Nación

Horas de terror: "Las personas venían con heridas de bala en el pecho, en los muslos, uno murió"

Upoli, bastión universitario inquebrantable

“Exigimos que se vaya el gobierno actual y tener por fin unas elecciones libres, transparentes", dicen estudiantes que elevan su protesta cívica



Al caer el sol de la tarde, la monumental marcha de rechazo a la gestión del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo llegó al bastión universitario que todavía no ha podido ser quebrado por la represión: la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli). Decenas de miles de personas se agolparon sobre la calle que en los días anteriores ha sido escenario de enfrentamientos entre los universitarios, antimotines y turbas para rendir homenaje a los jóvenes asesinados.

El respaldo popular al ahínco de los estudiantes atrincherados fue una bocanada de fuerza y oxigeno moral para los jóvenes, quienes la noche de este domingo sufrieron de nueva cuenta la asonada de las balas. Una noche trágica que dejó un muerto, tres heridos de gravedad y decenas de heridos más, según el párroco de la zona, Mykel Monterrey. Ataviado en la sotana negra bajo el sol odioso de las once de la mañana, el sacerdote caminaba rápido sobre la calle que más tarde sería ocupada por miles de ciudadanos. A su paso pateaba las piedras que los estudiantes han usado para defenderse. Su rostro denotaba preocupación.

“La Upoli no es un cuartel ni nada por el estilo. La Upoli es un hospital. Tienen comida, insumos… Los policías dispararon… El disparo de uno de los jóvenes era en la columna. No podía ni hablar. Había gente infiltrada y no se sabia quién era quién”, describió Monterrey la jornada violenta del domingo.

Confidencial visitó la mañana del lunes la Upoli. Las barricadas de adoquines en las inmediaciones de la universidad en la Villa Rafaela Herrera y el resto de flancos seguían en pie. Las bombas molotov estaban listas para el siguiente enfrentamiento con los antimotines. Estudiantes patrullaban la entrada principal de la Upoli con recelo. Cualquier motorizado que pasara era obligado a quitarse el casco para determinar si no se trataba de agentes del partido sandinista.

Las barricadas de los estudiantes con bombas molotov. Wilfredo Miranda | Confidencial

El ingreso a la Upoli era todavía más complejo. Los universitarios dijeron tener suficientes razones para estar paranoicos: La noche del domingo sacaron del recinto a “un infiltrado” que portaba una arma hechiza. Tampoco quieren a medios de comunicación. “Mienten, esos medios del gobierno hijos de putas mienten y nosotros no somos vagos”, aseguró Carlos Antonio López de 22 años y estudiante de Diseño Gráfico.

López es flaco. Su corpulencia no es capaz de aguantar la arremetida de un antimotín y su escudo. Pero aquí está resguardando el portón de esta universidad que en las afueras ha sido zona de combate, y adentro hospital improvisado y reserva de víveres.

López es uno de los pocos jóvenes que no teme en dar su nombre. El resto usa seudónimos. Los medios independientes y algunos internacionales son los únicos que pueden entrar a la Upoli con ciertas restricciones. La más importante: Nada de grabar rostros descubiertos. Hay mucha tensión entre todos. ¿Viene la policía? ¿Caen las turbas? Hay que estar preparados en todo momento. En el Gimnasio-Auditorio Hilda y Armando Guido son recibidos y ordenados los víveres que la población les dona. Montañas de botellas de agua y comida enlatada. “Solo estamos pidiendo comida enlatada porque nos pueden envenenar”, advierte ‘Él Águila’, un estudiante que se declara sandinista, pero en descontento con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Logramos ingresar al puesto médico tras una negociación con otros líderes. Adentro, solo quedan vestigios del caos de la noche del domingo. Víveres aún desacomodados, camillas improvisadas con puertas y pupitres, basureras con gasas y utensilios médicos repletos, y el cansancio mezclado con ánimo de la juventud.

Han dispuesto aulas para observación médica, primeros auxilios y cirugía para sacar las balas. Decenas de estudiantes de medicinas montan en el turno. Sus rostros yacen detrás de las mascarillas y al recordar el ataque policial enfurecen.

“Las personas venían con heridas de bala en el pecho, en los muslos. Lamentablemente un compañero falleció. Cuando estaba herido la policía no dejaba que lo sacáramos. Tratamos de sacarlo en un vehículo particular, pero no nos dejaron. Hasta que vinieron las ambulancias lo logramos sacar de la Upoli. Otras personas fueron heridas con menos gravedad. En el abdomen y piernas”, describe el doctor González, un joven estudiante de cuarto año de medicina.

Las otras muchachas son paramédicas. Cuando la policía abrió fuego, ellas quisieron huir. Pero recordaron que iban a haber heridos, así como los días anteriores. Debían quedarse. “No pudimos dormir en toda la noche”, relata una de ellas.

Sus demandas

A eso de las 11:50 de la noche del domingo, el presidente del Consejo Nacional de Universidades (CNU), ingresó a la Upoli de incógnito. Los jóvenes lo recibieron y rechazaron dialogar con él mientras eran baleados. Aunque Talavera dijo que fue secuestrado, lo más importante para ‘El Águila’ es que Talavera llegó a “infiltrarse para ver quién manda aquí”.

“Pero aquí no manda nadie, manda la población. El pueblo quiere cambio, quiere paz pero con cambio: Que no esté Daniel Ortega y la Rosario Murillo en el poder. Que todos los ladrones ministros y diputados que se nos han robado el dinero del pueblo al INSS se vayan”, resume ‘Él Aguila’.

Además, el cese a la represión es pedido por los estudiantes. Ellos aseguran que no dejaran la universidad hasta que la justicia por sus compañeros asesinados sea efectiva. “No queremos diálogo porque con esto (‘El Aguila’ en seña casquillos de bala) no se puede dialogar”, enfatizó el universitario.

“Exigimos que se vaya el gobierno actual y tener por fin unas elecciones libres, transparentes, en el cual ninguna empresa guiada por el gobierno participe de forma escondida. Este gobierno no es nada cristiano y socialista si nos tira a matar”, agrega otro de los encapuchados, que parte de la resistencia universitaria al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Al caer el sol de la tarde, su lucha sería respaldada por decenas de miles de nicaragüenses.