, a que los ticos piensen que son los nicas”, apunta Liz.

Cruz aclara que el virus no discrimina. “Le puede dar a un costarricense como a un extranjero, a un profesional como un obrero de la construcción, y el hecho está en que todos los contagiados tienen diferentes perfiles, diferentes trabajos”, añade.

Para Sandoval, es importante reconocer la interdependencia entre las comunidades nicaragüense y costarricense, es decir, reconocer los aportes de una a otra y que ambas se necesitan entre sí. Recuerda, además, la importancia de comprender que estamos unidos por el territorio y más importante aún, por la economía y por las familias.

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