Opinion

¿Vale la pena #nobotarelvoto?

"Exigir la personería jurídica" puede motivar y aglutinar más a los ciudadanos que la estrategia de "no hay por quién votar"

Una parte de la oposición nicaragüense insiste en solicitar la personería jurídica que les permitiría participar en futuros procesos electorales. De inmediato se vienen las acusaciones de complicidad, o de debilidad, más la implicación de que solicitar personería jurídica es agachar la cabeza ante el autoritario de turno y su camada, de que es una claudicación no solo política, sino moral.

Yo no tengo más vela en este entierro que el sueño (¿ingenuo?) de una Nicaragua libre y próspera, y no puedo poner al fuego mis manos acerca de las motivaciones personales de quienes participan en ninguno de los bandos de estas controversias. Pero cualesquiera que sean esas motivaciones, me parece (¿ingenuo?) que exigir “personería jurídica” no está del todo reñido con exigir elecciones libres, ni con exigir instituciones limpias, ni con exigir que no se reprima a los ciudadanos opositores.

Si el régimen deniega la solicitud, que corran ellos el costo político.

Y si la aprueba, pues que aprovechen los demócratas, los reformadores, el espacio para avanzar su lucha cívica.

Porque de ganar espacios se trata siempre. Ceder los espacios es ceder los derechos. Cederlos en la Asamblea o en los medios o en la calle o internacionalmente es hacer un daño a la causa de la democracia y el progreso sostenible de Nicaragua.

Yo además especulo que “exigir la personería jurídica”, o sea, “reivindicar el derecho de los ciudadanos a votar por el partido que escojan”, y no del menú de la fritanga orteguista, puede motivar y aglutinar más a los ciudadanos que la estrategia de “no hay por quién votar”.

¡Que sea el régimen el que les quite el voto! ¡Que no sean los ciudadanos los que renuncien a él!

Y ya se sabe que el proceso es corrupto, pero si de lo que se trata es de movilizar a la ciudadanía para limpiarlo, me parece que el “no hay por quién votar” no basta, no funciona. ¿¡Alguien tiene un ejemplo de lo contrario!?

Hay un problema de coordinación y un problema de encubrimiento. Encubrir la ausencia de votantes va a ser relativamente fácil para una organización como el movimiento orteguista, con estructura nacional, recursos y capacidad de coerción, inclusive para limitar el acceso de los periodistas.

Coordinar a los ciudadanos para que se ausenten ese día en proporciones muy superiores a lo normal, para que de hecho produzcan la imagen que los #yonobotomivoto pretenden (centros de votación vacíos, cero entusiasmo, cero participación) también va a ser un enorme reto, precisamente porque el régimen tiene una considerable capacidad de movilización.

En cualquier caso lo que más debe preocupar a los demócratas no es la “imagen” de un pueblo ausente de las elecciones, sino que los ciudadanos se movilicen para hacer avanzar la democracia, y me temo que el lema de “no hay por quién votar” los deja sin una bandera visible, inmediata, realista que seguir.

¿Qué alternativa pueden proponer los abstencionistas a la ciudadanía? La “insurrección cívica” de que algunos hablan–porque por supuesto que la violencia debe evitarse, punto–es una fantasía, ya que por más indignados que estén los ciudadanos más politizados, se requiere mucho más y muchos más.

¿Salir a protestar pacíficamente a las calles? Perfecto. ¿Pero a exigir qué?¿Qué, que sea una meta al menos en principio alcanzable, que sea además, o especialmente, un derecho amenazado o conculcado? ¡No van a “exigir la renuncia” de Ortega y Murillo, ni la renuncia de ambos a la candidatura! Más valdría exigir lluvia en semana santa o exigir el desarme de todos los ejércitos. Nobles peticiones, pero claramente ilusorias.

Y si van a la calle nada más a ventilar la furia de una minoría democrática militante, por más admirable que esa minoría sea desde un punto de vista ético, va a seguir siendo una minoría insuficiente mientras no logre que muchas más personas re-evalúen su cálculo de beneficios potenciales contra costos reales e inmediatos.

…Pero bueno, en esas estamos, en este 2016. Más de 35 años han pasado desde el fin de la anterior eternidad, y aún la caravana pasa.

*El autor es economista.

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