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¿Vender activos INSS? Un respiro, no solución

La venta de los activos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), para enfrentar el problema de insolvencia al que se encamina esa entidad, será no solo una propuesta, sino una obligación ineludible si es que no se hace nada más, asegura el economista Adolfo Acevedo.

La idea de sacar esos activos a venta es del asesor presidencial para temas económicos, Bayardo Arce, quien la sugirió como una medida para enfrentar la crisis del INSS.

Arce se refiere a los títulos nacionales e internacionales que el Instituto ha comprado, pero también, a parte de la cartera de inversiones, como los US$90 millones desembolsados para financiar la tasa de interés que los bancos cobran a quienes contratan un préstamo para adquirir una vivienda de interés social.

“Si todo sigue igual, el INSS se vería forzado a liquidar sus inversiones financieras para poder seguir cubriendo sus obligaciones… mientras pueda”, terció Acevedo.

El experto recuerda que “el INSS ha invertido en activos, incluyendo varios edificios, y tendrá que ir liquidando algunas inversiones (dependiendo de cuales sean las más rentables) para convertirlas en activos líquidos que le permitan enfrentar el déficit”.

“Esta no es ninguna solución. Si acaso, le dará un respiro por un año más o algo así”, advirtió recordando que la venta de activos resuelve un problema de liquidez, pero “el problema del INSS no es de liquidez, sino de insolvencia”.

Por su parte, Róger Murillo, especializado en temas de seguridad social, dijo que “[Bayardo] Arce siempre está desinformado”, recomendando “analizar muy seriamente la situación del INSS”, dado que, a su juicio, la recomendada no es una opción viable, si la idea es buscar soluciones siquiera duraderas a mediano plazo.

Si el INSS vende sus activos resolverá sus problemas por un corto tiempo para luego volver al mismo problema. Es como que una familia tenga un problema económico y venda el carro para enfrentarlo. Cuando se le acabe el dinero, venderá el refrigerador. Luego el televisor, y así. En vez de eso, hay que buscar soluciones permanentes”, aseguró en declaraciones recientes a Confidencial.

Acevedo también cree que deben revisarse los gastos administrativos, pero va mas allá, señalando que la solución de fondo es “transformar la economía”, generando más empleos que sean más productivos, y cambiando la tendencia, de modo que haya más empleo ‘formal’, que ‘informal’.

El economista reconoce que esos cambios estructurales no ocurren de la noche a la mañana, y por eso menciona las otras acciones que se pueden emprender para enfrentar el problema, comenzando por “transparentar” las cuentas del Instituto.

Ello permitiría no solo que los ciudadanos puedan hacer uso de su derecho de fiscalizar como se administra su dinero, sino que los expertos podrían hacer propuestas más pertinentes y “para no especular”, al conocer todos los datos, no como ocurre en este momento en que “solo el FMI tiene todos los datos”, reclamó Acevedo.

Entre las opciones que sí se pueden acometer a corto y mediano plazo, menciona la de quitarle al Instituto muchas ‘cargas’ que no son suyas, tal como el pago a las víctimas de guerra, las pensiones mínimas, las reducidas, y el Programa del Adulto Mayor, todos los cuales deberían ser financiados por el Estado, como parte de su responsabilidad social.

El problema era conocido desde hace una década

Economistas como Adolfo Acevedo llevan muchos años advirtiendo que si no se corrige el rumbo del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), la institución entraría en insolvencia en algún momento entre 2017 y 2024.

Los cálculos presentados por los expertos del Fondo Monetario Internacional muestran que eso ocurrirá antes. Quizás tan pronto como 2019.

“Desde el 2006 se sabía que el INSS sería insolvente en el 2019, y eso que el cálculo se hizo suponiendo que solo se destinaba un 6% para gastos de administración (no el 14%), y que las inversiones tenían un rendimiento adecuado”, aseguró Acevedo.

A pesar que el Instituto recibió ingresos por C$22,591 millones en 2016 (y casi C$42,000 millones si se le añaden los de 2015), la insolvencia está a la vuelta de la esquina, dada la magnitud de sus gastos, que desde hace cuatro años son más altos que sus ingresos.

No es la primera vez que Arce opina sobre la crisis del INSS. A mediados de mayo, Arce declaró que el Fondo Monetario Internacional (FMI) sugirió entre varias medidas para enfrentar la crisis del INSS el aumento de la edad de jubilación (de 60 a 65 años) y la duplicación de las semanas cotizadas (de 750 a 1,500) y que el gobierno de Daniel Ortega no descartaba ninguna de las recomendaciones.

Poco después, el Ejecutivo descalificó las opiniones del asesor económico. El presidente del INSS, Roberto López, intervino para negar que el gobierno de Nicaragua estuviera analizando la posibilidad de aplicar las dos polémicas recomendaciones.

Hasta ahora, sin embargo, el gobierno no ha presentado una salida a la crisis del INSS, mientras que economistas como Acevedo aseguran que una reforma es inevitable, pero ésta debe abordarse de forma inclusiva, con representantes legítimos de los pensionados y cotizantes, y que además debe partir de la necesidad de garantizar una institución profesional, autónoma y transparente.